“El fuego estaba cayendo a chorros en la Guardería ABC”

José Guadalupe Ibarra recordó cómo se quitó la camiseta ‘tira huesos’ para poder agarrar a los niños y ponerlos a salvo del incendio el 5 de junio de 2009

Fotos: Judith León

Hermosillo, Sonora.- José Guadalupe Ibarra Moreno, Josecito, es uno de los héroes anónimos que se metió a la Guardería ABC el 5 de junio de 2009 a sacar niños mientras el inmueble se incendiaba.

El vecino de la colonia Y Griega recordó que ese viernes de hace 17 años, él estaba con su hermano Francisco Antonio y su amigo Cayetano en un arroyo, como a 800 metros de la guardería ubicada en Mecánicos y Ferrocarrileros.

Estábamos fumando y conviviendo cuando vimos que empezó a salir humo del lado de la guardería, corrimos para ver qué pasaba porque pensábamos que era en la gasolinera. Yo le hablaba a mi familiar par que corrieran de la casa, “porque no vaya ser que explote”, recordó.

“Todas esas mochilitas son los niños que hay adentro”

José tenía 22 cuando ocurrió el incendio de la Guardería ABC

“Josecito”, como lo conocen en el barrio, agregó que salieron corriendo a otra calle y vieron a una señora que gritaba pidiendo ayuda, diciendo algo de los niños; así se enteraron que lo que se estaba incendiando era la guardería.

“Mi hermano, Cayetano y yo vimos que era un borlote grandísimo, muchachas corriendo con los niños para la casa de la esquina y, sin pensarla… no la pensamos… Yo traía un short y una tira huesos, y órale”.

Preguntaron a una maestra si había niños adentro. “Volteó, había muchas mochilitas colgadas y dijo, ‘Mira, todas esas mochilas son los niños que hay adentro’. ¡Chíngale! pues ahí te vamos, ahí te vamos. Y nos metimos sin pensarla”.

El entrevistado comentó que fueron los primeros que llegaron y se metieron, el humo estaba a 50-60 centímetros del piso, “parejito”.

Compartió que llegó un bombero que andaba solo y con una pipa que ni agua traía, “estaba parado a media calle”.


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Dijo también: “Le dijimos, pues bájate en la manguera, te ayudamos. Si no traigo agua, nos dijo, Vengo a acudir al apoyo porque estaba cerquita de aquí, como bombero… y pues, vamos a meternos. Y órale, él por delante y nosotros por detrás. Y ahí te vamos, agarrando lo poquito que veíamos, porque no se miraba nada. Jalando los cuerpecitos de los niños”.

El recuerdo de José, de esa tarde de junio, es que los niños estaban muy quemados, los tocaban y se sentía su piel caliente.

“Me tuve que quitar las tira huesos para poder agarrarlos y sacarlos. El caso que yo saqué como unos cuatro bebés. Uno ya más grandecito y una niña”.

Qué tan chiquito es el mundo

Con una sonrisa dijo “Qué tan chiquito es el mundo. Me tocó ir a pintar la casa de su mamá. En las Lomas. Una vez me contrataron para pintar una casa y en la plática salió lo de una gran tragedia”.

Dijo que la señora a quien le estaba pintando la casa se quedaba pensativa, mientras él seguía hablando y le decía de una niña que sacó, le contaba que, de la desesperación, le dio respiración de boca a boca y, como a la cuarta vez, respiró, “Está viva, órale, se la pasé a mi herma no y se la llevaron”.

Más tarde llegó una joven a la que la señora de la casa le dijo, Mira él es José. Era la niña que él salvó, a la que vio muchos años después del incendio.

José recuerda que “después llegó el gobierno”, refiriéndose a patrullas municipales y estatales, y los quisieron sacar de la labor de rescate, aunque ellos no querían porque lograron sacar a muchos. Él sacó cuatro niños, Cayetano -quien está plasmado en el mural/memorial del auditorio de la Comisión Estatal de Derechos Humanos- sacó cinco y su hermano “sacó otros pocos”.


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El mismo gobierno nos dijo ya no se metan, y nosotros decíamos ¿cómo que no nos vamos a meter?, si hay muchos niños ahí adentro?

