El rey del pantano. Un Billboard en Phoenix enfrenta a Trump desde el arte en Grand Avenue
‘Swamp King’, la nueva obra gráfica de Karen Fiorito en Phoenix, convierte al presidente en una figura atrapada en su propio pantano

En pleno verano de 2025, cuando el calor del desierto aprieta sin tregua a la ciudad de Phoenix, Arizona, una imagen se alza sobre la Grand Avenue y la 11ª Avenida —una zona conocida por su efervescencia artística, cafés alternativos y galerías independientes— con un propósito claro: interrumpir la rutina.
El Billboard, imposible de ignorar, no sólo captura miradas: las reta. Con una composición visual que roza el exceso sin perder precisión, la imagen muestra al presidente Donald Trump en el centro de la escena: coronado, con el torso desnudo, hundido en un pantano. En su mano derecha, un celular dorado estilo selfie; en la izquierda, un diminuto tanque verde. Al cuello, un medallón dorado que evoca más a la mafia que a la realeza.
La cartelera es obra de Karen Fiorito, artista y activista visual radicada en California, reconocida por su trabajo gráfico provocador. Fiorito comenzó a hacer arte público en Phoenix, Arizona en 2004, como parte de su exposición de tesis de maestría. Desde entonces, ha presentado 10 diseños en 34 ubicaciones y formatos distintos, incluyendo Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

“Este trabajo lo considero un fotomontaje, un collage digital construido a partir de decenas de elementos visuales”, comenta Fiorito en entrevista. “En este caso, quería transmitir la sensación de estar atrapados en un pantano. Trump prometió ‘drenar el pantano’, pero lo que hice fue mostrar cómo se convirtió en parte de él.”
A su alrededor: un caimán con gorra MAGA, una Cybertruck grafiteada con una esvástica roja, una explosión nuclear en el horizonte, una bandera estadounidense hundida en el fango junto a un avión con la frase “Big Beautiful Bribe” (“La gran y hermosa mordida”), parodia directa del lenguaje característico del presidente. El paisaje incluye también basura, una insignia de Harvard, dólares flotantes, libros como The Art of the Steal (juego de palabras con The Art of the Deal), y un ticket de “Get out of jail free”, alusión directa a la impunidad.
Todo ello enmarca un texto ficticio titulado “The Big Bad Ugly Bill Act”, con una lista de políticas destructivas que evocan propuestas reales: recortes billonarios, desregulación ambiental, censura y el fortalecimiento de ICE.
Fiorito, quien tiene una Maestría en Bellas Artes (M.F.A.) por la Universidad Estatal de Arizona y una Licenciatura en Bellas Artes (B.F.A.), por la Universidad de las Artes en Filadelfia, forma parte del Grand Avenue Billboard Project, una iniciativa local encabezada por la también artista Beatrice Moore, dueña de la propiedad donde se encuentra la estructura del Billboard.
Ambas mujeres han convertido este pedazo del paisaje urbano en un espacio de intervención política sostenida durante más de dos décadas.
Para esta cartelera, Fiorito y Moore elaboraron una lista de más de 50 elementos posibles para incluir en la imagen final. Al menos 20 lograron entrar. “Fue difícil decidir qué quedaba y qué no. Tenía una Biblia Trump dorada que terminé quitando. A veces era por composición, otras por claridad. Quería que se pudiera leer de un vistazo, pero que también ofreciera detalles para el que mira dos, tres veces.”
Entre los detalles que podrían pasar desapercibidos está un barquito de papel hecho con billetes, símbolo de una economía que se hunde. También un pollito al lado del caimán, en referencia al pájaro azul.
“Amo poner pequeños símbolos ocultos. Algunos son obvios, otros no tanto.” Y agrega: “Nunca sé cómo reacciona la gente. A veces pienso que algo va a causar polémica y no lo hace. Y otras veces, lo que no esperaba, se vuelve viral”.

Fiorito no es ajena a la controversia
Desde su primera cartelera en Phoenix en 2004 —una pieza contra la guerra de Irak y George W. Bush— ha recibido amenazas de muerte. “Después, cuando me mudé a Los Ángeles, hice una cartelera en contra de Fox News y también recibí amenazas por eso”, comentó. “La peor fue en 2017, cuando hice la primera sobre Trump. Filtraron mi información privada en internet. Fue aterrador. Esta vez, en cambio, me ha sorprendido la respuesta: la mayoría de los comentarios han sido positivos. Incluso gente que sigue mi trabajo me ha dicho que esta es mi mejor pieza. Eso me impresionó, porque para mí fue un proceso intenso y oscuro.”
Sin embargo, celebra que con el Grand Avenue Billboard Project tiene total libertad creativa. Parte de esa libertad, enfatiza, se debe al carácter independiente del proyecto. “Con Beatrice no hay censura. Beatrice Moore, que es artista y activista como yo, no teme la controversia. Sólo una vez me pidió que no pusiera un bigote tipo Hitler. No porque no estuviera de acuerdo, sino porque pensaba que éramos mejores que eso. Es un lujo trabajar así. En cualquier otra cartelera comercial, esto no hubiera sido posible.”
Aun así, Fiorito es consciente de los límites que otros artistas enfrentan. “Hay quienes tienen que esconder sus mensajes, usar símbolos discretos. Eso también puede ser poderoso. Pero yo siento que el arte tiene que reflejar la realidad, incluso si es fea”.
“El pantano es una metáfora de la fealdad de nuestra situación política actual”
Aunque la obra es profundamente crítica, Fiorito espera que el arte pueda ser también un punto de encuentro. En un estado péndulo como Arizona, donde cada voto pesa, confía en que una imagen como esta puede influir en el discurso político.
“Espero que inspire a la gente a no rendirse. A votar. A protestar. No normalizar lo que está pasando. No tenemos reyes. La Casa Blanca no está en venta. Las tierras públicas no están en venta. Esto no es normal, y tenemos que decirlo.”
Para Fiorito, el impacto no se limita al terreno electoral. Hay también una dimensión íntima y terapéutica en ver reflejada la indignación compartida.
“Quiero que la gente sienta comunidad, camaradería. Que sepan que no están solos. Que vean esta imagen y digan: ‘alguien más también se siente así’. Y si pueden reírse, aunque sea un poco, también es válido. El humor, incluso en el horror, nos une”.
Antes de despedirse, le lanzamos una última pregunta: ¿qué cartelera colocaría si tuviera la oportunidad de instalar una justo frente a la Casa Blanca?
Karen ríe, pero no vacila:
“Muchas personas me han sugerido que la coloque frente a Mar-a-Lago, lo cual sería el lugar perfecto para ella. Pero en la Casa Blanca pondría esta misma. Es exactamente como veo esta presidencia. Aunque claro, en política todo cambia tan rápido… Quizá la próxima semana tenga que hacer otra”.


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