Una tragedia que partió en dos la vida de Karla García Fimbres: la burocracia del sistema migratorio de Estados Unidos le quitó su derecho a recibir atención médica vital

Lo que prometía ser un viaje rutinario de compras y trámites familiares en Arizona, se transformó en una tragedia que partió en dos la vida de Karla Lizeth Garcia Fimbres.
Hoy, desde su natal Ciudad Obregón, Sonora, Karla libra una doble batalla: una contra las graves secuelas de un accidente automovilístico que casi le cuesta la vida, y otra contra la burocracia y la insensibilidad del sistema migratorio de los Estados Unidos, que le ha arrebatado su derecho a recibir atención médica vital.
Tras sobrevivir a un impacto brutal, semanas en coma y depender de una máquina para respirar, Karla, su esposo y su hijo pequeño —ciudadano estadounidense— fueron tratados “como criminales” en la garita de Nogales, Arizona. Les cancelaron sus visas, les negaron el acceso a sus medicamentos y fueron expulsados con un castigo de cinco años. Esta es la historia de una madre que lucha contra el tiempo para recuperar su salud y el futuro de su hijo.

El accidente: Un giro a la izquierda hacia la tragedia
La pesadilla comenzó el 26 de mayo de 2023. Karla, quien contaba con una visa de turista vigente desde 2019 y un historial migratorio intachable, se encontraba en Mesa, Arizona. Había viajado junto a su esposo, Daniel David Cota Alatorre, y su hijo de un año y medio para visitar a unos amigos, hacer compras y realizar trámites relacionados con la identidad ciudadana de su pequeño, nacido en Tucson en 2021.
Esa tarde, Karla conducía su vehículo azul de regreso a la casa donde se hospedaban. Al intentar dar una vuelta a la izquierda en la calle Vista, con la luz del semáforo en verde y asegurándose de que la vía estuviera libre, el destino la embistió con fuerza brutal.
Un camión de volteo (dump truck) particular, que circulaba a exceso de velocidad, impactó el costado derecho de su automóvil, aplastándolo finalmente contra una caja de irrigación. El accidente fue de tal magnitud que acaparó los titulares de las cadenas de noticias locales como ABC, Fox y 12 News.
Las investigaciones posteriores revelarían una cadena de negligencias por parte del conductor del camión: no contaba con licencia para operar ese tipo de unidad, los frenos del vehículo fallaban y los neumáticos estaban completamente lisos.
“En el accidente, mi hijo y yo quedamos prensados”, relata Karla. “Gracias a Dios, el niño estaba en su asiento de seguridad detrás de mí. Si hubiera estado en el lado del copiloto, hubiera muerto inmediatamente”.
Mientras Karla y su bebé quedaban atrapados entre los fierros retorcidos, su esposo vivía su propia angustia. Tras horas de no poder comunicarse con ella, llamó al 911 a la medianoche. Fue un oficial de policía quien llegó a darle la devastadora noticia: su familia había sufrido un accidente severo y se encontraba hospitalizada.
Al borde de la muerte: El milagro en cuidados intensivos
Las lesiones de Karla fueron catastróficas. Sufrió fracturas en todas las costillas del lado derecho, la clavícula y la columna vertebral. Sus dos pulmones colapsaron, presentó daño nivel tres en el hígado, nivel cuatro en un riñón, hemorragias internas y severas laceraciones en todo el cuerpo.
Ingresada de emergencia en el Banner Desert Medical Center en Mesa, Karla fue inducida al coma. Durante diez días, los médicos lucharon para detener las hemorragias masivas mediante múltiples cirugías de vientre y transfusiones sanguíneas. Sin embargo, sus pulmones seguían deteriorándose.
Ante la gravedad del cuadro, fue trasladada al hospital Saint Joseph en Phoenix para recibir un tratamiento de último recurso: ECMO (Oxigenación por membrana extracorpórea), una máquina que asume las funciones del corazón y los pulmones.
“Le informaron a mi esposo que era la última salvación. Le dijeron que solo tenía un 40% de probabilidades de vivir”, recuerda Karla.
Durante las cuatro semanas que estuvo conectada a la máquina ECMO, Karla sufrió diez infartos cerebrales en el cerebelo, según comentó, y contrajo neumonía. Contra todo pronóstico médico, sobrevivió. A partir del 5 de julio, los médicos comenzaron a retirarle la sedación. Despertó enfrentando una nueva y dura realidad: había perdido la visión en un ojo, no podía caminar, no podía hablar y dependía de una traqueotomía y sondas de alimentación.
Su alta hospitalaria llegó el 7 de agosto de 2023, marcando el inicio de un exhaustivo régimen de terapias físicas, pulmonares, vestibulares y neurológicas que la obligaron a residir temporalmente en un departamento rentado en Arizona para poder asistir a sus citas médicas diarias. Su estatus legal nunca fue un problema; cada seis meses renovaba su permiso I-94 presentando toda su documentación médica y legal, ya que el proceso de indemnización por el accidente seguía su curso en las cortes.

