El calor de Arizona agrava una amenaza invisible: los microplásticos

Arte: Daniel Robles.

Por Johani Carolina Ponce

En Phoenix, la temperatura supera los 100 grados Fahrenheit (38 grados Celsius) un promedio de 111 días al año y en 2025 ese umbral se alcanzó el 10 de abril, tres semanas antes de lo habitual. Ese calor hace algo más que agotar a sus habitantes: acelera la migración de sustancias químicas desde los envases plásticos hacia los alimentos y el agua que consumen millones de familias. Los niveles de microplásticos en el cuerpo humano aumentaron un 50% entre 2016 y 2024, advirtió Pierre Herckes, profesor de la Universidad Estatal de Arizona (ASU), quien recomienda evitar calentar alimentos en recipientes de plástico. Más de 15 millones de latinos viven en condados con los peores índices de contaminación del aire del país, según datos documentados en PVC Watch, un sitio web de la organización ambiental GreenLatinos dedicado a rastrear los riesgos del plástico más utilizado en tuberías, envases y materiales de construcción.

Microplásticos en el río Salt y en las piscinas de Tempe

La preocupación ha crecido a medida que nuevas investigaciones detectan microplásticos en distintos entornos de Arizona. Un estudio de la Universidad Estatal de Arizona publicado en septiembre de 2024 encontró estas partículas en muestras del río Salt y en piscinas comunitarias de Tempe, dos espacios de recreación para el área metropolitana de Phoenix. Los investigadores concluyeron que las actividades recreativas, en particular el uso de ropa deportiva con fibras sintéticas, son una fuente significativa de microplásticos en el agua.

Del río al cerebro: lo que la ciencia ya detectó

Los microplásticos son partículas diminutas que se desprenden de objetos plásticos más grandes a medida que se degradan. Un estudio de la Universidad de Nuevo México determinó que la mayoría de los seres humanos tiene en el cerebro una cantidad de microplásticos equivalente a una cuchara desechable de plástico. Investigaciones recientes también han identificado estas partículas en la sangre, la placenta y el corazón. Aunque los científicos todavía trabajan para determinar con precisión sus efectos sobre la salud, la evidencia disponible ha despertado preocupación creciente entre expertos en salud ambiental como Pierre Herckes, profesor de la Escuela de Ciencias Moleculares de ASU.

De las fábricas a las cocinas: el ciclo tóxico del PVC

El PVC es uno de los plásticos más producidos en el mundo y también uno de los más problemáticos. A diferencia de otros materiales, sus riesgos no terminan cuando sale de las fábricas: durante su uso cotidiano en tuberías, materiales de construcción y envases puede fragmentarse y liberar microplásticos. En su fabricación se utiliza cloruro de vinilo, una sustancia clasificada como carcinógeno humano conocido por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), que puede causar cáncer de hígado, cerebro y pulmón. Esa cadena de daños, desde la producción hasta el hogar, es precisamente lo que organizaciones como GreenLatinos han documentado en pvcwatch.org.

La central eléctrica Gibson, alimentada por carbón, opera el 10 de abril de 2025 en Princeton, Indiana (Foto AP/Joshua A. Bickel, archivo).

“Estamos muriendo”: la advertencia del Callejón del Cáncer

El interés de GreenLatinos se alimenta de situaciones como las documentadas en el llamado “Callejón del Cáncer” de Luisiana, un corredor industrial de aproximadamente 85 millas entre Baton Rouge y Nueva Orleans donde se concentra buena parte de la producción estadounidense de cloruro de vinilo y PVC. Residentes de la zona han denunciado durante años los efectos de la contaminación petroquímica sobre sus comunidades. “Estamos muriendo por inhalar la contaminación de las industrias. Se siente como una sentencia de muerte…”, declaró Sharon Lavigne, fundadora de RISE St. James, a Human Rights Watch.

Aunque Arizona no alberga complejos petroquímicos comparables a los de Luisiana, expertos y organizaciones ambientales sostienen que el debate también es relevante para el estado. El PVC está presente en sistemas de agua, viviendas, escuelas y productos de consumo que utilizan diariamente millones de residentes de Arizona.

Phoenix reprueba en calidad del aire

La preocupación adquiere una dimensión adicional en Phoenix, donde grupos comunitarios llevan años denunciando problemas de contaminación atmosférica. Según el reporte State of the Air 2025 de la American Lung Association, el área metropolitana de Phoenix quedó clasificada como la cuarta más contaminada del país por días de ozono, solo detrás de tres ciudades de California. “Nuestra salud está siendo afectada”, declaró Guadalupe, voluntaria de Chispa Arizona, quien recordó que muchas familias enfrentan enfermedades respiratorias relacionadas con la contaminación del aire y pidió mayores protecciones para las comunidades afectadas.

Diversas investigaciones han documentado que las comunidades latinas y otras comunidades de color suelen soportar una carga desproporcionada de contaminación ambiental. Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences y citado por Cronkite News concluyó que los hispanos enfrentan un 63% de exposición excesiva a contaminantes atmosféricos en relación con su consumo, en comparación con otros grupos poblacionales.

Cerrar la llave: la solución está en el origen

El desafío, sostienen los científicos, requiere actuar desde el origen del problema. “Si tu casa se está inundando, lo primero que haces es cerrar la llave del agua. Eso es lo que necesitamos hacer con los plásticos”, afirmó Rolf Halden, director del Biodesign Center for Environmental Health Engineering de ASU. Mientras la EPA continúa evaluando los riesgos asociados al cloruro de vinilo y otras sustancias utilizadas en la fabricación de PVC, organizaciones como GreenLatinos sostienen que la conversación no debe limitarse a las plantas industriales. También debe incluir los productos que llegan a los hogares y a las cocinas de millones de familias en Arizona.

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