Galería: Los vivos en gozo en el Jardín Botánico
Los mexicanos estamos tan conscientes de a dónde vamos, que mejor disfrutamos el camino, por eso las celebraciones del Día de Muertos, incluso en el extranjero, nos regresan a casa con altares a nuestros ancestros. Este es un ensayo fotográfico de nuestro director de arte, Daniel Robles, acompañado de letras de Maritza L. Félix.

Lo único que tenemos seguro en esta vida es, irónicamente, la muerte. Lo sufrimos, la lloramos, la esperamos, la llamamos, la espantamos y, a veces, la gozamos. No es que nos burlemos de la eternidad, sino que los mexicanos la entendemos mucho mejor con danzas y sarcasmo, con gastronomía y altares, con los recuerdos y las ganas de creer.
El jardín Botánico de Phoenix (Desert Botanical Garden, por su nombre en inglés) llevó a cabo una de las celebraciones más auténticas del Día de Muertos. Por dos días, los cactus se encendieron con la emoción del sabor de las tradiciones de México.
La curadora de arte Ulrike Figueroa fue la encargada de rendirle un tributo no solo a los que ya no están, sino también a los que nunca se irán. “El altar tiene un busto de la Catrina hecho en cartonería por dos artesanos de la Ciudad de México, Oscar Becerra y Rubén Mica. El grabado original lo tituló La Calavera Garbancera, pero se conoce como la Catrina”, explicó Figueroa. Y en ese altar, adornado por cerámica de Rufina Ruiz López, cientos de recuerdos, peticiones y mensajes al más allá se colgaron para honrar a seres queridos.
Entre las actividades, artistas locales enseñaron cómo hacer flores de papel maché o decorar una calaverita de azúcar, hacer un alebrije, hacer una ofrenda o pintar el rostro como La Huesuda.
El ballet folklórico se apoderó de uno de los escenarios para recorrer la República Mexicana al son de los tacones, los collares, los gritos de euforia, las marimbas y el mariachi. Después, a quienes les bailaban los ojos con las danzas, pudieron sacudir sus esqueletos. La música de agrupaciones locales lograron que las cumbias se impusieran en el desierto. Puedes ver el programa musical y los artistas que participaron aquí.
Cuando el sol comenzó a ceder, el rojizo del atardecer de Arizona sirvió como escenario para la procesión de los vivos. Más de un centenar de personas se sumaron al desfile de alebrijes y bailarines, de representaciones de pueblos ancestrales y trajes típicos mexicanos.
La celebración culminó en ese puente entre la vida y la muerte, en donde los guardianes de la eternidad brillan para iluminar el camino. Los alebrijes espantaron a los malos espíritus y danzaron para la buena suerte. Demostrando que no solo es el camino, sino quién nos acompaña en este ir y venir entre camposantos y mundos.
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Plumas invitadas de Conecta Arizona





































