Bajo el designio de Marte. Una crónica más acerca del destino manifiesto

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Arte: Daniel Robles

➡️ Ángel H. Valenzuela / Plumas Invitadas

El siglo XXI no ha traído la paz prometida, sino el resurgimiento de los cultos solares y los semidioses de la guerra. Hoy, el teatro militar se ha vuelto nuestra cotidianidad, y los actores que lo dirigen ya no son simples administradores, son figuras consagradas que mezclan el rango militar con la magistratura suprema. Al puro estilo de la antigua Roma y Grecia, vivimos una época donde el poder, la riqueza y, sobre todo, el tiempo, permiten a unos pocos proyectar su voluntad más allá de lo humano.

En la antigüedad, un general victorioso era elevado a la categoría de deidad. Hoy, la historia se repite: si eres un militar de alto rango y además ostentas la presidencia, la narrativa mediática te consagra como un semidiós moderno. Esta concentración de poder inyecta un “sentido” artificial a las vidas de las masas, quienes, seducidas por la promesa de expansión, se lanzan a la guerra contra aquellos que consideran “por civilizar”. El apetito por someter no ha cambiado; solo ha cambiado el alcance de las armas.

Según el SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute), el gasto militar mundial alcanzó en 2025 la cifra récord de 2.5 billones de dólares. Este capital no busca la defensa, busca la expansión, financiando el apetito de estados que han adoptado la guerra como su único lenguaje de obtención.

Bajo el designio de Marte, el dios mítico de la guerra, los conflictos con los vecinos ya no son disputas por fronteras terrestres agotadas, sino escalones para la conquista de la última frontera: el espacio sideral. La guerra se ha convertido en el medio para saciar el hambre de territorio, pero el territorio ya no es solo tierra y agua; es el vacío orbital y la hegemonía cósmica.

En 2024 y 2025, el número de lanzamientos con fines exclusivamente militares superó a los de investigación científica por una proporción de 3 a 1. La “paz espacial” es un mito; las órbitas bajas están siendo militarizadas por las mismas potencias que hoy declaran guerras en aras de una supuesta “civilización”.

Paradójicamente, avanzar hacia las estrellas es nuestro regreso al pasado más primitivo. Buscamos el espacio exterior para replicar el modelo de conquista que Roma impuso en el Mediterráneo. Quienes tienen el poder y el tiempo han decidido que la Tierra es un tablero pequeño y han puesto sus ojos en Marte, esperamos que sea para salvar a la humanidad, perdón por el sarcasmo.

La expansión se vende como una promesa de futuro, pero es el eco de un pasado donde el más fuerte designa quién vive y quién muere. Mientras usted y yo observamos este teatro desde la platea, los nuevos Césares preparan sus naves. Por último, deseo compartir este breve poema, que trata de reflejar en pocas palabras lo aquí expuesto. Muchas gracias por su lectura. Puede dejarnos un comentario.

Terra
Forjada
En los ríos
De sangre
La carne
Del hijo
Y la hija
Desgarrada
Porque el puerco
Puede elevarse
Para estacionarte
Enemigo vil
La madre
Contra el hijo
Envenenado la mente
De un futuro que no existe
Del presente que se consume
Del pasado que
aún respira
Lo que un día fue
La cuna de los dioses
Hoy no es más
Que la tumba
De los hombres.

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