El fútbol llegó hablando inglés y terminó gritando gol en muchísimos acentos, entre ellos el hispano

Hoy les voy a contar una historia que empieza en barco y termina en un grito de gooooool. A ver, díganme algo: ¿ustedes creen que el fútbol siempre fue nuestro? ¿Que siempre se gritó en español, con esa pasión que nos sale por los foros cada mundial? Pues no, mis queridos: el fútbol llegó de afuera, llegó hablando inglés.
Esto fue a finales del siglo XIX. Llegaron los ingleses, comerciantes, marineros, ingenieros, y con ellos trajeron sus costumbres: el té, los trenes y una pelota. En Buenos Aires, en 1867, un grupo de jóvenes ingleses fundó un club de fútbol y el 20 de junio de ese año jugaron el primer partido que tenemos documentado en toda la región: 8 contra 8, gorros rojos contra gorros blancos; ganaron los rojos 4 a 0.
Ahora, aquí les cuento un secretito. Hay historiadores que dicen que en realidad ya se jugaba desde 1864, tres años antes. ¿Por qué les digo esto? Porque hasta las historias de los orígenes a veces se acomodan un poquito con el tiempo. Y eso lo vamos a ver más adelante.
Y a México, ¿cómo llegó la pelota? Aquí la historia tiene su propio sabor, con acento de Hidalgo. Resulta que en 1824 llegaron mineros ingleses de un lugar llamado Cornualles a trabajar las minas del Real del Monte en Pachuca. Y estos señores, entre jornada y jornada, después de sacar la plata de la tierra, se ponían a jugar. Primero criquet, después fútbol. Ahí, junto a la mina de Dolores, rodaron los primeros balones de cuero en nuestro país. Y de esos partidos entre mineros ingleses y trabajadores mexicanos nació, hacia finales de ese siglo, el Pachuca Athletic Club, el primer club de fútbol formal de México.

Y miren, no me vayan a malentender. El fútbol que llegó de Inglaterra no es lo mismo que el juego de pelota que jugaban nuestros antepasados mesoamericanos. Son cosas distintas, no hay que confundir una cosa con la otra. Pero sí les voy a decir algo: mucho antes de que llegara ningún inglés a estas tierras, ya nos reuníamos alrededor de una pelota, ya teníamos cancha, ya teníamos ritual, ya teníamos comunidad. Así que cuando la pelota inglesa llegó, pues cayó en tierra que ya sabía de qué se trataba eso de jugarse la vida, el orgullo, la fiesta en torno a un balón.
Mientras tanto, allá en el sur, en Argentina, Uruguay, Brasil y Chile, el fútbol crecía con fuerza. En 1916, esos cuatro países fundaron la primera confederación de fútbol de todo el mundo. Y años después, allá en 1930, Uruguay se llevó la primera Copa del Mundo jugada en su propia casa.
Para entonces, mis queridos, ya no estábamos copiando nada, estábamos inventando nuestra propia manera de jugar: más técnica, más callejera, más nuestra. Y así fue como el fútbol dejó los clubes elegantes y se fue a los llanos, a las calles, a los terrenos baldíos. No hacía falta cancha perfecta, ni uniforme, a veces ni pelota de verdad; bastaba un pedazo de tierra, dos piedras de portería y ganas de correr.
Eso sí, les voy a dejar una reflexión para que se la lleven con este cafecito del Espresso Cultural. Muchas de las historias que contamos del fútbol también son un poquito leyenda. El estilo nacional, la garra, algo de verdad tienen, pero también simplifican una historia mucho más rica, más mezclada con varios orígenes: uno inglés, uno minero, uno de barrio. Porque al final, mis queridos, el fútbol llegó hablando inglés y terminó gritando gol en muchísimos acentos, entre ellos el nuestro.

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Plumas invitadas de Conecta Arizona

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