Rosa María O’Leary es activista ambientalista en Sonora, preocupada por el futuro

Hermosillo, Sonora.- Rosa María Catalina O’Leary Franco es el nombre completo de la reconocida activista residente de Hermosillo que ha hecho historia defendiendo diversas causas durante décadas.
Entrevistada en la cocina de su casa, comparte con Conecta Arizona que se química de profesión, madre de cinco hijos, abuela de diez nietos y una agradecida egresada de la Universidad de Sonora.
Su forma de agradecer al pueblo la educación que recibió, dijo, es a través del activismo, como le llaman ahora, porque cuando comenzó a luchar por diversas causas ni siquiera conocía el término. Pero es una labor que ha ido practicando y que ha sido muy duro.

La vida la ha ido poniendo en diferentes frentes, recordó, pues también fue militar.
A la milicia llegó porque trabajaba en el Seguro Social y tuvo que renunciar porque la mandaron a Benjamín Hill (al norte de Sonora) y ella tenía una niña muy pequeña que estaba enferma. En una ocasión fue a visitar a un enfermo, los militares no tenían químico, le ofrecieron trabajo y así se quedó, ocho años, donde conocí gente buena y gente mala.
La habían mandado “castigada” a Chiapas; en el ejército vio cosas que no le gustaron y se marchó. Se había llevado a su hija Irlanda, quien tenía 8 años, y se regresó a Sonora. Su esposo, abogado, se había quedado con los otros cuatro hijos.
En Hermosillo, montó su laboratorio de 1990 hasta el año 2000, mismo que cerró porque comenzó a atraerla el tema del activismo ambiental, representado con el nombre de Cytrar. Labor por el que se le reconoce como una luchadora social incansable.
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Comenzó su lucha contra el Cytrar

El Cytrar es el Confinamiento y tratamiento de residuos (tóxicos) que reposa “calladamente” en el sur de la ciudad. Era una empresa de origen español perteneciente al grupo Tecmed, que también administró loa basureros de Hermosillo.
Otro activista, Manuel Llano, quien alertó sobre este sitio, comenzó a levantarse un grupo en contra; antes de eso andaban manifestándose contra una reforma electoral, pero la llegada de góndolas con residuos tóxicos, procedentes de Baja California, los hizo cambiar de rumbo.
La idea original, recordó, es que el Cytrar sería sólo para los desechos de la Planta Ford, “era donde depositaban los residuos que le sobraban porque ya había bastante contaminación en la planta”, cuando se dieron cuenta que comenzaron a meter otro tipo de residuos, más grandes, líquidos que se suponía que no iba a haber.
- Rosa María asegura que, para el año de 1998, este basurero tóxico se convirtió en internacional, ya que recibían residuos de tóxicos que llegaban de Europa a través de Guaymas.
En este tiempo, el Cytrar estaba a 15 kilómetros de la ciudad de Hermosillo, cuando no existían propiedades habitacionales cerca. Actualmente ahí sigue el basurero tóxico, sepultado, oculto, con 300 mil toneladas de tóxicos que no tienen respiradero y contaminan los mantos acuíferos sin que ninguna autoridad actúe al respecto.
Cytrar fue entregado “generosamente”, dijo, al municipio de Hermosillo, que ha dejado enterrados los residuos porque seguramente no ha de saber qué hacer con un material tan peligroso.
“No sabemos qué esté pasando abajo con ese peligro, con el agua y no sabemos quién sería el responsable ni a dónde se los llevarían. Se supone que los tóxicos tienen que regresar a sus lugres de origen, pero fíjate, todos los tóxicos que se producen en México son de compañías extranjeras”.
Expuso que lo menos que podrían hacer las autoridades municipales y ambientales es no permitir que se utilice el suelo que hay alrededor. Pero, desde el principio, anunciaron que querían hacer oficinas para empleados, un jardín, un parque. Aunque, señala, lo único que podría hacerse ahí es rodear con árboles para que absorban un poco y protejan el sueño de toda la contaminación que hay.
El Cytrar se cerró no hicieron oficinas ni parque ni jardines, pero la mancha urbana sigue extendiéndose y llegando a donde debería ser un lugar prohibido. Está abandonado, pero el daño sigue gestándose desde las profundidades de la tierra.
Señaló la entrevistada
Lo que debería hacer el municipio es comprometerse a sacar los residuos, reiteró, pero a dónde se los va llevar. Aseguró que toda el agua está contaminada porque bajaba del arroyo Las Víboras, y las aguas subterráneas siguen ahí.
Del Cytrar ya no hay letreros ni señalamientos, dijo. Hay poco interés, ignorancia, comodidad o corrupción -o todo junto- que permite que ahí siga, sin pensar en los hijos y en las futuras generaciones.
“De eso se aprovechan los gobiernos extranjeros, para vernos como tontos, pues nos ven -con perdón, como estúpidos”.
Otro gran proyecto de gobiernos municipales, señaló la activista, fue durante el gobierno de Ernesto Gándara, cuando se anunció que traerían todas las llantas de la frontera par que las incinerara Cemex. “Nada más hacen grandes anuncios, pero no explican las consecuencias”.
Denunció también que las dependencias de los tres niveles de gobierno no dan seguimiento a estos temas porque no tienen personal suficiente ni presupuesto, pero sí excusas. No hay interés ni inversión para minimizar los riesgos.

