Desde hace 54 años, José Luis Flores toma la foto del recuerdo en los caballitos de Magdalena de Kino, Sonora

José Luis Flores tenía como propósito llegar a Estados Unidos, pero el amor lo ancló en Sonora.

📷 Fotos: Judith León

Magdalena de Kino es una población mexicana ubicada a alrededor de 80 kilómetros de la frontera con Arizona, Estados Unidos. En el año 2012, recibió la categoría de Pueblo Mágico, otorgada por la Secretaría de Turismo federal, convirtiéndose en el segundo de cuatro, después de Álamos, y antes que San Carlos, en Guaymas, y de Ures.

El sitio en Internet de la Secretaría de Turismo, Sectur, señala que sus primeros pobladores fueron nativos de las tribus Tohono O’odham y Pima Alto; fue fundado por el padre jesuita -de origen italiano- Francisco Eusebio Kino con el nombre de misión de Santa María de Magdalena de Buquivaba en 1687, nombre que conservó hasta el año 1966.

Después, su nombre cambió a Magdalena de Kino, por ser 1966 el año en el que se encontraron los restos del misionero, que están expuestos en un mausoleo en la Plaza Monumental.

En este sitio de tradición, donde pobladores y visitantes se reúnen de manera cotidiana como también lo hacen dentro o fuera de la iglesia de Santa María de Magdalena, en los portales, junto al río, o bien, junto a la capilla dedicada a San Francisco Javier, quien es uno de los santos más populares de Sonora, aunque no es el patrono de la población, también hay otra tradición de la que pocos pueden extraerse.

Se trata de tomarse una fotografía con los caballitos que, originalmente eran de madera, en el exterior de la iglesia, como un recuerdo de la visita a este lugar.


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Muchos sonorenses, la mayoría -quizás- integrantes de familias devotas de San Francisco Javier, quienes acostumbraban viajar a pedir favores y milagros al santo, o agradecer por ellos, eran captados en fotografías instantáneas que conservan entre sus recuerdos.

Los tiempos y las tendencias han cambiado, aunque la fotografía sigue ofreciéndose a los turistas o visitantes, ahora se toma con cámaras digitales y se imprimen a unos cuántos pasos, en los portales, como parte de un servicio que también ofrece imágenes en miniatura, que caben en un llavero.


El amor lo dejó en Magdalena de Kino

José Luis Flores Díaz se dedica a este oficio desde hace 54 años. Es originario de Cuernavaca, Morelos. El motivo por el que este hombre anda lejos de la tierra que lo vio nacer es porque tenía la intención de migrar a los Estados Unidos. Su intención era “ir al otro lado”, dijo para Conecta Arizona. Sí ha cruzado al vecino país, pero su ancla está en Magdalena.

A pocos minutos de haber llegado a trabajar a la Plaza Monumental “del mágico”, como le llaman sus pobladores. Mientras acomodaba los tres caballitos que lo acompañan, al igual que algunos de sus familiares que encontraron en este pueblo, su forma de vida, compartió que era “feriero”, es decir, recorría el país en busca de ferias para ganar un sustento.

También fue taquero, recordó; pero, el motivo por el que se quedó en Magdalena de Kino fue “porque encontré una novia muy guapa aquí”.

Sobre la tradición de la fotografía con los caballitos, explicó que la gente ha ido haciéndola, hasta permanecer. “La gente dice que junta su dinero y se acuerda de nosotros, y junta para disfrutar de la foto en el caballito, aquí”.

Hace 54 años inició con una camarita y con un burrito de madera; las fotos eran de jalón, comentó para referirse a que eran instantáneas, con una cámara que tenía base y una cortina, con la que se cubría el camarógrafo para captar a los niños que, por su tamaño, se subían a lo que hubo antes que un caballo, que ahora tiene en tres tamaños, para niños y adultos.

Al buscar la entrevista, José Luis pidió que lo sacáramos guapo en la foto, y que no le tomáramos los pies porque no traía botas. Para su trabajo de ese día llevaba sandalias y pantalones holgados, que se mueven en cada paso que da para llamar a la gente a tomarse la foto del recuerdo y cuando se dirige a la impresora de imágenes.

Mientras, los clientes eligen si se colocan un sarape, se prueban los sombreros bordados con lentejuelas, algunas veces se los colocan al revés, y eligen el caballito en el que quieren salir.

Uno de ellos es tan alto -quizás- como un caballo real y, para evitar dificultades, los turistas hacen uso de una escalera de tres peldaños que les permita subir y bajar con comodidad. Algunos de los solicitantes de la foto tienen una de cuando eran niños y ahora, buscan actualizarla con sus hijos o nietos.

José Luis tiene hijos, nietos y bisnietos, todos han pasado por la foto y por el negocio, para ellos también es “un bonito recuerdo”.

Por ser parte de esta tradición, comentó, el Ayuntamiento de Magdalena ya no les cobra por hacer uso de la plaza y de los portales, “porque está muy dura la cosa”. Al lugar sólo acude los fines de semana, que es cuando hay más movimiento en la Plaza Monumental.

La fotografía cuesta 70 pesos, es a color, tamaño postal; los llaveros con la imagen en miniatura cuestan igual. En un buen día, señaló, tiene entre diez y veinte clientes, que pueden variar entre niños y adultos.

El caballo “más viejito” le costó 165 mil pesos “cuando no valían”, hace 54 años. Algunas de las sorpresas de esta tradición, mencionó, es cuando los turistas se acercan a los caballitos y tomar la foto con sus teléfonos celulares, esto significa que para él no hay una remuneración.

Finalmente, el fotógrafo de turistas, quien captura recuerdos y provoca nostalgias, invitó a los lectores de Conecta Arizona a visitar Magdalena de Kino, en Sonora, y llevarse una imagen tan tradicional del lugar.

Si vienen con San Francisco, advirtió, “hay que pedirle con respeto y cumplirle, porque es muy cobrador”.


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Cerca del lugar donde trabaja José Luis, trabaja Rafael León, se trata de un negocio que existe desde 1960, de la familia Cruz Alonso. En este lugar, ubicado en los portales, venden souvenirs y artículos religiosos: santos, rosarios, velas, imágenes y “bultos” de San Francisco Javier y un artículo que también es tradicional entre los devotos y los magdalenenses “de antes”, son unos listones que se conocen como “medidas”, su dimensión, color y material puede variar pero se venden en todos los locales.

Estas medidas tradicionalmente se usaban o regalaban como si fueran escapularios, por el lugar en el que se comercializan están benditos. Los devotos de San Francisco las compraban para usar y llevar como un recuerdo de su visita a Magdalena. Los adultos mayores que las recibieron, recuerdan que antes eran unas cintas de tipo tubular, no listones planos como los actuales. Quienes las regalaban, automáticamente, de convertían en padrinos de quienes las recibían.

En el negocio de Rafael León, se venden tres medidas por 10 pesos. poco menos de medio dólar.

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Autor(a)

Judith León es reportera y editora originaria de Hermosillo, Sonora, México .
Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora y está diplomada en Periodismo Digital por el Instituto Tecnológico de Hermosillo y por la Universidad Kino.
Forma parte del equipo ganador del Premio Nacional de Periodismo 2014 en la categoría de Cobertura Noticiosa.
Escribe narrativa, tiene obra publicada en varias compilaciones y es coautora del libro De ladrillo, concreto y asfalto, del Colegio de Ingenieros Civiles de Sonora.