Ciudades refugio del derecho de migrar

Arte: Daniel Robles

➡️ Nelsy Mendoza / Plumas Invitadas

Desde el primer momento en que existimos, migramos. Vamos del vientre de nuestra madre hacia el mundo. Migramos de residencia, de la niñez a la adolescencia, de la inocencia a la primera desilusión. Migramos de trabajo, cambiamos de ideas y transformamos nuestro entorno en búsqueda de seguridad, así como de nuevas oportunidades. Todos los seres vivos somos migrantes, porque es parte inherente de la experiencia de vida.

El ser humano siempre ha buscado vivir mejor y nos convertimos en ciudadanos del mundo. Aunque, al mismo tiempo inventamos -para nuestra desgracia- las fronteras, las guerras, el poder y la corrupción. Antes migrábamos en la búsqueda de alimento, agua, cobijo; hoy, migramos en búsqueda de paz, mejores empleos, salud, oportunidades de desarrollo y refugio.

En esa búsqueda de mejores oportunidades, muchos han elegido a Estados Unidos, cuyo actual gobierno ha declarado la guerra contra quienes considera ajenos. Por suerte, en el cada vez más lejano ‘sueño americano’, las ciudades santuario se han erguido como colosos que ofrecen a los migrantes la seguridad de un refugio donde tienen acceso a servicios y recursos con la confianza de que no serán deportados.

Arte: Daniel Robles

Para desalentar su labor, Trump ha firmado una orden ejecutiva, que advierte que, si insisten en interponerse a las deportaciones masivas, corren el riesgo de perder fondos federales y enfrentar acciones legales. La respuesta de la mayoría de las ciudades refugio sigue siendo solidaria y valiente: han realizado campañas para dar a conocer a los migrantes sus derechos y han ofrecido guías en varios idiomas para que sepan qué hacer en caso de que los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) intenten ingresar a edificios y espacios públicos, como hospitales y escuelas.

En los últimos días, se han suscitado más disturbios en Los Ángeles, una de las ciudades refugio bastión, donde manifestantes han medido fuerzas contra más de 2 mil agentes de la Guardia Nacional de Trump. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha calificado a este despliegue como una práctica que criminaliza a los inmigrantes. Y en eso, le doy la razón.

Urge desmitificar a los que, lejos de ser delincuentes, son personas que ejercen el derecho primigenio de migrar por las causas o razones que sean.

Mientras Trump se prepara para continuar con sus redadas en las ciudades santuario, corresponde a todos alzar la voz para poner fin a las injusticias que sufren los inmigrantes. Ojalá que, a donde vayan, haya siempre refugio y ayuda. Que cada ciudad refugio continúe honrando lo escrito por Emma Lazarus en las entrañas de la Estatua de la Libertad, con su poema ‘Nuevo coloso’:

“Dadme a vuestros cansados, a vuestros pobres, a vuestras masas apiñadas que anhelan respirar libertad”. Pero, sobre todo, ojalá que se renueve aquella llama de ‘La Dama de la Antorcha’, cuya luz daba la bienvenida al mundo entero sin reservas.

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Arte: Daniel Robles

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