Las disposiciones de Trump sí han afectado en el ánimo de migrantes que buscan llegar a EEUU: padre Gilberto Lezama

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El día que Conecta Arizona visitó el comedor San Luis Gonzaga; los usuarios comieron ensalada de pollo, frijolitos y café. Foto: Judith León

El comedor San Luis Gonzaga, en Hermosillo, cumple 16 años de apoyar a migrantes que van a EEUU, y otros que vienen. Segunda parte.

En una entrega anterior, dimos a conocer la existencia y el trabajo que se realiza en el comedor San Luis Gonzaga, representado por el padre Gilberto Lezama, en el área rural norte de Hermosillo, donde se recibe a migrantes y personas en situación de calle para ofrecerles una comida digna de varios tiempos, un espacio donde puedan descansar un poco en su trayecto y, de ser necesaria, atención médica básica por medio del dispensario con que cuentan.

El domingo 23 de febrero, el comedor San Luis Gonzaga celebró 16 años al servicio de esta comunidad y grupos vulnerables. Al respecto, el padre Lizama señaló que el flujo migratorio a esta ciudad de tránsito que es Hermosillo (no es ciudad destino), llega en avión, en camión o en tren. En estas opciones de desplazamiento de personas que buscan llegar -inicialmente- a la frontera con Estados Unidos, y después ingresar al país, también figura “el pollero”, es decir, la persona que (previo pago) facilita el acercamiento e ingreso a lo que representa el sueño americano.

“El fuerte” de lo que llega al comedor son las personas que llegan en tren, a las que tradicionalmente se les ha llamado “trampitas”, quienes, a su vez, son los migrantes que no cuentan con los recursos económicos para pagar un camión, un boleto de avión, mucho menos un pollero (en ocasiones), y que, dijo el padre, son quienes dicen que ya no tienen nada que perder porque ya lo han perdido todo.

Sentado en la cocina donde el ambiente se inunda con el olor del pollo recién cocido, con el que prepararán ensalada para servir al mediodía a quienes lleguen a este sitio seguro, Gilberto Lezama señala que el flujo migratorio ha existido siempre, por eso se han fundado comunidades y pueblos en todo el mundo, en el caso de quienes tienen la meta de llegar a Estados Unidos, cruzando México, lo que ha cambiado es que ahora viajan familias completas, cuando, antes, sólo migraba el hombre.

Arte: Daniel Robles

El entrevistado detalló que la edad promedio de los migrantes es de los 25 a los 40 años más o menos; sus motivos de migrar van desde salir de sus poblaciones para buscar el bienestar para sus familias, hasta los que se ven obligados o forzados a marcharse. Esta difícil situación, refirió, no sólo es entre ellos mexicanos, sino que hasta el comedor y a Sonora en general, llegan personas de otros países, huyendo de la violencia, de la amenaza del crimen organizado y de la crisis en general que no les permite quedarse en su núcleo.

“Estamos hablando de los desplazados; en los 16 años de servicio hemos visto que el hombre sale a buscar un cambio; ahora el hijo o el esposo no quiere dejar a su familia, ¿por qué? Porque ya no puede regresar por cuestiones de seguridad. ¿Para qué esperarlo si no va a venir?”, comentó.


Por si no lo leíste: En Hermosillo, el comedor para inmigrantes que dirige el padre Gilberto Lezama está preparado para recibirlos


¿En este momento ustedes están preparados para recibir una parte de la deportación masiva?

Mira, pues nunca vamos a estar a estar preparados así, porque son situaciones, de momento son especulaciones en cuanto a cantidad de personas; especulaciones porque no tenemos la cantidad exacta del cual va a llegar a Hermosillo. Si tenemos un poquito de la experiencia de cómo atender, cómo trabajar la situación, qué medidas más o menos hemos vivido y en base a la experiencia, que no nos tome de sorpresa.

