“El Pinacate”: Área Protegida, Patrimonio de la Humanidad, Maravilla de México y sitio turístico que te conecta con la naturaleza

En Sonora, la Reserva de la Biósfera El Pinacate y El Gran Desierto de Altar es un Área Natural Protegida que es administrada por la Conanp (Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas) y declarada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura -Unesco- como Patrimonio Natural de la Humanidad, desde el año 2013.
Este sitio está ubicado entre los municipios de Puerto Peñasco, General Plutarco Elías Calles y San Luis Río Colorado, al noroeste de Sonora, tiene una extensión de 2 mil 758.9 millas cuadradas (equivalente a 714 mil 556.5 hectáreas). También limita con el estado de Arizona.
Además, es el segundo desierto más grande del mundo después del de El Sahara, y, según el sitio visitsonora.mx, es la cuarta reserva terrestre más grande, así como una de las 13 maravillas de México.
Conocido popularmente como El Pinacate, esta zona consta de una gran extensión y región volcánica; cuenta con sólo una proporción de la misma dedicada al turismo, en la que se pueden visitar tres cráteres identificados como El Elegante (al que la gente se refiere como El Pinacate), tiene 1.6 kilómetros de diámetro y es el de mayor tamaño; también se puede visitar El Cerro Colorado y el campamento El Tecolote, además de una mina abandonada conocida como La Laja y algunos sitios con dunas por las que se puede caminar, con los cuidados correspondientes de llevar guía, respetar el entorno ecológico, hidratarse y hacerlo en horas adecuadas.
Algunas de las características del lugar son su suelo compuesto por piedra volcánica, arcilla y arena; la variedad de flora cactácea, y fauna como borregos cimarrones y coyotes; arácnidos como viudas negras y tarántulas; reptiles como monstruos de Gila y víboras de cascabel; y aves como cuitlacoches, águilas doradas, codornices y zopilotes.

Esta reserva es, además, sitio sagrado para el grupo étnico Tohono o’odham, mismo que considera como lugar de su creación, aquí realizan ceremonias que son parte de sus costumbres y tradiciones, generalmente dedicadas a los hombres, y que tienen que ver con su transición a la etapa adulta, una de ellas conocida como el camino de la sal.
El pinacate es un escarabajo de color negro que habita en esta región, su nombre proviene del idioma náhuatl, pinacatl.
Qué puedes hacer como turista en la reserva
El desierto es un lugar de gran respeto para la vida en su totalidad, es por ello que, quienes tienen la oportunidad de visitarlo y recorrerlo deben guiarse por un reglamento que permita su conservación, como no arrojar basura (llevándote la que generas durante tu estancia, orgánica e inorgánica), respetar las áreas señalizadas para caminar (sin dejar huellas que pueden tardar años en borrarse), evitar llevarse especies animales, plantas, rocas, arena, tierra o cualquier otro elemento que componga este territorio, protegido y sagrado.
Para conocerlo y recorrerlo de manera segura, si no eres vecino o habitante de esta región sonorense, lo más recomendable es hacerlo con guías o con tour operadores que tienen conocimiento del sitio y del reglamento, quienes garantizan tu seguridad y supervivencia, independientemente de la estación del año en la que visites la reserva.

Hay guías especializados en ofrecerte este recorrido, por el que hay que pagar para cruzar un par de ejidos, el ingreso a la reserva y, si gustas, conocer al Centro de Visitantes y/o Museo Shuk Toak, que opera desde 2009, con programas de educación ambiental y cuenta con instalaciones amplias y modernas, donde se puede conocer a detalle el origen de la reserva y todo lo que hay en ella, incluso lo que el turismo no puede ver.
Shuk Toak significa montaña negra en el idioma de los Tohono o’odham significa cerro negro y es una descripción generalizada del paisaje de la región. Un dato curioso es que el billete de 200 pesos mexicanos, en su parte posterior, tiene una imagen de este sitio.

Cuando nos referimos a que se hacen recorridos por este lugar, está en el entendido de que hay que caminar, y caminar mucho, en suelo que tiene algunas pendientes, bordeando cráteres, pisando lava y ceniza volcánica y recibiendo los rayos del sol y el viento.