Recuerda que entraron a un cuartito y estaban todos los niños juntitos, acostados:

“Los huarachitos prendidos, el pelito quemado. Ya no estaban vivos. Fue muy impresionante porque estaban acomodados en sus colchonetitas en el piso, la orilla prendida… A la madre, fue algo muy fuerte”.

Los marginados

En 2009, José tenía 22 años. Ahora tiene 39 años y tres hijos. ¿Qué sentías José?, le pregunto. Es algo que todavía siento. Es algo que no ha trascendido en mí, es algo con lo que he lidiado a diario. Cada vez que paso por ahí.

Este héroe de la Y Griega, este chamaco del barrio, no ha tomado terapia para sanar esa herida, para trabajar ese duelo. Nadie le ha ofrecido esa ayuda.

Tampoco hubo interés por valorar su salud después de entrar al incendio, de inhalar humo de la lluvia de poliuretano que hubo en el lugar.

Él piensa que sí puede haber un daño psicológico, emocional, por todo lo que vio. No tuvo ninguna quemadura, pero piensa que una fatiga que ha sentido en el pecho puede ser una secuela de ese viernes 5 de junio.


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“Sí nos pegamos un tiro, alrededor de 15-20 minutos inhalando el humo tan fuerte, del poliuretano que estaba cayendo. Pero, éramos los marihuanos del barrio. Nos hicieron a un ladito”.

¿Qué crees que pasó?

José piensa que el incendio de la Guardería ABC, el de la tienda Waldo’s el 1 de noviembre de 2025 y otros eventos catastróficos de este tipo han ocurrido porque “las cosas no se hacen como deben de hacerse, malo que lo diga pero sabemos que el gobierno, con una feria otorga permisos a cualquier persona.


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Habló también de que los incendios ocurren para que el seguro pague a las empresas y se solventen así los malos manejos o la quiebra; señaló también que, en el caso de la Guardería ABC han escuchado que la intención era quemar el almacén contiguo, donde había documentos del gobierno estatal encabezado por Eduardo Bours.

José ha escuchado que hubo la indicación de quemar dicha bodega por la madrugada, pero se equivocaron e iniciaron el fuego cuando los niños dormían la siesta, provocando el dolor que todavía existe.

Qué ha pasado en 17 años

En este tiempo, muchos se han acercado a los héroes anónimos, a los sin voz, a los sin rostro; les han ofrecido beneficios como una derechohabiencia en el IMSS, una placa de reconocimiento, les han pedido papeles, firmas, copias de sus identificaciones, y no ha pasado nada.

Les han prometido dinero, abogados y otras personas se han acercado a hablarles de miles de pesos, previo cobro por manejo “legal”, luego los señalan de querer aprovecharse de la tragedia.

“Yo no les pedí. Yo lo hice de buen corazón. Yo lo hice porque mi Dios me protegió, porque si yo le contara que estaba el fuego, y yo sin camiseta, en chores, en guarachis, y metiéndome a rescatar a los niños. Sin pedir nada a cambio”.

Ha habido personas que dicen que queremos lucrar con su dolor , “en lugar de decir gracias por apagar nuestro dolor, por haber salvado algo que les duele”.

El llanto que duele

En 17 años, Josecito ha tenido tres hijos, de 15, 9 y 1.8 años, y sus llantos de han “partido el alma”, porque los relaciona con el llanto de los niños que estaban en la Guardería ABC aquel 5 de junio. “Me imaginaba todo. Paso por ahí y lo recuerdo”.

¿Lo volverías a hacer, José?

Claro que sí. Claro que sí lo volvería a hacer. Sin pensarlo.


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Autor(a)

Judith León es reportera y editora originaria de Hermosillo, Sonora, México .
Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora y está diplomada en Periodismo Digital por el Instituto Tecnológico de Hermosillo y por la Universidad Kino.
Forma parte del equipo ganador del Premio Nacional de Periodismo 2014 en la categoría de Cobertura Noticiosa.
Escribe narrativa, tiene obra publicada en varias compilaciones y es coautora del libro De ladrillo, concreto y asfalto, del Colegio de Ingenieros Civiles de Sonora.