Por ejemplo, ahorita si ponemos los semáforos para identificar la realidad, yo te puedo decir que estamos en un semáforo verde; es decir, no tranquilo, pero es verde porque realmente no hay nada, por lo menos significativo. Sí, está el ambiente, sí está la tensión, sí está la incertidumbre, pero ahorita no nos lleva a decir mira, ¿sabes qué?, tenemos que pedir a la gente, tenemos que hacer esto…

No está aterrizado.

No, no está aterrizado. Por ejemplo, cuando las caravanas nosotros mirábamos los movimientos, las noticias para ir monitoreando el flujo. Si mirábamos que una caravana llegaba a Guadalajara ya para nosotros va apuntando al Pacífico; entonces el semáforo pasaba de verde a amarillo. Ya cuando identificamos que la caravana salía de una manera masiva, entonces tendríamos de 24 horas, que es lo que más o menos se hace en un tránsito normal, hasta una semana para poder afrontar la realidad.

Entonces ese ese tiempo sí nos daba un poco de tranquilidad para poder prepararnos o accionar porque ya estaba monitoreado. Ya cuando mirábamos el flujo o el movimiento de una manera real, ya accionábamos con los mismos voluntarios, con las mismas personas, con los mismos medios de comunicación.

Grupo Humanitario Mateo 25, 35
Grupo Humanitario Mateo 25, 35
Grupo Humanitario Mateo 25, 35
Foto: Cortesía Facebook Grupo Humanitario Mateo 25, 35

La celebración por los 16 años de servir a las personas migrantes y en situación de calle, incluyó menudo, café, pastel, una misa y convivencia con voluntarios. Fotos: Cortesía Facebook Grupo Humanitario Mateo 25, 35


La llegada y las órdenes firmadas por Trump sí han afectado su ánimo

¿Cómo es el ánimo de los migrantes en este momento?

Pues ahorita, anímicamente es bajo, porque si de por sí es difícil querer cruzar, ya con las estrategias, con la manera de gobernar, con la manera de anunciar ciertas políticas, por el caso del presidente Trump, sí causa una situación de desaliento; sin embargo, eso podría influir en el ánimo más no determina la acción.

Es decir, expuso, influye en el ánimo de que no va ser fácil, pero ya tienen decidido que eso no les va quitar la intención; el padre y las personas que trabajan con él les dicen a las personas que van en tránsito que hagan conciencia, sin manipular su decisión, porque son libres de tomar el camino que quieran.

“Les decimos: Mira lo que estás pagando, lo que le pagaste a un pollero para que te cruce a Estados Unidos o lo que estás pagando para poder trasladar o lo que tu familia te está pagando para que puedas trasladarte; que es otro tema que hemos oído de las familias. ¿Por qué no haces un negocio allá en tu lugar de origen? Y la respuesta es Pues sí lo puedo hacer, pero ¿quién me va a comprar?, si todos están igual o peor que yo. Y si abro un negocio más grande, luego empiezan los derechos de piso. Entonces no es que no quiera, es que no se puede”.

¿Es más, entonces la inseguridad que la economía, lo que hace que la gente se desplace?

Yo creo que aquí, la cuestión es la falta de una estabilidad personal. Es decir, mientras la persona no encuentre un lugar estable y seguro, no va a dejar de moverse.

Como agrupación, como personas que atendemos esta realidad, siempre insistimos que no somos la solución. Dar la comida no es una solución. Incluso ellos nos dicen Mire padre, nosotros no tenemos comida, no porque no queramos, sí la necesitamos, pero queremos un lugar donde poder estar, donde poder trabajar, donde poder comer o adquirir lo que nosotros queremos y no ser una carga para la sociedad.

Sin embargo, las situaciones políticas, la falta de oportunidad, por lo que implica también el papeleo de inmigración, nos lleva a actuar de esta de esta manera y a vivir de esta manera.

¿Aquí hay o ha habido personas que tenían su cita para buscar asilo por el CBP One y que se les canceló?

No me ha tocado, pero si me ha tocado que hace un año, personas que duraron aquí en el refugio hasta casi seis o siete meses para que les saliera la cita, pero ya a partir de un tiempo, no ha habido. Es como que se ha espaciado más.

