La Santa Cecilia en Phoenix: música para cerrar el año de la incertidumbre migrante

La Santa Cecilia volvió a Phoenix. La noche del martes 9 de diciembre de 2025, el Crescent Ballroom se convirtió en un punto de reunión para la comunidad latina del Valle. Con boletos entre 30 y 45 dólares, el público entró a un recinto íntimo, perfecto para la mezcla musical de la banda: cumbia, bolero, bossa-nova, jazz, rock y un folclor que les pertenece tanto como sus raíces angelinas y migrantes.
La agrupación, nacida en Los Ángeles, lleva más de una década construyendo un sonido que dialoga con identidades que viven entre lo latino y lo estadounidense, entre la nostalgia y la velocidad del presente. Sus conciertos suelen recordarlo: la música es también territorio emocional, cultural y político.
Este jueves se presentan en Tucson, en su última fecha del año. Después del concierto en Phoenix, el acordeonista y requintista José “Pepe” Carlos habló con Conecta Arizona sobre lo que significa tocar en esta ciudad en este momento.
“Para nosotros estar en Phoenix con una comunidad, nuestra comunidad latinoamericana y mexicana, y en estos momentos de tanta incertidumbre, pero todavía tener el valor de salir y festejar lo que es nuestra humanidad, yo siento que es algo muy importante, en estos tiempos de tanta incertidumbre”.

Para Pepe, estos conciertos son una forma de continuidad y resistencia: “Seguir adelante con nuestros sueños, seguir haciendo presencia en la ciudad. Y siempre les comentamos a nuestros paisanos que tengan mucha fuerza, que nuestros sueños no los apague nada: ni Inmigración, ni unos papeles”.
La mezcla entre música y causas sociales es parte de la identidad de la banda como migrantes e hijos de migrantes. “Creo que hay que mantenernos unidos. La música nos da algo que no da la política. Es una forma de aliento y, al mismo tiempo, una forma de alzar la voz por quienes no pueden. En La Santa Cecilia nos sentimos muy unidos a esas causas”.
Uno de los momentos más intensos del concierto fue “El Hielo”, canción que lleva trece años acompañando historias de deportación y miedo cotidiano. Pepe lo reconoce: “Desafortunadamente vivimos en esta situación del limbo de ‘estamos hoy, no sabemos mañana’. Nos duele muchas veces cantar la canción, pero también sentimos que trae una forma de confort… esa unión de que todos estamos en esta lucha”.
La Santa Cecilia no solo entregó música: entregó compañía. Sus conciertos funcionan como un refugio temporal donde la identidad se comparte.

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