The Outer Space Treaty / Tratado del Espacio Exterior

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Arte: Daniel Robles

➡️ Rosalba Ruiz Reyes / Plumas Invitadas

Apolo 17 fue lanzado el 7 de diciembre de 1972 y constituyó la última misión tripulada a la Luna, marcando el cierre del programa Apolo de la NASA. Décadas después, el 1 de abril de 2026, se lanzó la misión Artemis II, cuyo objetivo es regresar a los seres humanos a la Luna como paso previo a la exploración de Marte.

La nave utilizada para esta misión se llama Orion y es impulsada por el cohete más potente jamás construido: el Sistema de Lanzamiento Espacial (Space Launch System, SLS). Esta tecnología de vanguardia permite la exploración espacial humana mediante sistemas avanzados de propulsión que facilitan acelerar, desacelerar y maniobrar la nave en distintas direcciones.

En medio del caos moral, político, económico y social que atraviesa el mundo, el viaje de Artemis II sirve como un recordatorio de la grandeza que la humanidad es capaz de alcanzar. Sin embargo, precisamente por ese contexto de crisis global, resulta fundamental recordar la existencia del Tratado del Espacio Exterior, oficialmente denominado Tratado sobre los principios que rigen las actividades de los Estados en la exploración y el uso del espacio ultraterrestre, incluida la Luna y otros cuerpos celestes.

Este tratado internacional establece el marco jurídico para la exploración y el uso del espacio exterior con fines pacíficos. Fue negociado y redactado bajo los auspicios de las Naciones Unidas, abierto a la firma el 27 de enero de 1967 en los Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética, y entró en vigor el 10 de octubre de ese mismo año. En la actualidad, 113 países son parte del tratado.

El Tratado del Espacio Exterior surgió como respuesta a tres factores principales:

1.el desarrollo de misiles balísticos intercontinentales en la década de 1950, capaces de atravesar el espacio exterior; 2. el lanzamiento del Sputnik, el primer satélite artificial, en 1957; y 3. el contexto de la Guerra Fría y la carrera armamentista.

Estos acontecimientos aceleraron la necesidad de establecer normas que prohibieran la militarización del espacio exterior.

Las principales disposiciones del tratado incluyen:

•La exploración y utilización del espacio exterior se llevará a cabo en beneficio de todos los países y será patrimonio de toda la humanidad.

•El espacio exterior será libre para su exploración y uso por todos los Estados.

•El espacio no está sujeto a apropiación nacional, ya sea por reclamación de soberanía, uso, ocupación u otros medios.

•Los Estados no colocarán armas nucleares ni otras armas de destrucción masiva en la órbita terrestre ni en cuerpos celestes.

•La Luna y otros cuerpos celestes deberán utilizarse exclusivamente con fines pacíficos; se prohíbe el establecimiento de bases militares, la realización de maniobras militares o la prueba de armas de cualquier tipo.

•Los astronautas serán considerados enviados de la humanidad.

•Los Estados Parte deberán informar inmediatamente a la Asamblea General de las Naciones Unidas y a los demás Estados sobre cualquier fenómeno que pudiera representar un peligro para la vida o la salud de los astronautas.

•Los Estados son responsables de las actividades espaciales nacionales, ya sean realizadas por entidades gubernamentales o no gubernamentales.

•Los Estados son responsables de los daños causados por sus objetos espaciales.

•Los Estados deberán evitar la contaminación nociva del espacio exterior y de los cuerpos celestes.

El Tratado del Espacio Exterior constituye la base del derecho espacial internacional y representa un acuerdo fundamental para garantizar la exploración pacífica del espacio. Ha contribuido a prevenir su militarización y a fomentar la cooperación internacional, siendo un claro ejemplo de ello la Estación Espacial Internacional.

No obstante, han surgido nuevos desafíos que ponen a prueba su alcance, como el desarrollo de tecnologías emergentes (por ejemplo, la minería espacial), la creciente participación del sector privado, la responsabilidad derivada de los desechos espaciales y, sobre todo, la necesidad de una gobernanza efectiva del espacio exterior.

Frente a estos avances, se observan dos corrientes de pensamiento. La primera cuestiona el gasto de miles de millones de dólares en la exploración espacial cuando, de acuerdo con informes de la Organización de las Naciones Unidas, aproximadamente 733 millones de personas padecen hambre y más de 1,100 millones viven en condiciones de pobreza extrema. La segunda corriente, en cambio, ve en la exploración espacial una oportunidad histórica: avanzar hacia lo desconocido, explorar la última frontera y descubrir qué nos espera en un futuro que ya ha comenzado.

Nos encontramos en un punto crucial de la historia de la humanidad. Podemos optar por un rumbo orientado al bien común, donde los descubrimientos y avances logrados en el espacio exterior contribuyan al progreso de toda la humanidad; o bien, repetir patrones del pasado, marcados por la conquista, la explotación y el beneficio de unos pocos, ahora trasladados al ámbito espacial.

Por ello, resulta esencial que la comunidad internacional conozca, respete y haga cumplir el marco legal existente para el espacio exterior, garantizando que su exploración se realice de manera ética, pacífica y en beneficio de todos.

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Plumas invitadas de Conecta Arizona

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