El padre Gilberto Lezama recordó que ha habido personas que hicieron el trámite para solicitar asilo en Estados Unidos, es cuando retoman su camino para estar cerca de la línea (la frontera) y esperar el proceso ahí, en el que tal vez pase uno, dos o tres años para tener respuesta. La gente tenía el ánimo de pensar que lo podían lograr, pero ahorita no es así; saben que no se presentarán automáticamente en una corte, y entienden también que se cruzarán con personas que “ya vienen para atrás”.

¿Ha sabido que pasó con los primeros migrantes que pasaron por aquí?

No hemos monitoreado porque tratamos de respetar también la situación. Hay personas que de una manera u otra siguen en contacto, como agradecimiento; ya se han establecido en Estados Unidos. Sí nos han tocado personas que están un poquito más establecidas, tanto de lo de los venezolanos de hace dos años como de las primeras caravanas que se han dado.


Un oasis en el desierto

El padre Gilberto Lezama describe al Comedor San Luis Gonzaga como una oportunidad; destacó que una de las voluntarias, Martha Silvia Molina, lo ha llamado un oasis en el desierto. Es un lugar, dijo, para tomar ánimo, alimento y refrescarse para continuar en el camino.

La primera acción fue apoyar a quienes iban en tránsito. Lo han logrado en los 16 años recién cumplidos con esta labor; el objetivo del comedor es ofrecer un alimento digno, un plato que se puede comer en todas las casas, “como cualquier familia, por muy humilde que sea”; se compone de tres o cuatro tiempos: sopa, guisado, frijoles, pan o tortilla, agua fresca natural o de sabor, o café.

Al referirse a un lugar digno, señaló que ya no están en la vía del tren; el lema con que se apoyan es de Mateo 25-35, que es una frase de las sagradas escrituras: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí”.

Comenzaron con la idea de alimentar y cuando comenzó a llegar la gente con resfriado, ojos irritados, raspones, heridas, fracturas y dolores por caídas, accidentes o porque fueron víctimas de algún asalto o agresión física, comenzó la necesidad de contar con un botiquín y con atención médica. Luego, se vio la necesidad de que tuvieran un lugar donde pudieran bañarse y refrescarse; después, de que contaran con un cambio de ropa limpia y en buen estado para vestirse. Así han atendido la realidad del proceso migratorio en su paso por Hermosillo, desde 2009.

Lezama reconoce que la sociedad ha sido muy generosa porque se ha sumado a esta causa como si fuera propia; señaló que hay gente que está en contra de la operación del comedor, no obstante, es más grande el grupo de personas que están a favor y se suman al servicio, con visitas, con trabajo, con aportaciones, a veces de manera anónima y también con porras. Muchas personas están atentas a las necesitades que tienen para salir adelante, indicó.

¿Cuáles son esas necesidades?

Mira, lo fundamental es en la alimentación, la despensa básica, estamos hablando que es sal, frijol, arroz, puré de tomate. Y estamos hablando en general: el aceite, en el caso también con que acompañamos ese tipo de despensas, pues tenemos lo que es pollo, carne, pescado. Ya dependiendo de eso, pues nosotros elaboramos el alimento.

Tenemos también material de limpieza: trapeador, aromatizante para para el piso, cloro para desinfectar el área de trabajo. En el caso de los migrantes tenemos lo que son artículos de aseo personal: pasta, jabón, talco, ropa, calcetines, gorras, mochilas, cobijas. Así en general, en el caso de la medicina del dispensario, pues lo mínimo son pastillas para el dolor, material de curación, gotas para los ojos, para los oídos. En tiempo de verano son sueros.

En el dispensario han hecho servicio y prácticas estudiantes de medicina de diversas universidades. Aunque han llegado migrantes embarazadas, en la historia de ese refugio aun no ha nacido un bebé. Fotos: Judith León


¿Y generalmente suelen tener cubiertas las necesidades de estos artículos, de estos productos?