Afectaciones a la salud
Entre los problemas de salud que hay a consecuencia de la contaminación ambiental, comentó O’Leary, es que Sonora es uno de los estados con mayor incidencia de cáncer, con enfermedades cardiorrespiratorias.
Todo esto es a consecuencia de la contaminación que no tiene fronteras, de los vapores que pueden salir de debajo de la tierra, de los polvos que vuelan, de lo que puede quedar de la laguna de oxidación, de lo que se selló y de lo que quedó expuesto.
Las mujeres sostenían las protestas
Los inconformes contra el Cytrar hacían pocas actividades que requirieran dinero, dijo, las mujeres -principalmente- sostenían el movimiento porque los hombres trabajaban.
Las mujeres se manifestaban en el Cytrar, “lo cerraban”, en alguna ocasión las sacó la policía. También mantuvieron un plantón de alrededor de siete meses en la Plaza Zaragoza. Su movimiento era orgánico, no tenía nombre, solo el objetivo de protestar en defensa del medioambiente.
Algunas de las organizaciones que formaron parte de esta protesta se llamaban Academia Sonorense de Derechos Humanos, Alianza Cívica y Conciencia y Voluntad, Ciudadanos por el Cambio Democrático. Lo suyo era una protesta masiva, recordó, de máximo 20 personas.
Aunque la lucha sigue en Sonora, dijo Rosa María Catalina, porque es eterna, hay muchos grupos de activistas feministas, pero no se ve mucho que favorezca al tema ambiental. Al menos que se vea por medio de las redes sociales, que es donde más consulta, pues la salud a veces no le permite andar en las manifestaciones ni en las reuniones de activismo como ella quisiera.
“Ahorita no hay un movimiento grande protegiendo al Golfo de California del gasoducto; en Loma de Bácum dejaron solitas a las personas, si hasta ganas de llorar me dan porque, cómo van a abandonar el pueblo, las compañías quieren pasar por donde les da la gana. Tampoco veo movimiento ambientalista en Puerto Peñasco. ¿Por qué quieren poner desde Texas un oleoducto, hacia el Golfo, contaminarnos por todo México, para embarcar en Peñasco y trasladar? ¿Por qué no lo hacen por California? Pues porque aquí están sus pendejos”.
Contaminación por todos lados
A la contaminación del Cytrar, se suma la de los ríos Bacanuchi y Sonora, propiciada por el derrame de lixiviados y otras sustancias tóxicas de la Mina Buenavista del Cobre, en Cananea.
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Tomamos agua contaminada, nos bañamos con agua contaminada que provoca enfermedades y muertes lentas, casi silenciosas, que no se presentan inmediatamente, advirtió la entrevistada.
También hay problemas de contaminación muy fuertes en Caborca, denunció, pero no hay actuación por parte de las autoridades.
Desde la mesa de su cocina, rodeada de fotos, de pinturas, de objetos hermosos que decoran su hogar; Rosa María suspira por el activismo que vivió en el asfalto, respirando el aire por el que ha reclamado; doliéndose de las comunidades que tienen que “andar mendigando agua”.
Alfonso Durazo era niño bueno
Su pesar, compartió, también es porque el gobernador Alfonso Durazo “está ahorita tan encariñado con Grupo México”, ¿Qué le pasa?, dijo.
“Porque eso es lo que pasa, Alfonso, no te tienen respeto y tu no nos tienes respeto a nosotros”.
La comandanta, como también la llaman, señaló que no ha podido tener un acercamiento con el gobernador. No obstante que, Alfonso Durazo vivió en su casa, cuando su mamá (que también era de Bavispe) “tenía estudiantes en Hermosillo” y lo veía con buenos ojos porque era educado y “muy de sentir”.
Finalmente, hizo un llamado a las nuevas generaciones, a quienes hacen activismo, “que no desistan, lo poco o mucho que logren se va ver reflejado. Las autoridades saben perfectamente que están mal, pero esto vale la pena, si se piensa en las futuras generaciones.
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