Arizona: el miedo tiene rostro cubierto

Identificar a un agente de ICE en la calle solía ser sencillo; además del uniforme y el chaleco con las siglas, había algo en el porte que los delataba. Ya no. Esconden sus rostros, usan ropa de civiles, intentan camuflarse con los demás y, en Arizona, los mismos oficiales se parecen mucho a sus “blancos”. Sí. Un latino contra otro.
¿Por qué hablo de esto? Porque cada día hay más reportes de detenciones hormigas que, si no fuera porque un miembro de la comunidad documenta, pasarían desapercibidas. No son encuentros amigables; de hecho, muchos son violentos y perturbadores.
En Arizona no hemos tenido redadas masivas como los operativos grandes, escandalosos y mortales que se han visto en otras partes del país. Esto no significa que no haya arrestos ni abusos de poder. Todos los días se encienden los grupos de WhatsApp con vigilantes comunitarios que documentan la presencia de las autoridades. Es muy difícil diferenciar a los agentes locales y los federales. Distinguir entre los buenos, los malos y los peores se ha convertido en una labor titánica.
Los números ayudan a entender por qué. Registros internos de ICE obtenidos por el Deportation Data Project muestran que los arrestos de ICE bajo custodia en Arizona aumentaron de 1,249 durante el año fiscal 2024 a 3,821 durante el año fiscal 2025. Es decir, se triplicaron en un año.
En nuestras comunidades tampoco podemos hablar de una “invasión” de agentes de inmigración. Somos un estado fronterizo. Siempre han estado aquí, en todos sus departamentos y facetas, bajo distintas administraciones. Esos agentes que hoy se han convertido en verdugos del pueblo en la percepción popular, también han sido esposos, amigos, compadres, padrinos y vecinos de algún indocumentado. Muchos eran racistas de clóset, que apenas bajo esta administración han decidido destaparse. Por eso cuesta tanto hablar de redadas, cuando por mucho tiempo hemos dormido con “el enemigo”.

Y el conocer a los agentes era lo que les daba a muchos una tranquilidad falsa, porque no son de los suyos, a pesar de los vínculos existentes. Hoy, muchos de los que aparecen en esos operativos son desconocidos para la comunidad. Vienen de fuera, no conocen la frontera ni su gente, y ejercen un poder que puede marear a cualquiera. Son avorazados.
Con ellos, que no son todos, pero sí muchos, no se trata solo de cómo se visten y qué vehículo usan. Ahora se trata de determinar de qué son capaces para subir de rango. Y esto es muy peligroso. También lo es que tengan tantos fondos.
ICE sostiene que su misión es hacer cumplir las leyes migratorias y proteger la seguridad pública y nacional. La agencia afirma que sus oficiales de Enforcement and Removal Operations (ERO) enfocan sus acciones en personas que consideran un riesgo para la seguridad nacional o pública, y en quienes han violado leyes migratorias federales. Pero los videos que circulan en redes sociales y los que organizaciones defensoras de derechos humanos documentan dejan una pregunta: ¿son todos criminales?
En Conecta Arizona, todos los días recibimos una docena de videos y mensajes de audio reportándolos. Las detenciones que antes eran pacíficas terminan en migrantes sometidos contra el piso, a pesar de no mostrar resistencia. Quienes los documentan dicen que se disfrazan, hacen trampa, leen correspondencia ajena, patean puertas, quiebran ventanas, rocían gas pimienta y amenazan. Eso también nos lo cuentan quienes han sido detenidos, sus familiares, abogados y personas ya deportadas.
Las denuncias sobre el uso de gas pimienta y fuerza física no son solo rumores en Arizona. Los reportes nos hacen preguntarnos: ¿Así es como ahora se imparte justicia en la tierra que antes fue conocida como el país de la democracia?

Queremos que Conecta Arizona sea ese lugar en donde podamos darle un espacio, un eco y amplificar tus historias.
Plumas invitadas de Conecta Arizona

Comentarios (0)
No hay comentarios en esta publicación.