La lucha de las mujeres en México: dignidad y fortaleza a través de la historia

➡️ Maritza Félix G. / Plumas Invitadas
Desde la época prehispánica hasta la actualidad, la historia de México ha sido testigo de las adversidades enfrentadas por las mujeres y de su inquebrantable lucha por la dignidad y los derechos. A pesar de los obstáculos impuestos por un sistema patriarcal, machista, profundamente arraigado, las mujeres mexicanas han demostrado una valentía inquebrantable, marcando precedentes que han transformado tanto el ámbito social como el político del país.
En las civilizaciones prehispánicas, como la mexica y la maya, las mujeres desempeñaban roles fundamentales en la sociedad. Aunque a menudo relegadas al ámbito doméstico, su participación en actividades como la agricultura, el comercio y las tradiciones religiosas era crucial. Figuras como las sacerdotisas y parteras gozaban de un alto estatus social, aunque la desigualdad de género seguía presente en muchos aspectos.
Con la llegada de los conquistadores españoles, las mujeres enfrentaron una transformación drástica en sus roles sociales y económicos, pues se vieron obligadas a acatar incuestionables valores europeos, esto trajo consigo una mayor subordinación, pero también surgieron figuras femeninas que desafiaron las imposiciones, como Malintzin (Malinche), quien, pese a las controversias, es vista como una mujer clave en la historia de México.

Con la Independencia y la Revolución surge el despertar de la acción política. El movimiento de independencia en 1810 marcó un momento crucial para las mujeres mexicanas. Aunque a menudo invisibilizadas, jugaron un papel esencial en la lucha por la libertad. Josefa Ortiz de Domínguez, conocida como “La Corregidora”, es un ejemplo destacado de cómo las mujeres desafiaron las normas establecidas para convertirse en piezas clave de la conspiración independentista. En muchas ocasiones, pienso que, sin su ayuda, no se hubiera dado en esa época la independencia del país. Creo que se da mucha importancia la labor destacada de quienes participaron. Sin embargo, ella no figura como tal en la historia.
En la Revolución Mexicana (1910-1920), el papel de las mujeres tomó una dimensión aún mayor. Las soldaderas, también conocidas como adelitas, no sólo apoyaron a los ejércitos revolucionarios como cocineras y enfermeras, sino que también tomaron las armas y combatieron junto a los hombres. Estas mujeres desafiaron los estereotipos de su época y demostraron una fortaleza extraordinaria en medio de la adversidad. Esto fue algo especial pues se filmaron muchas películas sobre este tema. Se muestra a la mujer con esa fuerza y con la doble titulación. Realizar las labores de ama de casa, comida, lavado de ropa, cuidado de los niños, pero también de soldaderas, de cargar las armas y utilizarlas en los combates. Viene a mi mente la canción: “Si Adelita se fuera con otro…”.
El siglo XX, llega con derechos y resistencia. Con el triunfo de la Revolución, las mujeres comenzaron a ganar visibilidad en la lucha por sus derechos civiles. En 1953, tras años de presión social y política, se logró el reconocimiento del derecho al voto femenino, un hito que marcó el inicio de una nueva época en la participación política de las mujeres.
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Esas fueron luchas fuertes, creo que a ellas sí les puedo llamar un grupo organizado, preparado, con conocimientos, fortaleza, respeto y dignidad, que lograron muchos derechos, contrario a muchos grupos actuales que destruyen y desfiguran la lucha por los derechos de la mujer. Mujeres como Hermila Galindo, Elvia Carrillo Puerto, Margarita Robles, María Ríos Cárdenas y Esther Chapa, lucharon para que se diera el derecho al voto de la mujer, y sí, sí realizaron marchas y manifestaciones, huelgas de hambre y mítines políticos; no sólo eso, sino que también fueron pioneras al postularse como candidatas para ocupar cargos públicos.
Sin embargo, las desigualdades estructurales persistieron. Durante las décadas de 1960 y 1970, el feminismo mexicano emergió como un movimiento organizado, impulsando cambios en ámbitos como la educación, la salud y los derechos laborales. Mujeres como Rosario Castellanos y Elena Poniatowska utilizaron su voz y su pluma para denunciar las injusticias y dar visibilidad a las luchas de las mujeres marginadas.
La actualidad presenta retos y avances. En el siglo XXI, las mujeres mexicanas continúan enfrentando serios desafíos, desde la violencia de género hasta la desigualdad laboral. Lo más curioso en algunos casos, que tanto el hostigamiento como el acoso laboral, proviene y es entre compañeras de trabajo, al ver que alguna mujer dentro del ámbito laboral, destaca, por su profesionalismo, conocimientos, trabajo, responsabilidad; que las opaca, surgiendo la envidia, los celos laborales, que desembocan en hacer daño, donde incluso luchan por el despido de esa persona, se olvida la solidaridad entre mujeres.
Otra situación de la que no se habla, es cuando un hombre y una mujer realizan el mismo trabajo; sin embargo, el hombre gana un sueldo superior al de la mujer. Según la Ley Federal del trabajo, se establece que a trabajo igual corresponde salario igual, ¿qué pasa, entonces, cuando la mujer trata de hacer valer esta parte de la ley? Pues que la despiden o la castigan.
Según datos recientes, México registra una de las tasas más altas de feminicidios en América Latina, lo que ha llevado a un clamor nacional e internacional por justicia y seguridad.
Ciertos actos, movimientos, estrategias, cuando se realizan sin dañar, son magníficos, pero si ya existe la maldad, el querer destruir, esto resta al movimiento seguridad, respeto y confianza. Figuras femeninas importantes y colectivos feministas han demostrado que el cambio es posible, si se actúa con respeto y dignidad.
La historia de las mujeres en México es un testimonio de resiliencia y valentía. A lo largo de los siglos, han desafiado las normas opresivas, luchado por sus derechos y construido un camino hacia la igualdad, dejando un legado imborrable. Aunque queda mucho por hacer, la dignidad y la fuerza de las mujeres mexicanas continúan siendo un pilar fundamental para el desarrollo de una sociedad más justa.
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