Confianza en Dios

➡️ Alma Covarrubias / Plumas Invitadas
Me gustó mucho la frase de San Agustín, padre de la iglesia, que dice: “Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti”.
Muchas veces le pedimos a Dios que resuelva todos nuestros problemas, nuestras debilidades, nuestras tristezas y se lo dejamos todo a Él, sin pensar que nosotros debemos poner nuestra parte.
Hay una frase que no sé quién es el autor, pero siempre quiero recapacitar en ella, que es sobre el poder de la oración y la colaboración humana: “Dios pone casi todo, tú pones casi nada, pero Dios no pone su casi todo, si tú no pones tu casi nada”. Y es impresionante lo que nos toca hacer a nosotros. En comparación de lo que hace Dios por nosotros, por nuestras necesidades. Pero debemos concentrarnos en pensar lo maravilloso que es Dios, para poder comprender la magnitud de lo que representa, y que gracias a Él tenemos todo para vivir bien.

No es sólo oración lo que nos pide nuestro Señor, nos pide también acción, que nos esforcemos en hacer las cosas que queremos lograr.
Hay un dicho popular que nos habla de que debemos rogarle a Dios, pero hacer nuestra parte: “A Dios rogando y con el mazo dando”.
La primera de ellas, que “no esperemos milagros nuevos ni nos quedemos en una pereza inútil”. Por otro lado, relata la historia de un carretero cuyo carro se rompió en un camino y, después del accidente, se encontró con San Bernardo. Cuando rogó por su intercesión para arreglar el vehículo y le contestó: “Yo rogaré a Dios, amigo, y tú entretanto da con el mazo”.
Por todo eso debemos tener la confianza en Dios, de que, haciendo la oración necesaria, pero poniendo todo lo que nos corresponde a nosotros, lograremos lo que pedimos si es que así conviene.
Muchas veces nos disgustamos con Dios porque sentimos que Él no responde a nuestras oraciones, pasamos grandes temporadas rogando porque nos conceda lo que nosotros queremos. Pero debemos tener en cuenta que el Señor sabe mucho más que nosotros y sabe qué es lo que nos conviene, por lo tanto, no nos va a conceder caprichos o algo que no es bueno para nuestra vida.
También nos desesperamos porque pedimos algo importante para nosotros y no nos responde, pero también ahí hay una cosa muy importante, que tal vez no es tiempo de que yo tenga tal o cual cosa o milagro; debemos tener paciencia porque los tiempos de Dios son perfectos.
Siempre recuerdo cuando fue el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, de la cantidad de gente que no le pasó nada porque no estuvo a tiempo en su trabajo por diversas razones. Yo pienso que ahí estuvo la mano de Dios, no era el tiempo.
Roguemos a Nuestro Señor para que nos haga discernir entre lo conveniente o lo que no lo es.
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