A 11 años del derrame de la mina Buenavista del Cobre, las injusticias de salud y ambientales prevalecen en el Río Sonora
La doctora Reyna Castro Longoria, quien ha participado como activista e investigadora en esta región afectada por el desastre ecológico provocado por Grupo México, asegura que los impactos en la salud continúan

Han transcurrido once años del derrame de 40 mil litros cúbicos de sulfato de cobre acidulado, así como de otros metales y tóxicos de la mina Buenavista del Cobre, propiedad de Grupo México, en Cananea, que afectaron la vida de siete poblaciones en el trayecto de los ríos Bacanuchi y Sonora.
El 6 de agosto de 2014 la vida cambió para alrededor de 22 mil personas. A más de una década, los problemas de salud, principalmente, continúan presentándose y desarrollándose en la otrora próspera región.
A propósito de este tema, Conecta Arizona conversó con la investigadora y activista ambientalista Reyna Castro Longoria, quien reflexiona sobre cómo se puede concebir que no se ha atendido lo que fue una emergencia tras este desastre ambiental.
“Es un tanto de injusticia ambiental… Sigue prevaleciendo la injusticia ambiental”.

Lo poco que se hizo con aquel fideicomiso ni siquiera fue una aspirina, dijo, porque se estuvo tratando, primero de posicionar una promesa de 15 años de monitoreos, de estudios, de llevar la cuestión de la salud humana en atención. En 2017, se clausura todo tipo de atención a los habitantes que salieron con problemas de salud, que fueron detectados en su momento y que son irrefutables, porque salieron contaminados con metales pesados en el cuerpo.
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¿Usted tiene cifras de las personas que han enfermado y que han fallecido a raíz de este evento?
Esa es una de las preguntas que actualmente no tiene una respuesta directa, porque no se han llevado a cabo esas valoraciones, ni de la morbilidad ni de la mortalidad, ni de qué tipo de enfermedades presentaron. Solamente es a través de las expresiones de las mismas personas, que padecen de todo tipo de enfermedades.
Estamos en una cuenca teóricamente saludable, porque están directamente en contacto con la naturaleza, pero la naturaleza quedó dañada. Y quedó dañada e impactó a todos los organismos; estoy hablando desde plantas hasta lo humano. Quedó marcado por un hecho en donde los niveles de exposición estuvieron insospechados.
“¿De qué quedaron contaminadas estas personas?, de metales pesados como arsénico, plomo, cadmio, cobre, aluminio, fierro”.
Y, en un organismo, una mezcla de estos contaminantes, lo que ha hecho es deterioro a todos los niveles de salud. Hay enfermedades desde los huesos, órganos vitales, pulmón, hígado, vaso, vesícula, páncreas y deriva en cáncer, hasta cáncer de cerebro; se ha comentado -de manera extraoficial- que están impactadas muchas familias.
Las cifras oficiales, de esas que sí podemos hablar, fueron realizadas por el gobierno federal, en el sexenio del ahora expresidente Andrés Manuel López Obrador, y monitorearon sangre y orina en las personas. Hicieron un recorrido de toma de muestras para personas voluntarias, de alrededor de mil 500 voluntarios, y allí se detecta lo mismo que está en el ambiente, en el agua, lo mismo que está en los alimentos, lo mismo que está en las personas. Hay una correlación directa muy fuerte.
Lo que el gobierno federal anunció es que el nivel de exposición es de 90% de los casos que analizaron en 2022, y en 2023 está el informe que se tiene, que es lo único que se puede tener, y ya se están tardando en tomar medidas.
“Ya se están tardando en hacer los planes necesarios para empezar a abordar la parte de salud humana, que es lo que está siendo crisis“.
“Estamos ante un caso de salud pública desatendida”
Da tristeza, dijo, da mucha preocupación que no se tenga esa sensibilidad de parte de quienes toman decisiones, y esas decisiones son que estamos ante un caso de salud pública desatendida por obra de un impacto muy fuerte que es la industria que contamina.
La investigadora y activista señaló que esta situación no sólo está presente en Arizpe, San Felipe de Jesús, Huépac, Banámichi, Aconchi, Baviácora y Ures, las poblaciones que identificamos como propias del Río Sonora, sino también en Hermosillo, donde los problemas de salud se tienden a minimizar por el número de la población, superior a un millón, donde todo se diluye.
“Pero las estadísticas sí nos marcan, a nivel nacional, que Sonora es el número uno en casos de cáncer“.
Castro Longoria expresó que algunos médicos dicen que los problemas de salud que hay en la población sonorense pueden deberse a la contaminación y, sí, a las mineras, pero que ahí se queda todo. En las respuestas y acciones a destiempo, sin que se norme la actividad ambiental y, básicamente, la cuenca del Río Sonora.

