El calor, la familia y la fiesta arropan a México en su adiós a Arizona

El béisbol tiene una magia particular: a veces, lo que sucede en el diamante pasa a un segundo plano cuando la verdadera fiesta se desborda en las tribunas. Así se vivió la breve, pero intensa, gira de preparación de la Selección Mexicana rumbo al Clásico Mundial de Béisbol 2026 bajo el cielo de Arizona.
Más allá de los resultados en la pizarra —una victoria inicial de 6-3 ante los Arizona Diamondbacks el martes y una apretada caída de 7-5 frente a los Dodgers de Los Ángeles en el cierre de sus juegos de exhibición el miércoles—, el auténtico espectáculo fue el color de una afición que convirtió los estadios primaverales en una sucursal de las fiestas patrias.
Ahora, la novena tricolor hace maletas para partir a su sede oficial del Clásico Mundial en Houston, Texas, donde iniciarán la actividad oficial este viernes 6 de marzo al mediodía frente a Gran Bretaña. Pero el calor humano que se llevan de Arizona será su mejor motor.

En el Salt River Fields de la ciudad de Scottsdale, los aficionados llegaron desde temprano con el único afán de cobijar a su equipo, desafiando estoicos los 74 grados Fahrenheit y un sol intenso que ardía en la piel. Para la mayoría, el marcador era lo de menos; el objetivo real era pasar momentos entrañables en familia y reconectar con sus raíces.

Así lo describió Lupita, quien, mitigando el calor con una fría cerveza en el lateral del parque de pelota y portando orgullosa una casaca de los Naranjeros de Hermosillo, resumió el sentir de la fanaticada dividida entre dos amores: “Está muy bonito el clima, mucha gente, la estamos pasando increíble y apoyo a los Naranjeros porque soy de Sonora, soy de Hermosillo e igual apoyo a los Diamondbacks porque vivo aquí en Arizona, pero lo más importante es mostrar que nuestra cultura tiene este tipo de deportes y también puede cruzar fronteras”, expresó.

La ilusión por ver al equipo trascender en el Clásico Mundial está a tope, aunque la afición no pierde el piso. Para Sergio, un bajacaliforniano radicado en el estado del Gran Cañón, el roster azteca cuenta con “buenos jugadores”. “Esperamos que le vaya bien, aunque hay equipos fuertes como Estados Unidos, Dominicana y Japón, como siempre el favorito”, apuntó.
Para este nativo de Mexicali, la fiesta del rey de los deportes es una pasión que se vive desde la cuna. Acudir al estadio bajo el sol inclemente no es un sacrificio, sino una vocación para “que sientan los jugadores el esfuerzo que hace uno y tratar de apoyarlos para que les vaya bien”. “Soy aficionado de los Medias Rojas de Boston, y el recuerdo más preciado que tengo es haber ido al Fenway Park”, señaló emocionado.

En las gradas también se respira la hermosa dualidad del migrante. Para la familia De los Santos González, estos choques donde México pisa campos estadounidenses son el pretexto perfecto para celebrar la unión del hogar. Mientras los hijos apoyan al talento ligamayorista local, los padres, originarios de Michoacán y Chiapas, se entregan al equipo tricolor.
“El trabajo a veces no da la oportunidad de disfrutar o pasar tiempo en familia y el béisbol nos une, porque estamos disfrutando de los dos porque nosotros somos mexicanos y ellos además son nacidos aquí (en los Estados Unidos)”, puntualizaron.

A lo largo y ancho de las instalaciones, el folclor fue el rey indiscutible de la tarde. En un mar de franelas verdes, blancas y rojas, ondearon banderas mexicanas al ritmo de las porras. No faltaron quienes llevaron la tradición a otro nivel, paseándose ataviados de charros, esbeltas adelitas e incluso un aficionado que recorrió los pasillos imponiendo presencia con un majestuoso traje de guerrero azteca.
México dejó Arizona con saldo dividido en el terreno, pero con una victoria por blanqueada en las gradas. Próxima parada: Houston. ¡Que se cante el playball!

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