La recompensa será la vista espectacular de este escenario único que, a la vez, te permitirá captar maravillosas imágenes en foto y video. Puedes coincidir con las especies animales, admirar los cactus y la flora en general, contemplar el amanecer, la puesta del sol y observar la bóveda celeste en toda su magnitud; también puedes testificar lluvias de estrellas, hacer observación astronómica -si llevas el equipo adecuado-, contemplar la luna a simple vista y hacer un repaso de tu conocimiento sobre constelaciones y planetas. Incluso, hay quienes tienen anécdotas de haber visto o tenido experiencias extraterrestres en este lugar.
Dentro de la Reserva de la Biósfera El Pinacate y El Gran Desierto de Altar también puedes disfrutar el contacto con la naturaleza en un espacio identificado como El Tecolote, en donde puedes instalar tu casa de campaña y vivir la aventura de dormir en el suelo, en cobijas o un sleeping, encender una fogata (y apagarla antes de dormir o de marcharte) y preparar tus alimentos, “colar” café, calentar los burritos paseados, asar salchichas o bombones, mientras convives e intercambias anécdotas de lo que has observado desde que ingresaste a este lugar, que termina convirtiéndose en una experiencia extraordinaria y desintoxicante de la vida cotidiana.
Debes saber que no hay baño ni agua potable, no hay energía eléctrica y tampoco hay señal para tu teléfono celular. Quienes suelen visitar el sitio mencionan que “el último contacto” con la modernidad es en el municipio de Sonoyta, en donde puedes ver parte del muro que divide a México con una parte de Arizona, Estados Unidos.
Fotos: Cortesía de Pinacate Tours
“El Pinacate” es un espacio de estudios científicos
Algunas de las historias relacionadas con este sitio decretado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, dan cuenta de que, en 1969, científicos de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, NASA, visitaron por primera vez esta zona volcánica sonorense, y mexicana, por la similitud que -se había investigado- había (hay) con la Luna, sí, el satélite natural de la Tierra.
Es por ello que una parte de su personal científico se acercó al desierto de Sonora, que limita con Arizona, para entrenarse previo al primer alunizaje, suceso que se concretaría el 20 de julio de 1969 por el astronauta Neil Armstrong, seguido de Edwin Aldrin “Buzz”, quienes viajaron en el Apolo 11.
Viajó desde Guadalajara para conocer “El Pinacate”
Janett Jiménez viajó desde la ciudad de Guadalajara, Jalisco, a la Reserva de la Biósfera El Pinacate y El Gran Desierto de Altar, se desplazó mil 110.45 millas para hacer turismo en un sitio inhóspito que sólo conocía por la referencia de un amigo.
Llegó a Hermosillo con Bertha, su mamá, pues juntas hacen equipo para recorrer sitios de su interés. Son simpáticas, amigables y, como buenas viajeras, se adaptan a lo que encuentran. Su destino va acompañado del factor sorpresa.
Al preguntar a la joven viajera sus impresiones sobre la aventura en el desierto, señaló: El lugar me encantó, todo lo que conocí de El Pinacate. Está genial. Lo que uno ve por fotos, por videos o por periódicos, revistas de naturaleza o cosas así, no tiene nada relacionado a lo que miras, escuchas y se siente hasta vivirlo. Te das cuenta de la maravilla de la naturaleza. Me dejó impactada.
La verdad, me gusta mucho el contacto con la naturaleza, también me encantan los cactus, no me gusta el calor, pero he visitado muchos lugares que son desérticos y a pesar del calor que me ha tocado vivir, es impresionante.
Y estar en contacto con la naturaleza: escuchar, ver, oler, sentir el aire que te mece los cabellos… Me encantan esos lugares, y El Pinacate tiene su encanto. Me levanté en la madrugada porque estaba haciendo frío y, pues, se movían las tienditas de campaña, así que abrí la puertita y ¡no manches!, el cielo espectacular como creo que jamás lo había visto.
Me quedé una noche en Cuatro Ciénegas, Coahuila, y ahí también nos estaban dando explicación y pues sí, el cielo se ve bonito, muchas estrellas, pero lo que vi en El Pinacate fue como el doble, la inmensidad, del silencio, la oscuridad del cielo, las estrellas que fueron demasiadas. O sea, me encantó.

¿Cómo supiste de este lugar?
Creo que conversando con un amigo que es de Guadalajara. A él le encanta también viajar muchísimo y tiene muchísimo conocimiento. Le gusta leer demasiado. Le gusta también salir a la naturaleza. Le encanta viajar muchísimo, creo que ya casi está por recorrer todo el país, todos los pueblos mágicos y, creo que con una plática con él salió el tema de El Pinacate, que es una Reserva de la Biosfera, y un día creo que me puse a investigar o también ya ves que el teléfono agarra información, y me empezó a salir por el Facebook El Pinacate, me puse a investigar un poquito y me salió el tour del Pinacate.
Estuve con esto como tres meses -más o menos- investigando qué opciones tenía para ir para allá y también qué es lo que me salía más barato. Me esperé un poquito para checar lo del vuelo y ¡ahora sí!, como dicen, primero compré los vuelos y después pedí permiso. Entonces primero compré el vuelo y ya investigué, después, para llegar porque llegamos el viernes al aeropuerto de Hermosillo. Nos instalamos y ya fuimos a recorrer un poquito la ciudad. Digo lo que se pudo porque este estaba casi todo cerrado, queríamos aventajarnos para conocer más y pues no pudimos mucho y ya el sábado pues ya nos quedamos de ver ahí en el punto acordado, y ya seguimos el recorrido. Así es como llegamos.
Escenarios únicos
Por ser esta reserva mexicana un sitio de escenarios exclusivos, su extensión también ha sido objetivo de productoras de comerciales, documentales y películas; como un ejemplo de ello podemos mencionar la película Sonora, basada en la historia El Camino de El Diablo/La Ruta de los Caídos, del escritor rocaportense Guillermo Munro Palacio.
El Camino del Diablo es un nombre con el que también se conoce este sitio, por su dimensión, su clima extremo y por los intentos de cruzarlo sin conocer los riesgos.
La película dirigida por Alejandro Springall fue rodada, en parte, en la reserva y muestra algunos detalles de las costumbres de los Tohono o’odham y estrenada en septiembre de 2019.


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