Doctora, ¿y qué hay de la unidad de atención especializada para las personas del río?, que se iba a construir en Ures o se construyó.
Está en obra negra. Se cerró. Ahí está. Lo que escuché, hace un par de años, del doctor José Luis Alomía (secretario de Salud en Sonora), es que la misma gente había solicitado que se atendiera a lo largo de todos los pueblos por brigadas, y de esa manera todos podían ser atendidos.
Lo que realmente está sucediendo es que, ¿dónde están esas brigadas? A lo que se expresa es que no hay atención médica al nivel que se requiere, y es nivel de alta especialidad.
“Porque no es lo mismo tener plomo en la sangre que tener cobre, porque el cobre también es dañino, pero los más impactantes son el plomo y el arsénico, que están relacionados con problemas degenerativos muy fuertes”.
El plomo es a nivel del sistema nervioso, el arsénico es a nivel de todo el organismo, y deriva en afectación a órganos vitales, como hace un momento lo comentaba, que finalmente van a ocasionar cáncer. El arsénico está muy bien establecido de los efectos hacia las enfermedades de todo tipo de cáncer.
Doctora, ¿cuál ha sido su participación a raíz de este desastre ecológico?
Desde 2014 hubo movilizaciones por grupos, por colectivos, y uno de esos colectivos, en donde había un par de médicos y ambientalistas, me dijeron que necesitaban a alguien que vaya institucionalmente con conocimiento de causa.
Yo tengo la especialidad en Ecología, acentuada en Ecología Marina, y la primera vez que fui fue a Aconchi en 2014. Después del derrame, prácticamente a un par de meses.
A partir de ahí, se engancha uno ya con lo que es la madre tierra, así muy fuerte, pero realmente es estar inmersos en ese sentir, en esas manifestaciones, en ese ver cómo es que se va deteriorando el ambiente, y hasta la fecha. Dejé un poco en 2018-2019, y en lo que fue el Covid-19, pero nunca lo he dejado de seguir. He estado investigando, a como puedo, y el asunto es que persiste, persiste la contaminación.
Hace un par de años tomé unas muestras del Molino de Camou, para análisis de peces, de agua, sedimentos, y sigue la contaminación. La contaminación aquí en el Molino de Camou es muy severa, y nos vamos río arriba, y es inmensamente impactante lo que se observa. Son miles, miles de veces lo que marcan las normas ambientales para estos metales en lo que es la cuenca del río.
La gente dice que sigue habiendo emisiones de desechos tóxicos, el área más impactada es Bacanuchi, y como está muy cerca de Cananea, allí la población, ahorita no sé qué tanto ha migrado, pero sí han sido desplazados; algunas personas que conocí se han ido a Estados Unidos. Y no hay esos datos, no hay esa valoración integral para una cuenca dañada tan fuertemente, que no se ha tomado la iniciativa de establecer bien, cómo, dónde, cuándo y por qué esto sigue persistiendo.
La investigadora asegura que ha habido mucha omisión. Cada año, la gente se pregunta por qué hay tanta omisión y no se toman las acciones necesarias, por qué no se comienza a trabajar en la remediación.
“Estamos seguros, y yo estoy segura, que no se va a componer ni siquiera en los seis años que prometió el fideicomiso a estar atendiendo. Esto es lento y es de largo aliento”, señaló refiriéndose a ver resultados de mitigación, remediación y sobre todo de atención a la salud, que es lo más importante.
Yo estoy súper asombrada en lo que veo en el río con las personas, porque ahí están, y hay quienes pueden estar más o menos impactadas; ya dependiendo de la biología de cada organismo.
“Hay personas más resistentes que otras, pero las más vulnerables son los niños y son los adultos mayores, y en medio del grupo de población, pues ahí está esa amenaza latente”.
¿Es posible que haya una recuperación de esta zona, en cuanto a la salud y al medio ambiente?
Sí es posible, y las medidas ya se tardaron muchísimo. Se dejó avanzar todo esto. ¿Cómo es posible?, primero, la posibilidad existía cuando se prometieron las potabilizadoras…
“El agua es el vehículo con el cual la gente se contamina”, sentenció.
El estudio que hizo Semarnat también nos revela que los pozos de donde se abastece toda la población del Río Sonora, están contaminados, y eso va a los hogares, va también a las áreas de cultivo, y no sabemos qué tanto de lo que se consume -que también hay que abordarlo, en alimentos, en carne, en verduras-, en lo que se produce, está contaminado.
Yo tengo algunos datos, no son muchos, pero analicé forraje, analicé ajo, berros, y en ese momento, en 2016, estaban contaminados, pero los berros los tomé del afluente del río, y el forraje y los ajos, en tierras donde invadió el río con todo el afluente de contaminantes que traía. Porque el río no siguió nada más su curso así, sino que hubo una tormenta muy fuerte, estuvo lloviendo mucho, y esas crecidas del río fueron a invadir tierras que estaban cultivándose.
Entonces sí hay, sí se sospecha que hay áreas donde la contaminación es más fuerte en el río -según mi interpretación-, que en otras que posiblemente estén menos impactadas.
Y esas áreas, según también esos datos que me tomé así mi tiempito para estar analizando, son la población de Baviácora y de Ures. Esos son los municipios más impactados. También están impactados los otros, pero Ures y Baviácora son los más fuertemente impactados en los niveles de contaminantes en el agua.
¿A qué se debe esto? Si Baviácora y Ures están muy separados, ¿no?
Debe ser un tanto en relación con la geografía y también porque -posiblemente- la parte de la concentración de agua sea más abundante, por decirlo de una manera, tal vez a la ligera.
Pero sí, la parte geográfica, la parte geológica, debe de tener algo, que allí se concentran estos metales, y que no nada más es de un sólo evento.
Esto nos está indicando que la contaminación, que siguen arrojando al río todos los desechos, pues que para dónde, la industria minera, ¿para dónde lo va a tirar? Ahí en este contexto, hay esa parte que pudiéramos estar adjudicando.

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Plumas invitadas de Conecta Arizona
