Ana María Elías: la compositora fronteriza que le canta al amor, al dolor y a los migrantes

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Nogales, Arizona. – Entre dos Nogales, el de Sonora y el de Arizona, vive y compone Ana María Elías, una mujer que ha hecho de sus vivencias una fuente inagotable de inspiración. Originaria de Nogales, Sonora, y ahora residente del lado estadounidense, ha encontrado en la música un refugio, una catarsis y una forma de resistencia. Sus letras, nacidas de la vida misma, recorren desde el amor más íntimo hasta las injusticias que enfrentan los migrantes en la frontera.

Poeta de la experiencia, compositora del corazón, Ana María ha aprendido a traducir su vida en versos. Una línea divisoria la separa de su país natal, pero no de sus raíces ni de su historia. En ese territorio liminal, entre muros físicos y emociones profundas, ha encontrado su voz.

“Soy una compositora que nací en Nogales, Sonora, y por circunstancias de la vida me naturalicé. Ahora vivo en Nogales, Arizona”, dice con la serenidad de quien ha sabido transformarse a ambos lados del muro.

Desde muy pequeña sintió la necesidad de escribir. En la escuela primaria comenzó a llenar cuadernos como una forma de desahogo. A esa edad no sabía que lo que escribía era poesía; solo sentía la urgencia de liberar lo que llevaba dentro. Guardó esos escritos por años, en silencio, como lo hacen muchos artistas que temen mostrar su lado más vulnerable. “Es como quedar al aire libre… quedas expuesto.”

Fue hasta 2002 cuando decidió sacar esos textos del cajón. Poco a poco, sus palabras encontraron melodía, y sus pensamientos se transformaron en canciones. Lo que comenzó como consuelo terminó convirtiéndose en su mayor fuerza. “Las letritas son mi mejor compañía”, confiesa con una sonrisa que trasciende la distancia.

Arte: Daniel Robles.

Escribir como salvación

Ana María ha atravesado momentos profundamente dolorosos. La fibrosis quística, una enfermedad rara y devastadora, golpeó a su familia al afectar a dos de sus hijos. Uno de ellos, Memo, lamentablemente perdió la vida. Su hija Mariana logró sobrevivir gracias a un doble trasplante de hígado y pulmones. Aquellos años estuvieron marcados por la angustia, el miedo y la pérdida, dejando una huella imborrable en su corazón. Sin embargo, en medio del dolor, encontró una luz: la creatividad.

“El dolor que me causaba la enfermedad de mis hijos lo pude plasmar en cuadernos. Me di cuenta de que estaba componiendo: tenía rima, tenía todo. Con una guitarra le ponía una baladita… y era mi desahogo.”

Así, entre lágrimas y melodías, Ana María convirtió el sufrimiento en arte, y el amor por sus hijos en canciones que sanan. Su historia es testimonio del poder curativo de la expresión, de cómo las palabras pueden sostenernos cuando todo parece derrumbarse.

Del amor a la frontera

Aunque muchas de sus canciones hablan del amor en sus múltiples formas, en los últimos años su mirada se ha dirigido hacia otro tipo de amor: el amor por su gente, por sus raíces, por los migrantes. Vivir en la frontera, donde la realidad migratoria es cotidiana y dolorosa, la ha sensibilizado profundamente.

“Cuando veo una injusticia, en lugar de comentarla en el café, la escribo en mi cuadernito. No me tengo que disculpar con nadie, y me siento tranquila porque con el tiempo ese poema va a salir a la luz.”

En Nogales, Ana María observa lo que muchos prefieren ignorar: las caravanas de sueños, los muros que dividen familias, los abrazos detenidos por una reja. Esa realidad no solo la inspira, también la conmueve. En sus letras da voz a quienes no siempre pueden hablar.

Una compositora de frontera

Ana María no busca fama ni reflectores. Escribe porque lo necesita, porque así respira. Sus canciones no nacen de un estudio, sino de la vida misma. “Todo lo que he compuesto ha sido básicamente un desahogo”, afirma. Quizás por eso sus letras resuenan con tanta fuerza: porque son honestas, porque nacen del alma.

Vivir entre dos países le ha dado una perspectiva única. En Nogales no hay norte sin sur: todo está entrelazado. Y Ana María, con su cuaderno en mano y su guitarra cercana —la misma que le regaló su padre cuando apenas descubría el arte musical—, es una de esas voces que unen lo que la política separa.

