“Cada día es de supervivencia”: la crisis médica de Karla Fimbres mientras espera resolución de CBP

Mientras sus abogados en Phoenix luchan por desclasificar esa evidencia para apelar la revocación de su visa, la joven madre libra una batalla mucho más cruel en Sonora: la de su propia supervivencia.
A meses de que le fuera prohibido el cruce, las secuelas de su accidente y la falta de atención médica la han atado a una andadera, sumiéndose en un laberinto de deudas y deterioro físico.

El limbo legal: A la espera de los videos de CBP
En el frente legal, el proceso avanza a cuentagotas. Su equipo de defensa migratoria en Phoenix, la firma Ibarra Maldonado, está a la espera de que la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) entregue el expediente completo de Karla.
Este registro no es sólo un historial de entradas y salidas impreso; la defensa solicitó las grabaciones de las cámaras corporales (bodycams) de los agentes, los videos de la garita y las transcripciones de las entrevistas que derivaron en la revocación de su visa.
“Todo eso es lo que me van a entregar, todo el contacto que se ha tenido conmigo […] para que esté sustentado todo y se apele con ellos para que te regresen la visa”, explicó Karla, quien tiene programada una reunión clave esta semana con su abogado para definir los siguientes pasos, aunque la respuesta de CBP podría demorar hasta principios de abril.
Un deterioro físico y emocional acelerado

El mayor impacto de esta pausa forzada ha sido en su cuerpo. Karla depende hoy de una andadera (walker) debido a severos problemas de equilibrio, además de una silla especial para poder bañarse. A las secuelas de su accidente en la columna, y la zona lumbar, se le sumó recientemente una laringitis aguda.
El ambiente agrícola y la humedad de Ciudad Obregón han agravado su condición pulmonar, obligándola a usar cubrebocas incluso para salir a caminar. “Si doy una caminadita o algo, no puedo respirar muy bien. Me están haciendo falta mis terapias pulmonares y mi terapia física”, relató.

El impacto emocional es igualmente profundo. Karla confiesa sufrir ataques de pánico diarios derivados del trauma del accidente y de la amarga experiencia en la garita. Al no poder cruzar, también perdió el acceso a la atención psicológica que recibía de aquel lado de la frontera.
El alto costo de enfermarse en México y los préstamos abusivos

Antes de perder su visa, los gastos médicos y de transporte de Karla en Estados Unidos estaban cubiertos como parte del proceso legal derivado de su accidente de tránsito. En México, la realidad es diametralmente opuesta. Una reciente complicación de salud le costó cerca de 400 dólares en consultas privadas y medicamentos, una cifra incosteable bajo sus circunstancias actuales.
Para sobrevivir, Karla ha tenido que recurrir a financieras que otorgan adelantos sobre futuras indemnizaciones legales. Sin embargo, las condiciones son asfixiantes. “Son intereses extremadamente elevados. No tienes idea; si te prestan 5 mil, ellos te cobran 14,000. Es necesario, porque cuando yo estaba allá, todo se cubría por medio de mi caso legal”, lamentó.

A este escenario se suma la situación de su hijo pequeño, quien tiene necesidades especiales. Las terapias para él en Sonora son escasas, costosas y no tienen la frecuencia requerida. Además, los fondos de indemnización que le corresponden a su hijo por el accidente están congelados a la espera de que una corte estadounidense autorice la apertura de una cuenta bancaria a su nombre.
“Cada día es difícil para mí, es como una supervivencia la verdad”, confesó Karla, aferrada a la esperanza de recuperar su visa. “Estoy luchando mucho por mi hijo y por mí, pidiéndole a Dios que se haga justicia, que pueda yo entrar a mis citas médicas y que me atiendan”.

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