Leonel Parra escribió el libro “1999, Mi paso por La Casa del Terror de La Sauceda”, un documento de vivencias e historias paranormales

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El escritor Leonel Parra escribió su primer libro, inspirado en un trabajo que marcó su vida, dedicado a sus hijos. Foto: Judith León

De joven, siendo estudiante universitario, Leonel Parra dejó su trabajo en una carpintería del norte de Hermosillo, Sonora, para ser contratado como monstruo en La Casa del Terror de La Sauceda, un parque de diversiones recordado por ser el más grande y único en su estilo en el noroeste de México, en los años noventa.

Su idea original era dejar un documento que pudieran consultar sus hijos, relacionado con sus recuerdos, y no dejárselo todo a la memoria. Fue así como surgió 1999, Mi Paso por la Casa del Terror de La Sauceda, un libro tan personal que pensó que solo tendría diez ejemplares.

Al comentar con sus familiares y conocidos del primer proyecto narrativo que llevaría a cabo en su vida, comenzó a recibir expresiones de emoción, de interés y de peticiones por tener uno de esos libros. Su trabajo comprendía en seis de siete días de la semana escribiendo por las tardes, después de su trabajo profesional como Ingeniero en Geociencias (egresado del Cesues, ahora Universidad Estatal de Sonora, UES), en un cuaderno.

Sus amigos y excompañeros de trabajo no recordaban algunas situaciones que él, motivo que le dio la certeza de estar haciendo lo correcto “porque tarde o temprano se nos va a olvidar”, comentó en entrevista para Conecta Arizona.

“Entonces, yo sentía, y siento todavía, que todo lo recuerdo como si fuera ayer. Mi estancia ahí como trabajador es algo que me marcó mucho”, agregó.

El libro que escribió pensando en sus hijos, es algo que -por su edad- ellos aún no pueden entender, “es medio de terror, de miedo”. En alrededor de cien páginas y en más de un capítulo, Leonel Parra comparte información que hará que se te erice la piel mientras te enteras de las vivencias de La Casa del Terror; muchas de éstas quizás ocurrían cuando te deslizabas por alguno de los toboganes del lugar en los veranos hermosillenses, o paseabas con tu familia en el trenecito, al mismo tiempo que recorrías el minigolf o cuando disfrutabas con tu familia o amigos de una carne asada en las áreas verdes construidas para tal fin. O, por qué no, cuando fuiste uno de los usuarios que buscó adrenalina en estas instalaciones.

Él y otros jóvenes fueron contratados para dar “la mal venida” a las personas que acudían a esta atracción.

Décadas después, Leonel describe a detalle cómo era el interior de La Casa del Terror, y más aún, cómo era y qué ocurría en los espacios a los que sólo tenían acceso los monstruos; lo que veían, escuchaban, percibían y cómo era el día a día en los que, muchas veces, ellos eran los más asustados, aunque no entraban en el récord de desmayados que tenían.

Comenzó, dijo, a escribir las historias por separado, luego describió dónde estaba ubicada La Casa del Terror, de qué materiales estaba construida, cómo eran los sets, las luces, la música, el ambiente, las reglas y la forma de trabajar. Además de todas las cosas que sucedían, y que no estaban en un guion, y que eran dignas de sentir terror.

Luego, comenzó a describir cómo era el parque en general, las personas con las que convivía y trabajaba, las reacciones de los visitantes y un sinfín de detalles que, coinciden con los recuerdos de quienes conocieron el parque.

Leonel tenía alrededor de 20 años en 1999, cuando llegó a su escuela Víctor Nevarez, un chavo que trabajaba en La Casa del Terror, él fue uno de los invitados a formar parte del staff. Leo describe en qué ruta de camión llegó al parque, cómo entró y llegó con el guardia, que el ambiente se sentía fresco y cómo cantaban “los chanates” mientras se desplazaba por la calle Vialidad, un 27 de marzo, fecha que está en el gafete que conserva, y que es un elemento de la portada del libro.

Este libro se escribió en, aproximadamente, siete meses; Leonel dejó el cuaderno y siguió plasmando sus recuerdos, con disciplina, directamente en la computadora; contó con el apoyo de su hermana Elisa María Parra para revisarlo, durante unos tres meses y luego buscó cómo imprimirlo.

