La vivienda social: un experimento del sueño generacional

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Arte: Daniel Robles

➡️ Leonardo Luken Vega / Plumas Invitadas

Los proyectos de vivienda social siguen presentando retos hoy en día; Bosco residencial, en Hermosillo, es una muestra de ello, donde los residentes se confinaron en las periferias de la ciudad, acompañados de espacios reducidos y desprovistos de un contexto tradicional de seguridad.

Desde pequeños, nos han adoctrinado con una idea de excelencia académica para conseguir una retribución económica en el ambiente laboral, formar una familia y comernos la cereza del pastel: una hermosa casa donde brindes seguridad a tu familia. Este último detalle es el pan de cada día para las generaciones actuales pues, por más que lo manifiesten o decreten, sigue siendo un sueño que pocos han podido alcanzar.

Y no me malentiendan, no sólo es un problema que afecta a los jóvenes y adultos, pues hay quienes ya han llegado a la tercera edad y aún no están viviendo el sueño generacional. Tal es el caso de muchas familias en Estados Unidos que estuvieron cerca de poder decir: hogar, dulce hogar. Pero, fue en el año 2008 cuando sus sueños se vieron interrumpidos, sus corazones quebrajados y las miradas sumergidas en un vacío profundo, todo a causa de la crisis financiera de ese año.

Arte: Daniel Robles

Tengo tan presente ese año -y podría revivirlo mil veces-; estaba de vacaciones con mi familia de Mesa, Arizona. Todo se sentía tan bien, nada de escuela, cero obligaciones, visitas diarias a las tiendas del dólar, caminatas por el mall, viendo las casas tan bonitas con su estilo americano. Sin embargo, todo cambio cuando mis tíos me dijeron que me regresara a Hermosillo, porque ellos tenían que dejar la casa donde vivían, ya que el banco se las iba a quitar.

Esa fue la última vez que estuvieron cerca de tener una casa. Y así como la crisis de 2008, los eventos de la pandemia por Covid-19 oscurecieron los sueños de muchas familias, generando miedo e incertidumbre, bajo la duda constante de tener un techo al día siguiente. Por si no fuera poco, la población mundial sigue creciendo incesantemente, dificultando la distribución de los beneficios urbanos, por lo que se ha dado un banderazo de salida para los más comprometidos con el sueño generacional; la vivienda asequible, la casa propia, el hogar dulce hogar.

Especulación del suelo y la vivienda

Dentro del contexto personal, comencé a formar un juicio más crítico en torno a mi ciudad, ya que mis clases de arquitectura me permiten visualizar mi entorno desde una perspectiva más objetiva. Este año tuve el placer de conocer a quien fue mi maestro de introducción al urbanismo, Luis Fernando Puebla Corella. Durante sus clases analizamos temas de obras públicas, gestionamiento geopolítico y morfología urbana.

Uno de los temas que más llamó mi atención fue la especulación del suelo y la vivienda. La compra de tierras o inmuebles con la intención de venderlas a un mayor precio y obtener ganancias de dicha diferencia. El maestro Luis Puebla lo desarrolló aún más a fondo en su tesis de grado, en la que señala que existe una escasez artificial de suelo, ya que físicamente existen tierras, pero su retención en el mercado aumenta los precios ante la demanda creciente.

Y así como las tierras, la vivienda también se ha convertido en un factor de especulación, motivado por el sector inmobiliario privado y sus intereses económicos. Las ciudades han dejado de lado su carácter público y han avanzado hacia un campo de privatización; izando los precios de vivienda y enajenando los derechos fundamentales.

Es aquí donde el derecho a la vivienda se transforma en una expresión constitucional desconocida, al menos para las familias más vulnerables.


Programas de vivienda social

Recientemente, vi una publicación en las cuentas oficiales del presidente municipal de Hermosillo, Antonio Astiazarán, y el gobernador de Sonora Alfonso Durazo. Por un lado, el presidente municipal entregaba las llaves de viviendas recién fabricadas bajo el Sello H, un programa de viviendas dignas, asequibles y sustentables. Por otro lado, el gobernador promovía el programa nacional de vivienda para el bienestar, una iniciativa federal que pretende construir 33 mil 800 viviendas en Sonora, dirigidas para las familias de bajos ingresos.

Y, en palabras del gobernador, la vivienda no sería una mercancía más para su gobierno.

Realmente me gustaría creer en ese discurso, pensar que los líderes políticos también priorizan las necesidades humanas, los requerimientos individuales de quienes conforman una familia.

Sin embargo, recordemos la regla del mercado, aquella que promueve la comercialización de viviendas basada en el beneficio de rentabilidad para el sector privado.

Quiero hacer una aclaración referente a estas líneas y establecer que no salen de un hater o joven anarquista que quiere derrocar los sistemas capitalistas. Contrario a eso, se trata de un individuo que busca un lugar seguro, una persona que sueña con crecer su familia, un ciudadano que ve más allá de sus posibilidades. Y así como yo, existen muchos jóvenes y adultos que han sido frenados ante un sueño colectivo, una aspiración generacional y lo que debería ser, un derecho fundamental.

Y no crean que en este rancho (Hermosillo) somos los únicos que cargamos con estos problemas, pues también se puede ver del otro lado del charco.

Nuestro estado vecino, Arizona, sigue viviendo una crisis de vivienda intensificada por la pandemia de Covid-19. Por ello, dependencias federales crearon programas para mitigar los daños financieros de los propietarios.

Además, a nivel estatal, la gobernadora Katie Hobbs impulsó el programa Arizona es Hogar, apoyando a quienes tienen la intención de adquirir su primera vivienda.

Suena tan maravilloso que ya estoy pensando en la decoración de mi casa, los niños corriendo por el pasillo, el perro jugando en el jardín. Pero, si todo fuera tan perfecto, no existiría una crisis de vivienda en la actualidad, ¿cierto?. Y es que dicen que el diablo está en los detalles, detalles como el hacinamiento de las familias a las periferias de la ciudad (lejos de los centros urbanos); la baja calidad de materiales justificada con los bajos precios de vivienda; las técnicas de construcción ineficientes propuestas para reducir los tiempos de entrega y los espacios cada vez más reducidos de las “pichoneras”.

Podría seguir con más detalles, pero creo que todos sabemos perfectamente dónde se encuentra el diablo. Lo que no sabemos es dónde se encuentran las familias que han abandonado sus casas, ya sea por las dificultades de accesibilidad y traslado, la sombra de la marginación o las condiciones de inseguridad.

En Hermosillo se han identificado más de mil 900 casas en abandono, dando paso al deterioro y vandalismo.

La lucha lacerante en el corazón de las naciones busca claridad ante el porvenir, persiguiendo un derecho por ley. Y, como expresó la directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat), Anacláudia Marinheiro: “La vivienda es más que un simple refugio, es la base de la dignidad y la resiliencia; se debe garantizar que todas las personas, en todas partes, tengan una vivienda adecuada”.

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Arte: Daniel Robles

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