El impacto silencioso: El diagnóstico de su hijo
Si bien el asiento de seguridad le salvó la vida al hijo de Karla, el trauma físico y psicológico del accidente dejó secuelas profundas e irreversibles. Meses después del impacto, el pequeño fue diagnosticado con autismo severo (Nivel 3).
El retroceso en su desarrollo fue drástico. “El niño antes del accidente hablaba y comía sólido. Ahorita no habla, no come sólido y depende totalmente de mí”, explica la madre. El menor, ciudadano estadounidense, también comenzó a recibir terapias especializadas en Arizona para tratar tanto el autismo como las lesiones físicas, ya que estuvo a punto de perder un pie a causa del choque.
La frontera: Donde la burocracia aplastó la humanidad
El 24 de noviembre de 2025, la vida de Karla y su familia recibió un segundo impacto, esta vez no por un camión, sino por el sistema migratorio estadounidense.
Al intentar renovar su permiso I-94 en la garita de Nogales, Arizona, como lo habían hecho rutinariamente sin problemas, se toparon con una agente de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) que ignoró por completo su historial, su evidencia médica y su caso legal en curso.
A pesar de presentar las cartas de sus médicos, el diagnóstico de su hijo y la demanda en la Suprema Corte contra el conductor que los chocó, la respuesta de la autoridad fue la hostilidad.
“Me tocó una agente muy prepotente, muy grosera. Puso en duda mi situación médica. Cuestionó cómo nos manteníamos, a pesar de explicarle que mi esposo trabaja y que recibo adelantos de manutención por parte de los abogados. Dijo que a ella no le importaba eso”, narra Karla con impotencia.
Bajo el pretexto de “revisar el caso”, Karla, su esposo y su pequeño hijo con autismo severo fueron detenidos. Les despojaron de sus pertenencias, incluyendo joyas, celulares y hasta los cordones de los zapatos. Para agravar la humillación, Karla y su esposo fueron esposados.
La situación física de Karla, quien aún padece arritmias, hipertensión y secuelas de los infartos cerebrales, comenzó a deteriorarse rápidamente por el estrés. Solicitó desesperadamente que le permitieran tomar su medicamento para la presión y la ansiedad. La respuesta fue un rotundo no.
Al borde de un derrame cerebral por la presión arterial altísima, fue trasladada a un hospital en Tucson bajo custodia y todavía esposada. Tras tres horas sin recibir medicación, fue devuelta a la garita en una camioneta de la Border Patrol.
“Estábamos a cinco grados ese día. Me transportaron en la camioneta a esa temperatura, sin chamarra. Les decía que me haría daño a los pulmones, pero no les importó. Te tratan como animal, cuando yo nunca estuve como inmigrante ilegal ni cometí ningún delito”.
El veredicto de los agentes fue fulminante: le cancelaron la visa, fue deportada y le impusieron un castigo de cinco años para volver a ingresar a los Estados Unidos.
Una carrera contra el tiempo en México
Hoy, expulsada a Ciudad Obregón, Karla enfrenta una crisis de salud que amenaza su vida. Los especialistas y la tecnología médica que la mantuvieron con vida no están disponibles en su ciudad.
Sus pulmones funcionan apenas al 80% y están severamente cicatrizados, lo que le prohíbe volar en avión debido a la altitud. Depende de oxígeno portátil, el cual es escaso en su localidad. Sufre problemas de equilibrio por el daño en los cristales de sus oídos, lo que le ha provocado múltiples caídas. Además, necesita una cirugía urgente de vesícula, pero los médicos en México consideran que la operación es de altísimo riesgo debido a su debilidad pulmonar.
Su hijo también está sufriendo. Sin acceso a sus terapias especializadas en Estados Unidos y enfrentando la escasez del alimento especial que requiere para complementar su dieta debido a su autismo nivel 3, el niño enfrenta crisis constantes.
El clamor por una visa humanitaria
A pesar de que los propios médicos y terapeutas estadounidenses de Karla han llamado directamente a CBP advirtiendo que la vida de su paciente está en riesgo si suspende sus tratamientos, las autoridades migratorias se mantienen herméticas. Les han negado el derecho a una visa médica o parole humanitario.
El Consulado estadounidense también rechazó la solicitud de un perdón (waiver) que Karla tramitó meses atrás, a pesar de haber presentado toda la evidencia irrefutable de su caso.
Siguiendo el consejo de su abogado de inmigración, el 27 de enero de este año, Karla solicitó oficialmente sus récords de entradas y salidas al CBP a través de la Ley de Libertad de Información (FOIA, por sus siglas en inglés). El objetivo es demostrar que la cancelación de su visa fue una arbitrariedad absoluta, presuntamente motivada por “cuotas de deportación” de los agentes fronterizos, y exigir que se levante el castigo. Este proceso burocrático, sin embargo, puede tardar hasta tres meses en arrojar una respuesta. Tres meses que los pulmones y el cuerpo de Karla no tienen garantizados.
“Necesitamos regresar, no por gusto o por querer ir a Estados Unidos. Es una cuestión médica, es cuestión de vida”, suplica Karla. “Mis doctores especificaron que estoy en riesgo de perder lo que ya había recuperado. Por eso levanto la voz, ocupamos ayuda para que me dejen entrar a recibir mi tratamiento”.
Mientras los documentos viajan lentamente por los escritorios de Washington, Karla Fimbres sigue esperando en Sonora, apoyándose en una andadera para no caerse, aferrándose a la esperanza de que la empatía logre vencer, finalmente, a la burocracia de un sistema que le ha dado la espalda.

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Comentarios (1)
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Un llamado a las Autoridades competentes en esta Situación para dar apoyo a una Ciudadana ejemplar y un Ser humano en toda la extensión de la palabra, muchos no ven la gravedad de no recibir su atención médica, pero ella tiene mucha Fe en los seres humanos de bien a ellos apelamos en esta Situación por favor su mano, su voz es necesaria en esta Situación Dios los guíe y su Corazón será enormemente gratificado, Bendiciones y muchas Gracias ✨🙏🏼✨