Nogales: crónica del eco de los baches y el discurso vacío del alcalde Gim

➡️ Ángel H. Valenzuela / Plumas invitadas
Nogales, Sonora. El aire acondicionado del recinto luchaba por imponerse, pero no podía disipar la densa cortina de incredulidad por parte de la población que se manifestaba fuera del mismo, durante el primer informe del alcalde Juan Francisco Gim Nogales. Aquello no fue un ejercicio de rendición de cuentas; fue, para una gran parte de la ciudadanía ausente, la materialización de una burla descarada y una vergüenza para el movimiento que supuestamente representa.
La puesta en escena estaba meticulosamente diseñada. El público, en su mayoría, era prefabricado: rostros conocidos de la nómina municipal y familiares, cuyas ovaciones predecibles buscaban validar un discurso que, al desgranarse, se despegaba cada vez más de la realidad palpable de la frontera.
Desde el estrado, el alcalde pintó un lienzo de prosperidad y avance. Los números fluían, hablando de inversión y progreso. Pero fuera de ese espacio climatizado, el clamor social se manifestaba con una lista desesperante de problemas que la administración de Gim Nogales parece haber decidido ignorar.

La brecha entre el podio y la realidad es abismal. Mientras se hablaba de obra pública, los nogalenses saben que la infraestructura está en ruinas.
Nuestras calles son una prueba irrefutable de la ineficiencia, plagadas de baches que no solo dañan vehículos, sino que evidencian la dudosa calidad de cualquier reparación. Cada hoyo, un trago amargo.
Debo agregar, además, que dichas obras son autorizadas por el rampante órgano colegiado de Nogales, conformado por los regidores de todos los partidos políticos que, en lugar de alzar la voz al interior del invisible Cabildo Municipal, hacen de influencers en las dañadas calles de Nogales, como dicen por ahí… “Origina un problema, para que otro venga y lo resuelva”.
El drama se agrava con el vital elemento del agua. El alcalde omitió, o minimizó, la crisis hídrica crónica. Las promesas de solución se ahogan en la ineficacia de las obras pluviales fallidas, señaladas por su baja calidad y su incapacidad demostrada para contener los flujos de agua.
Y por encima de todo, la sombra de la inseguridad. El informe rozó el tema, pero el ciudadano vive el colapso de la seguridad. El innegable aumento de la violencia y los asesinatos, junto con la vulnerabilidad juvenil, se confronta con un aparato público que se muestra completamente inoperante. En esta misma semana se juzga al elemento del GOT (Grupo Operativo Táctico) que, desafortunadamente accionó su arma larga en contra de una civil que perdió la vida durante el camino a uno de los nosocomios de Nogales.

La soberbia y el daño político
La lista de inconformidades trasciende lo operativo para adentrarse en la esfera de la ética política. La administración se ha caracterizado por la soberbia y el autoritarismo de sus funcionarios, una señal preocupante que se asemeja, peligrosamente, a los vicios de los gobiernos que se prometió superar.
Para una ciudad fronteriza, el peso de la credibilidad es crucial. Y justo allí, la polémica personal reciente del alcalde con la anulación de su visa estadounidense minó aún más la confianza. Un representante de Nogales que no puede cruzar la frontera es un símbolo de debilidad política.
Lo que debía ser la 4ta. Transformación en Nogales, terminó pareciéndose a una versión marcada por el desvío de recursos, la negligencia, y la violencia.
El aplauso final sonó hueco. La ciudadanía, que disiente abiertamente en redes sociales, tiene ante sí una pregunta crucial: ¿Permitiremos que esta versión del “cambio” continúe dañando a Nogales? La inacción, nos recuerda la jornada, sólo cederá las riendas de nuestro destino a otros. Es hora de exigir la ciudad que merecemos.
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Plumas invitadas de Conecta Arizona