No, no siempre, no siempre los hay. Casi estamos al día. Sabemos que lo que podemos ofrecer hoy. Mañana, pasado, no sabemos. Sin embargo, siempre hay algo que ofrecer cada día. Incluso cuando íbamos creciendo, porque esto que tenemos no fue una inversión de un proyecto y ya se puso la primera piedra y ya se inició, terminó en un año y ya abrimos la puerta.

Cuando vas creciendo en lo material te vas motivando y vas teniendo lo esencial, el trabajo era construir un lugar o dar comida; cuando se te juntan las realidades, no hay por donde caminar. Entonces, para para poder asegurar nuestra misión, nuestro objetivo, nuestra meta, tienes que poner ciertos candados, y decíamos nunca un ladrillo antes que un plato de comida. Y eso nos ha ido ayudando. Gracias a Dios, tenemos el ladrillo y el plato de comida.

¿Y tienen colaboradores, personas que aportan de manera constante, que es así como una gotita de agua?

Si bien, en el lugar hay una capilla, son pocas las ocasiones en las que se celebran misas para no condicionar a los usuarios que tienen otra religión.

Sí tenemos personas ya que han que han tomado conciencia y, sobre todo, tenemos un bienhechor para el pueblo, ya que es lo mismo lo que la gente cuando se va se va metiendo y se va involucrando, lo va haciendo suyo. Parte de todo esto no es lo bonito que pudiera estar el lugar, más bien es dignificar al migrante, a la persona que viene de fuera, pero también dignificar al que está trabajando, que se sienta motivado porque muchas veces -no porque los grupos lo quieran, hay lugares son deprimentes- no hay el recurso como para poder tener una cocina, como para poder tener una estufa, como para poder tener mesas. Nunca es suficiente.

Sin embargo, la persona lo ha hecho propio. Y de qué trabajamos nosotros. Bueno, tratar de que las personas se sientan realizadas siempre, incluso cuando empezamos la cocina y un baño para los voluntarios. Todas las mujeres que tengan un lugar donde estar, que se sientan cómodas, que se sientan seguras. Que se sientan tranquilos. Y pues tenemos el baño de las personas que están aquí. Tenemos el baño de los migrantes, al doctor, cuando hubo la oportunidad, el consultorio que tenga su espacio también de poder atenderse a sí mismo. Entonces eso que lo que nos ha ayudado precisamente: cómo la persona va haciendo un proyecto suyo, hay personas que me dicen Padre, es que al principio somos muchos. Ponga usted, hagamos un horario y distribúyalos.

No, es que, si yo lo digo que lo hagas, lo haces por mí. Y vas y lo vas a hacer por no quedar mal conmigo. Si tenemos un día 100 voluntarios, por ejemplo. Y un día no tenemos ninguno. No pasa nada. ¿Por qué? Porque tú puedes ahorita con lo que hay.

Lezama comentó que, así como hay personas que pueden apoyar todo el tiempo, hay quienes sólo tienen poco tiempo y hay quienes tienen actividades complicadas o múltiples y deben priorizar, por eso no se puede disponer ni condicionar el tiempo de los voluntarios. Su vida, sus familias y su propio tiempo son importantes, y las personas deciden cuándo pueden trabajar en el comedor.


En la tercera entrega, el sacerdote hermosillense que encabeza esfuerzos para apoyar a migrantes y personas en situación de calle, nos comparte cómo distribuyen el trabajo, los alimentos y asegura que la religión no es una condicionante para recibir a los necesitados de alimento y refugio.

Arte: Daniel Robles

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Autor(a)

Judith León es reportera y editora originaria de Hermosillo, Sonora, México .
Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora y está diplomada en Periodismo Digital por el Instituto Tecnológico de Hermosillo y por la Universidad Kino.
Forma parte del equipo ganador del Premio Nacional de Periodismo 2014 en la categoría de Cobertura Noticiosa.
Escribe narrativa, tiene obra publicada en varias compilaciones y es coautora del libro De ladrillo, concreto y asfalto, del Colegio de Ingenieros Civiles de Sonora.