¿Cambiarán, niños y jóvenes mexicanos, la comida chatarra por alimentos saludables en la escuela?

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Las escuelas de México fomentan hábitos saludables para prevenir enfermedades a futuro, a veces próximo. Foto: Judith León

En el actual ciclo escolar, por ley y, a partir del 29 de marzo, las escuelas públicas y privadas de México iniciaron con un programa de prevención de adicciones, promoción de la actividad física y de acciones para una vida saludable, a través de información y concientización para eliminar la promoción, distribución y venta de ‘alimentos chatarra’ y refrescos en los planteles.

Estas acciones forman parte del programa Vida Saludable, establecido en la Nueva Escuela Mexicana, y propuesto por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. La conocida como Ley Anti Chatarra tiene el propósito de reducir los índices de sobrepeso y obesidad infantil a través de la educación.

Desde septiembre de 2024 se publicaron los lineamientos para estas acciones saludables -para aplicarse desde el 29 de marzo en todo el país- en los que se establece la promoción y venta de bebidas azucaradas que tengan sellos de advertencia sobre su contenido, así como de alimentos preparados con grasa sal y/o azúcar en grandes proporciones, como pastelitos, galletas, chocolates, refrescos gaseosos o con concentrados de frutas, frituras y todo aquello que, a futuro, pueda acarrear enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión.

Arte: Daniel Robles

Estos lineamientos son para todas las escuelas de educación básica, media superior y superior, y propone la venta de frutas, verduras, alimentos preparados de manera tradicional conforme a la región de los planteles, así como la disposición -sin límite- de agua potable y segura para el consumo de la comunidad estudiantil.

El atlas de riesgos para la nutrición de la niñez en México revela que la obesidad se duplicó en niñas y niños en el rango de los 5 a los 11 años de edad en las últimas dos décadas, de 2020 a 2023, pasando de 9 % a 17.5 %. Esto ocurre, principalmente, en hogares con alto ingreso económico o bien, la madre o el padre tienen sobrepeso y obesidad.

Lo mismo ocurre en el caso de los adolescentes, además de que ambos grupos están expuestos “a alimentos ultra procesados y ricos en azúcares, así como también a la falta de ejercicio”, y la compra de alimentos baratos y de mala calidad, así como por la falta de promoción de hábitos saludables en la familia.

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Con la entrada en vigor de Vida Saludable en las escuelas, hay opiniones encontradas entre madres de familia, de Sonora, consultadas por Conecta Arizona.

En una sociedad donde la comida chatarra y la comida rápida son, para los adultos de entre 30 y 60 años, parte de la vida cotidiana que, si bien, requieren una mayor inversión y tal vez menos duración, también son una solución para los tiempos disponibles entre las responsabilidades laborales y familiares; una alternativa para tener momentos de recreación, y también para cubrir con cierto antojos, podría pensarse que la prohibición de la comida chatarra para los niños y jóvenes en las escuelas podría ser un proceso de transición difícil, al parecer hay niños que “tienen otro chip”, y se han adaptado a este cambio.

No todos los cambios han sido “tan buenos”

Los productos de venta en las escuelas son de menor tamaño y más alto precio, algunos, con igual cantidad de azúcares. Foto: Judith León

María Moreno es madre de una niña de sexto año de primaria. Lo que ella ha observado desde la implementación de este Vida Saludable es que los productos que venden en la tiendita escolar son más pequeños, aunque considera que algunos están disfrazados de sabor “frutas naturales”, pero contienen gran cantidad de azúcar.

Sí hay vendedores ambulantes, señaló Moreno, no en la banqueta de la escuela, pero sí en la acera de enfrente, así que los niños van a seguir comprando comida chatarra, aseguró.

La madre de familia dijo que la intención es buena, pero hay algunos detalles como los precios de los alimentos saludables que pueden comprar en los recreos: “Los bolis que venden en la escuela cuestan diez pesos, y lo que hay disponibles con los vendedores ambulantes son más grandes y cuestan menos, y se supone que las tienditas escolares no son negocio. Así no incentivan a los chamacos a que coman sano”.

Algo más que mencionó es que, con las altas temperaturas, hay alimentos que los niños no pueden llevar de lonche; en el caso de su hija, le gusta comer yogurt con fruta, pero no lleva porque le gusta frío y no hay donde guardarlo para que conserve esa temperatura.


Los niños traen otro chip

En el caso de Stella Borchardt, quien tiene un hijo de diez años en educación primaria, comentó que no ha “resentido” este cambio; “lo más chatarra que consumía eran jugos”, pero al niño siempre le ha gustado llevar fruta como naranjas o manzana en cuadritos.

Cuando no lleva fruta le da dinero y en el recreo compra una quesadilla o un mollete, (un pan untado con frijoles y queso gratinado), y siempre lleva agua. Así que, no ha “sufrido” este cambio porque no es consumidor de sodas o frituras.


Adiós a las bombas para el estómago

Priscila Zatarain es madre de estudiantes de primaria; ella considera que está bien que se implementen estas medidas para que las generaciones de niños y jóvenes lleven un estilo de vida saludable.

Las Sabritas y frituras picantes están en el gusto de los jóvenes, pero ya no en la oferta de la escuela. Foto: Judith León

En el entorno educativo de sus hijas, las “tentaciones” de la comida chatarra las tiene identificadas afuera, con los vendedores ambulantes que se instalan para la venta en el recreo y, sobre todo, cuando los niños salen para ir a casa. “Ya no hay. Vendían muchas frituras, duros, paletas, chicles, muchos chuchulucos”, detalló. Yo siempre les mando lunch, pero sí sé que ya no venden sodas, por ejemplo.

Además, Priscila es maestra en un Colegio de Bachilleres en Ciudad Obregón. Ahí también se aplica el fomento a los hábitos saludables y, para los preparatorianos, hay productos que ya no son opción.

Al respecto, comentó: Antes, se la llevaban comiendo Flamin’ Hot y todas esas cosas, que acompañaban con una Coca Cola. Imagínate el bombazo que se echaban; o solamente comían Maruchan o Sabritas con mucho chamoy y chile, así que les cambiaron el menú. Yo lo veo favorable, sobre todo por su sistema digestivo que es el que más lo resentía.


En el caso de la comida chatarra que se vende al exterior de las escuelas, si bien es cierto, esta situación no corresponde regular a las directivas de los planteles; además de que es una fuente de empleo y de ingresos para muchas familias; es ahí, donde tendría que entrar en acción el juicio de los padres o tutores de los niños y jóvenes, coincidieron las entrevistadas, pues serían los encargados de tomar la decisión de darle seguimiento a este plan nacional o proporcionar los productos que se busca controlar de manera formativa para la vida presente y futura.

Arte: Daniel Robles

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Autor(a)

Judith León es reportera y editora originaria de Hermosillo, Sonora, México .
Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora y está diplomada en Periodismo Digital por el Instituto Tecnológico de Hermosillo y por la Universidad Kino.
Forma parte del equipo ganador del Premio Nacional de Periodismo 2014 en la categoría de Cobertura Noticiosa.
Escribe narrativa, tiene obra publicada en varias compilaciones y es coautora del libro De ladrillo, concreto y asfalto, del Colegio de Ingenieros Civiles de Sonora.