Su investigación de costos lo llevó a buscar una forma de imprimir, compaginar, diseñar la portada y contraportada, cómo pegar todo el material y compró una guillotina semiprofesional -que puede cortar hasta 400 hojas- para hacerlo todo, de manera artesanal. El plan de hacer diez libros, se extendió a más de 300. Artesanal 100%. Lo puedes adquirir en línea, está en Amazon en físico y en Kindle (libro electrónico).

Escribir su primer libro, dijo, “no fue muy difícil para mí, porque simplemente cerraba los ojos y me imaginaba el parque”.

Agregó: “Como no era algo de una historia inventada, fue fácil y fluyó fácilmente por ese detalle, de que lo tengo vívido todavía en la cabeza, simplemente describía lo que veía en mi mente”.

Sobre la venta de ejemplares, Leonel pedía una reseña a sus nuevos lectores, misma que publicaba en su cuenta de Facebook y fue la publicidad que hizo a su ópera prima, además del apoyo de algunos medios de comunicación por medio de entrevistas.

Los comentarios iban desde darle el valor al rescate que hacía, del olor del cloro de las albercas que percibían con la descripción, el reclamo de no haber podido dormir por el miedo que sentían y hubo quien le pidió una segunda parte.

Al respecto, comentó que está trabajando en los apuntes que le quedaron del primer libro, con otras ideas y recuerdos que le han compartido, en los que ahora involucra personajes ficticios.

Agregó que, para contextualizar su libro, tomó información de medios de comunicación de la época, referentes a la inauguración, a la concepción de este proyecto que se llamaba Vado del Río, durante el gobierno de Manlio Fabio Beltrones, en el que también estaban considerados los dos edificios, Sonora y México, que conforman lo que conocemos en la actualidad como el Centro de Gobierno.

Sus conocimientos universitarios lo llevaron usar Google Earth para obtener información geográfica, y AutoCAD para hacer mediciones de perímetros del parque y otros datos más exactos de todo lo que ahí había.

El entrevistado recordó que, durante la reinauguración del ahora llamado Bosque Urbano La Sauceda, regaló su libro al gobernador Alfonso Durazo y al cantante Carin León. No ha recibido retroalimentación del material que escribió, pero, seguramente, ya forma parte de su anecdotario o sus apuntes.

Dijo que, con su libro, quiere que los jóvenes entiendan “por qué estamos tan aferrados, por qué queremos tanto este parque”, y esto obedece a que “fue el parque de los hermosillenses, que nos generó bonitos recuerdos, donde íbamos a nadar, a los toboganes. La alberca de olas… recuerdo que se anunciaba en los medios de comunicación como la única alberca de olas del noroeste de México”.

Si tienes alguna anécdota sobre este parque y/o La Casa del Terror, puedes contactar al autor en su cuenta de Facebook Leonel Parra.

Para los residentes de Arizona, que no conocieron el Parque Recreativo La Sauceda, resumió que su libro cuenta la historia de un joven que trabajó ahí, y que llegó a amarlo; “es como una novela lineal que describe todo lo que hubo en uno de los parques más emblemáticos de Sonora”, donde hubo un museo para niños (La Burbuja), un teatro al aire libre donde se realizaban grandes eventos como muestras gastronómicas, conciertos, certámenes de belleza, car shows y audio shows, por mencionar solo algunos.

Queremos que Conecta Arizona sea ese lugar en donde podamos darle un espacio, un eco y amplificar tus historias.

Plumas invitadas de Conecta Arizona

Autor(a)

Judith León es reportera y editora originaria de Hermosillo, Sonora, México .
Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora y está diplomada en Periodismo Digital por el Instituto Tecnológico de Hermosillo y por la Universidad Kino.
Forma parte del equipo ganador del Premio Nacional de Periodismo 2014 en la categoría de Cobertura Noticiosa.
Escribe narrativa, tiene obra publicada en varias compilaciones y es coautora del libro De ladrillo, concreto y asfalto, del Colegio de Ingenieros Civiles de Sonora.