Guardería ABC: “Dios puso a mi sobrina en mis manos”

Memorial 5 de junio, obra del pintor Esteban Lechuga, en el auditorio de la Comisión Estatal de Derechos Humanos en Hermosillo

Fotos: Judith León

Hermosillo, Sonora.- La tarde del 5 de junio de 2009 transcurría como uno más de los días calurosos en Hermosillo. Lupita Castro, quien vive a unos metros de la Guardería ABC, en la colonia Y Griega de Hermosillo, regresaba del taller de su esposo, a quien apoya con ciertas labores.

En este tiempo tenía una hija adolescente y una bebé de alrededor de un año. De pronto escuchó que tocaban a su puerta y gritos afuera de su casa, le pedían cobijas. ¿Cobijas en verano? Sí, era porque se estaba quemando la guardería y las necesitaban para acomodar ahí a los niños que estaban poniendo en los porches de las casas vecinas.

“Me asomé y comencé gente corriendo de un lado a otro, muchos carros, el incendio ya estaba avanzado y corrí a ver qué estaba pasando”.

Su hija adolescente corrió atrás de ella y, sin pensarlo, se encontraron a media calle con mucha gente pasándose niños, indicando que agarraran a otro, se los daban para que ayudara mientras otras personas corrían de nuevo a la guardería.


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“Nos daban a los niños, los agarrábamos y no sabíamos qué hacer. Unos se dejaban en la casa de la señora Ofelia cuando se abrieron sus puertas; otros niños se subían a la Cruz Roja, era un ir y venir”.

Los vecinos ayudaban como podían, a algunos niños los bañaban, a otros les quitaban la ropa para revisarlos; si los niños se veían bien los dejaban en la casa, a los que iban heridos.

“Tratábamos de subirlos a las patrullas, a las ambulancias, pero era un ir y venir, córrele para acá, yo para allá. De la desesperación no te dabas cuenta de lo que hacías. Hay cosas que no recuerdo. Corríamos, agarrábamos a los niños, nos topábamos con los papás que te paraban preguntando por sus hijos…”

Lupita recuerda que no sabía que contestar, solo vuelve a verse corriendo de un lado a otro tratando de ayudar”.


Un rayito de luz en esa oscuridad

En la lista de niños inscritos en la Guardería ABC, y por fortuna, en la de los niños sobrevivientes que está en una de las bardas de las instalaciones en ruinas, está el nombre de su sobrina.

La niña estaba atrás de los recibidores, recuerda, había como cuatro o cinco niños hechos bola ahí, y en medio del caos, alcanzó a reconocerla.

“Dios fue muy grande porque a la niña la puso en mis manos”, alcanza a decir con la voz quebrada.

Tomó a la niña y se la llevó a su casa, en donde la revisó y verificó que no tuviera quemaduras, pero sí tenía heridas y mordidas. Bañó a su sobrina y la puso bajo su protección en su casa.

Dos niños más pudieron sacarse de la guardería, del grupo de cinco que tuvo frente a ella. Dejó a su hija cuidando a la niña y se regresó al caos, En cuanto volvió le dieron a una niña que sí estaba quemada “de la espalda y las pompis”. Su instinto la acercó a la ambulancia en la que se subió con la niña, a donde una de las vecinas llevó a un niño con el 80 % de su cuerpecito quemado. Por cierto, la imagen de estas mujeres ganó un concurso de fotografía del periódico Expreso. “Ni nos dimos cuenta”, expresaron ellas 17 años después.

Antes de que partiera la ambulancia llegó su hija preguntándole qué hacer porque la sobrinita rescatada no paraba de llorar, así que entregó a la niñita en la ambulancia y se fue a su casa, donde se quedó consolando a su familiar.


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Queríamos ayudar

Sus recuerdos no son precisos, Lupita no hace cuentas de cuántos niños pasarían por sus brazos; sólo recuerda que entre los vecinos auxiliaron a muchos. Aunque ella sí tomó terapia psicológica tras este suceso, no olvida que también vio a muchos niños sin vida.

En los 17 años que han transcurrido, Lupita vive en el mismo sector, ya tiene tres hijas y sigue cruzando la calle para ayudar a su esposo en el taller. En este tiempo han pasado muchas cosas que han cambiado la mentalidad de los hermosillenses respecto al incendio de la Guardería ABC.

Las alertas siguen encendiéndose porque las medidas de protección civil no protegen de todo a la población; han ocurrido otros incendios y se han cobrado más vidas. Los niños rescatados son adultos, algunos estudian, algunos vuelven al lugar donde “volvieron a nacer”, otros son vecinos con quienes se cruzan en la cotidianidad, y muchos niños y padres no han vuelto.

“Se hizo lo que se pudo. Todavía en la noche andaban los papás angustiados buscando a sus niños, tocando puertas, preguntando si no teníamos a sus niños aquí”.

Recuerda también que esa noche no tuvieron luz en el sector del incendio, en el sur de Hermosillo, donde las familias de por sí en la oscuridad personal buscaban a sus niños, rescatados o heridos, en la penumbra que cayó en la Y Griega; donde muchos vecinos, esa y muchas noches, han perdido el sueño.

Foto: Judith León
Foto: Judith León
Foto: Judith León
Foto: Judith León
Foto: Judith León

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Autor(a)

Judith León es reportera y editora originaria de Hermosillo, Sonora, México .
Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora y está diplomada en Periodismo Digital por el Instituto Tecnológico de Hermosillo y por la Universidad Kino.
Forma parte del equipo ganador del Premio Nacional de Periodismo 2014 en la categoría de Cobertura Noticiosa.
Escribe narrativa, tiene obra publicada en varias compilaciones y es coautora del libro De ladrillo, concreto y asfalto, del Colegio de Ingenieros Civiles de Sonora.

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