Su historia es un recordatorio de que el arte puede sanar, acompañar, denunciar y celebrar. En tiempos en los que las fronteras se endurecen, mujeres como Ana María Elías nos recuerdan que la sensibilidad también es resistencia. Que escribir, en medio del caos, es también una forma de luchar.

“Empecé en la primaria. Era un desahogo”, cuenta Ana María, recordando sus primeros escritos, guardados por años en silencio. Como muchas personas creativas, temía mostrar sus sentimientos más íntimos. “Es como quedar al aire libre… quedas expuesto”. Fue hasta el año 2002 cuando decidió dejar salir esos versos del cajón. Pronto, sus poemas encontraron melodía, y sus pensamientos se convirtieron en canciones.

En los últimos años, esa voz se ha volcado hacia un tema que toca su realidad cotidiana: la migración. Su más reciente tema ‘Duele’ así lo refleja, nació de ver el dolor de los migrante en las caravanas, del sufrimiento que viven para llegar a encontrarse con el frío muro fronterizo. Vivir en Nogales, Arizona, una ciudad partida por un muro pero unida por lazos culturales y familiares, le ha permitido observar de cerca el drama diario de quienes cruzan, sueñan o se quedan en el camino. “Cuando veo una injusticia, en vez de comentarlo en el café, lo escribo en mi cuadernito… No me tengo que disculpar con nadie, y me quedo tranquila porque con el tiempo ese poema va a salir a la luz.”

Para Ana María Elías, escribir es resistir. Es tender un puente entre el dolor y la esperanza. Con cada letra, deja constancia de que incluso en medio de la adversidad, hay belleza, verdad y fuerza.


Poema
El obrero en construcción

Por: Ana María Elías – 2002

Hoy observaba detenidamente
Al obrero en construcción
Puro extranjero definitivamente
Latinos para no hacer omisión 

Observaba que diferente
Los compatriotas se comportan
Delante de otra gente
Disciplinados y nada exigentes

Los miraba como trabajaban
Lentamente y ordenados
Nadie tenía flojera
Parecían de otra era

En equipo todos se entendían
Nadie paraba , nadie discutía
Ni tampoco el tiempo perdían
Trabajaban lo que les correspondía 

El idioma no era el problema
Solo el color y el emblema
De la piel de moreno dorado
Qué identifica al mojado indocumentado

Todo esto me causó una sensación
De coraje y rebelión
Al pensar que en su región 
Podrían trabajar también en construcción 

A ellos , no los movió el dinero
Sino el hambre y la agonía
De no poder llevar a su mesa
El pan de cada día 

No tenían porque dejar sus países
Y olvidar sus raíces
Para adoptar cicatrices
De migrantes con otros matices

Los culpables, los mandatarios 
Y nosotros por dejarnos a diario
Por no luchar nuestra convicción 
Y no ponernos en acción

Despertemos, somos solo presas
De políticos racistas
Que atacan de sorpresa
Con cara de pacifistas

El idioma no es el problema
Solo el color y el Emblema
De la piel de Moreno dorado 
Que identifica al mojado indocumentado

Hoy yo te invito
A que gires tu verdad
Y des ese grito
Que regala Libertad.

Arte: Daniel Robles

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Plumas invitadas de Conecta Arizona

Autor(a)

Paula Díaz es una periodista con más de 20 años de experiencia, especializada en inmigración, derechos humanos y justicia social en Estados Unidos, enfocándose en las comunidades latinoamericanas. A lo largo de su carrera, ha documentado numerosas historias de familias que buscan a sus seres queridos desaparecidos en la frontera sur de EE.UU., brindando una mirada profunda a los desafíos que enfrentan los migrantes. Su trabajo de investigación resalta problemas urgentes en la migración y ha dado lugar a iniciativas como su sitio web Migrantesdesaparecidos.com.

Ha trabajado en importantes medios de comunicación como Voice of America, donde cubrió la Casa Blanca y el Congreso, y en Univision-Arizona como Gerente de Contenidos Digitales. También ha colaborado con Telemundo, EFEy otros medios en EE.UU. y América Latina. Inició su carrera en EE.UU. como reportera para la edición en español de Los Angeles Times y ha sido corresponsal de El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica en El Salvador. Nacida en Colombia, emigró a Los Ángeles en 2001 y posee una licenciatura en periodismo de la Universidad Autónoma de Cali, además de una maestría en Periodismo Bilingüe de la Universidad de Arizona.