“Pagué mis partos en Estados Unidos y tengo miedo de perder mi visa”

Linda Jiménez es una mujer sonorense que cruzó un par de ocasiones la frontera de Estados Unidos para tener a sus hijos allá. Las recomendaciones de otras mujeres de su familia, de sus amigas y conocidas y el instinto de que tendría mejor atención que en México la llevaron a tomar esta decisión.
Sus hijos ya son mayores de edad y tienen el beneficio de la ciudadanía, de la doble nacionalidad, la estadounidense y la mexicana; de esta manera se cumplió otro de sus objetivos, el de buscar mejores oportunidades para sus vidas.
No obstante, cuando cruzó la frontera con visa de turista y contrató un plan de atención en el Tucson Medical Center, hace más de quince años, no imaginó que enfrentaría el temor de perder su visa cada vez que intente viajar a Estados Unidos, con o sin sus hijos, por ordenanzas federales.
La entrevistada compartió con Conecta Arizona que toda su familia radica en Estados Unidos con estatus legal, por lo que le pareció algo muy normal buscar su apoyo, compañía y atención médica para que sus hijos nacieran allá.

“Yo no soy de allá, pero pagué todo: el hospital, el ginecólogo, el anestesiólogo. Todo, todo, todo te cobran, en el TMC, así se llama”.
Recordó que había una oficina especial par mexicanas que quisieran tener a su bebé en ese hospital de Arizona; ahí coincidía con mujeres de Agua Prieta, de Navojoa, de Ciudad Obregón y de Hermosillo.
“Todo el tiempo crucé embarazada y nunca me decían nada, no preguntaban”, recordó que iba con la confianza de que estaba haciendo todo de manera legal, pagando por un servicio como extranjera y con la conciencia tranquila de que no estaba pidiendo ayuda del gobierno estadounidense.
Yo sé que muchas mujeres han ido así, que pedían ayuda luego de que cruzaban y tenían a sus hijos, a los que les dicen “bebés Walmart”. Con este término se acostumbra referirse a los niños cuyas madres cruzan la frontera de Estados Unidos con el objetivo de que sus hijos nazcan allá.
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Reiteró que en ninguno de sus embarazos le preguntaron por qué motivo visitaba los Estados Unidos y que quizás eso sea porque el acceso al país es a criterio del agente fronterizo, pero ella no contemplaba ocultar la respuesta de que iba porque contrató el servicio médico para que sus hijos nacieran en Arizona.
Antes de que sus hijos nacieran allá, había perdido a un primer bebé y tenía mucho miedo, por lo que no dudó en buscar un lugar donde tuviera la seguridad de una atención médica buena y oportuna, además de que podría obtener el beneficio de la doble nacionalidad y las oportunidades a futuro para los hijos que tuviera.
Compartió que su proceso fue “normal”, como con cualquier otro ciudadano estadounidense: se contrata el servicio del hospital, te dan opciones de doctores y cuando nace el bebé, ahí mismo lo registran y “luego ya tu vas ahí a las oficinas a sacar el acta de nacimiento, normal. Fue sencillo, muy sencillo”.
En el tiempo que pagó estos servicios, su inversión sería de alrededor de 5 mil dólares.

¿Qué ha cambiado?

Se le preguntó a la entrevistada su opinión sobre los cambios que hay en la actualidad respecto a lo que se conoce como “turismo de parto” y las posibilidades que hay ahora para que otras mujeres puedan ir a Estados Unidos para tener a sus hijos. Dijo que, en su tiempo, conoció a muchas mujeres que iban y lo hacían; que es algo muy común cuando la frontera está cerca, y más si, por ejemplo, las familias viven en ciudades en las que el cruce está a pocos kilómetros y es algo común ir a la escuela, a las compras o a realizar actividades de esparcimiento “al otro lado”.
Aunque pagó por el servicio y no se quedó a vivir en Estados Unidos, asegura que sí tiene miedo de que la cuestionen por los derechos que tienen sus hijos y le retiren a ella la visa.
Las medidas que se están aplicando por parte del gobierno de Trump, sobre este asunto, señaló que le parecen muy extremas. “Sobre todo porque le están dando la autoridad al agente que está en la pasada para que te quite o te deje la visa”.
Agregó que podría ser un factor de suerte o de criterio lo que defina que siga conservando este documento que le valió para que sus hijos sean ciudadanos estadounidenses.
“No me imagino cómo están haciéndole las familias cuyos integrantes cruzan a diario para ir a la escuela o a trabajar, por ejemplo. No sé cómo les pueda estar afectando”.
Linda dijo que no ha conocido a nadie a quién le hayan retirado la visa por esta situación, menos si tienen hijos “ya grandes”, como en su caso, pero el temor existe.
“A mí sí me da miedo, porque yo tengo todo en orden, lo hice todo en regla, pero sí, sí me preocupa que me quieran requerir la visa”.
Sus hijos, comentó, piensan que ojalá no pase, porque “sería muy mala onda que me quitaran la visa a mí o a su papá”.
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