Missing in Arizona: ponerle nombre a la ausencia

Phoenix, Arizona. – A las diez en punto se abrió el registro y comenzó la fila. Al vestíbulo del West Campus de la Universidad Estatal de Arizona (ASU), las familias llegaron con carpetas de plástico, fotografías impresas y una historia. Del otro lado de la mesa, el personal pedía el nombre de la persona desaparecida, un gesto simbólico que reflejaba el propósito central del encuentro: poner nombre a las personas desaparecidas en Arizona.
El encuentro estaba montado como una exposición: mesas con mantel alineadas, folletos, anuncios, artículos promocionales y, sobre todo, la posibilidad de hablar con autoridades y disolver laberintos burocráticos.
En la logística del evento, cada familia era dirigida a un módulo del consultorio médico forense del condado. Ahí se revisaban bases de datos y se creaban registros. Más adelante, personal de la unidad de Personas Desaparecidas de la Policía de Phoenix tomaba muestras de ADN con un hisopo bucal. Explicaban que esos perfiles genéticos se cotejan con registros locales y nacionales. En el mismo salón estaban los consulados de México, Perú y Guatemala, para orientar a quienes buscan a alguien a través de una frontera y no saben por dónde empezar.

El horario era amplio, de las diez de la mañana a las cuatro de la tarde. Suficiente para sentarse, relatar, corregir fechas, agregar señas particulares. También estaba planeada una vigilia: un espacio para recordar.
En Arizona hay más de dos mil restos sin identificar. Dos mil cuerpos que necesitan ADN para recuperar un nombre. La meta del día era esa: conectar datos y ofrecer a cada familia una ruta posible.
La supervisora de investigaciones del Médico Forense del condado de Pinal, Suzi Dodt, explicó que este tipo de encuentros han mostrado resultados concretos. “En años anteriores, las jornadas de Missing in Arizona han permitido dar respuesta a casi 50 familias, y esperamos que nuestros esfuerzos de este año ayuden a resolver más casos de personas desaparecidas, ahora y en los años por venir”, dijo Dodt.
Las organizaciones en el terreno
Las organizaciones civiles ocuparon la fila principal dentro del salón. María Louise Edwards, de Águilas del Desierto, grupo que desde 2012 busca migrantes desaparecidos en el desierto, compartió su balance del año.
“Ahora estamos revisando casos antiguos y apenas un puñado de casos nuevos, porque ya no está cruzando tanta gente. Las llamadas han bajado drásticamente, pero seguimos atendiendo casos nuevos y revisando los antiguos que no se resolvieron”, indicó Edwards.
Pese a la disminución de reportes, el trabajo no se detiene. La organización mantiene coordinación constante con las autoridades federales para ampliar su capacidad de búsqueda.
“Trabajamos en coordinación con la Patrulla Fronteriza, especialmente con su programa de migrantes desaparecidos. Eso nos permite acceder a zonas donde normalmente no podríamos buscar. Desde que comenzamos en 2012, esa colaboración ha permitido rescatar con vida a más de 1.050 personas y hemos recuperado más de 200 cuerpos”, dijo.
Esa relación institucional, explicó, también acelera la respuesta cuando hay pistas claras.
“Cuando una familia nos contacta y hay una ubicación exacta, entregamos esa información de inmediato a la Patrulla Fronteriza”, comentó. El tiempo, sin embargo, sigue siendo el enemigo.
“Buscamos físicamente hasta dos semanas, porque después de ese tiempo, dadas las condiciones extremas del desierto, las posibilidades de sobrevivir son mínimas”, resaltó Edwards.
Los Capellanes del Desierto y el rastro de las coordenadas

En otra mesa, los Capellanes del Desierto insistían en un detalle que puede ahorrar horas de búsqueda: registrar y compartir coordenadas. Una ubicación, por mínima que parezca, puede ser la diferencia entre una espera ciega y un punto de partida.
“Estamos dando información por las personas que quedaron desaparecidas en el desierto. El día de hoy se han acercado personas con familiares desaparecidos a esta mesa; ya están viniendo a hacerse la prueba de ADN.”
Los capellanes explicaban a las familias que, cuando alguien desaparece en el desierto, los primeros datos son cruciales: nombre, fecha y lugar de nacimiento, la frontera que cruzó, la última ubicación conocida y cualquier punto de referencia —un cerro, una vereda, una señal— que permita reducir el terreno de búsqueda.
Un espacio para la memoria
Asistieron organizaciones de apoyo a víctimas, consulados, personal de la Oficina de la Fiscal General de Arizona y representantes de las oficinas del médico forense de los condados de Pinal y Maricopa.
El encuentro, organizado por la Oficina de la Fiscal General de Arizona junto con las oficinas del médico forense de los condados de Pinal y Maricopa, y diversas agencias locales de seguridad y apoyo comunitario, reunió a autoridades, especialistas y familias para avanzar en la identificación de personas desaparecidas en el estado.
Más que un acto institucional, Missing in Arizona fue un intento por darle forma al duelo suspendido: un día para recordar, preguntar y encontrar una respuesta.

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Plumas invitadas de Conecta Arizona
