Mosaicos: Los tacos
“… Soñé que colocaba a Antonio Banderas desnudo sobre una tortilla mexicana, le echaba guacamole y salsa picante, lo enrollaba y me lo comía con avidez” – Isabel Allende, escritora chilena

De harina y de maíz son las tortillas donde se preparan los tacos, el platillo tradicional de mi México; el sabor que evoca el paisano en el extranjero y que, cuando lo come, le cobija y apapacha -en cada bocado- el corazón.

El verde del cilantro y del limón, nos representa; y, si te va bien, hasta le pones un buen aguacatón, producto bien preciado también de México, no sólo en Estados Unidos durante el Super Tazón.
Todo esto combina con el blanco de la cebolla, como el color del centro de mi bandera, que hace latir mi corazón como un tambor.

Ni se diga del rojo del tomate, que representa la sangre y la pasión, de los mexicanos en este país, donde tiene una numerosa representación, y que, en salsita, que a veces escurre por nuestros dedos, se convierte en una picosa y atractiva tentación.

Tayde Miller sirvió mi taco. De mi lado de la barra la veo que sonríe y yo la observo tan peinadita y alicusada. En español, en sonorense, eso significa que anda impecable, limpiecita, a la moda y bien arreglada.

A un lado de ella, dando instrucciones o cobrando, está Imelda. Las veo igualitas, no sé quién es la mayor o la menor. Ellas son latinas, hermanas, bien trabajadoras y representantes de las sonorenses y de las mujeres mexicanas.
El ambiente del mercado: la vista, los sonidos, los olores y la gente son una tradición; la alegría de un pueblo, de la vida el color.
En los locales no pueden faltar los productos comestibles; la comida es un acto de amor, de dicha y satisfacción… En eso pienso cuando acomodo mis tacos en el plato. Dos de barbacoa con copia, así le llaman cuando, de tortilla, te ponen dos.

Soy afortunada, pienso -y quizás sonrío-, tras dar la primera mordida, la que dedico a mis paisanos, a quienes relaciono con nostalgias, con historias, y con quienes quisiera compartir -en este momento- la banca y la sazón.

La cocina sonorense de varias recetas para tacos se compone: de cabeza, carne con chile, de cachete, barbacoa, frijolitos, y (¡ummh!) de chicharrones.

En la preparación, al caer a la sartén, los saltos de los ingredientes se convierten en melodía, se transforman en caldos y en acompañamientos culinarios que son una alegría.

La sazón de nuestras madres, abuelas, hermanas y paisanas, se tatúa en el ADN de muchas mujeres hispanas, quienes -a veces- cargan en su memoria y corazón, más que en sus maletas, esto que es herencia y tradición.

El taco es cultura, identidad, cercanía, sabor, detonante de recuerdos y reproductor de sonrisas. En su elaboración intervienen familias, migrantes, amigos, vecinos, todos los que hacemos comunidad, a quienes nos une un antojo, un bocado, un sabor.

La salsita, el cilantro y la cebolla
me recuerdan el sabor
de los tacos de mi tierra,
mi más grande amor.

En mis sueños, por los Johnny’s yo pasaba,
de barbacoa y frijolitos,
los guisos que mejor recordaba.
sin olvidar la cabeza y chicharrones,
que son los más famosos
y que disfruta la gente acomodada en los mesones.

También pensaba en el jugo de naranja,
en los burros y quesadillas
y a esta altura, el hambre se hacía una pesadilla
que competía con el rugir de mi panza.

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Mosaics: Tacos
BY JUDITH LEÓN & BETTO ROBLES
“… I dreamed that I placed Antonio Banderas naked on a Mexican tortilla, poured guacamole and hot sauce on him, rolled him up, and ate him greedily” – Isabel Allende, Chilean writer
Tacos, the traditional dish of my Mexico, are made with flour and corn tortillas; the flavor that evokes the countryman abroad and that, when eaten, comforts and pampers the heart with every bite.
The green of cilantro and lime represents us; and, if you’re lucky, you can even add a nice avocado, another precious product of Mexico, not only in the United States during the Super Bowl.
All this combines with the white of the onion, like the color in the center of my flag, which makes my heart beat like a drum.
Not to mention the red of the tomato, which represents the blood and passion of Mexicans in this country, where they are well represented, and that, in salsita, which sometimes drips through our fingers, becomes a spicy and attractive temptation.
Tayde Miller served my taco. From my side of the bar, I see her smiling, and I observe her so well-groomed and alicusada. In Spanish, in Sonoran, that means she is impeccable, clean, fashionable, and well-groomed.
Next to her, giving instructions or collecting payments, is Imelda. They look exactly alike; I can’t tell which one is older or younger. They are Latinas, sisters, hard workers, and representatives of the women of Sonora and Mexico.
The atmosphere of the market: the sights, sounds, smells, and people are a tradition; the joy of a town, life in color.
In the market stalls, food can never be missing; food is an act of love, joy, and satisfaction… That’s what I think about as I arrange my tacos on my plate. Two barbacoa tacos with copia, which is what they call it when they give you two tortillas.
I am fortunate, I think—and perhaps I smile—after taking the first bite, which I dedicate to my countrymen, whom I associate with nostalgia, with stories, and with whom I would like to share—at this moment—the bench and the seasoning.
Sonoran cuisine offers several taco recipes: head, meat with chili, cheek, barbacoa, beans, and (mmm!) pork rinds.
During preparation, when the ingredients hit the pan, their sizzling becomes a melody, transforming into broths and culinary side dishes that are a joy.
The seasoning of our mothers, grandmothers, sisters, and fellow countrywomen is tattooed in the DNA of many Hispanic women, who sometimes carry this heritage and tradition in their memories and hearts more than in their suitcases.
The taco is culture, identity, closeness, flavor, a trigger for memories, and a source of smiles. Families, migrants, friends, neighbors, all of us who make up the community, are involved in its preparation, united by a craving, a bite, a flavor.
The salsita, cilantro, and onion
remind me of the flavor
of the tacos from my homeland,
my greatest love.
In my dreams, I would pass by Johnny’s,
barbecue and beans,
the stews I remembered best.
not forgetting the head and pork rinds,
which are the most famous
and enjoyed by the well-to-do at the tables.
I also thought of orange juice,
burritos and quesadillas
and at this point, hunger became a nightmare
that competed with the rumbling of my stomach.
The words are by Judith León, the photographs by Betto Robles, and the editing by Maritza L. Félix.
Las letras son de Judith León, las fotografías de Betto Robles y la edición de Maritza L. Félix.

Agradecimiento especial a Imelda y Tayde Miller, ellas son parte de los fundadores de Tacos Johnny’s, un lugar de tradición gastronómica en el Mercado # 2 de Hermosillo, Sonora.
Desde hace más de cuatro décadas, desde las 4:00 de la mañana, y siendo unas adolescentes, estas mujeres incansables han andado de pie, siempre guapísimas, para estar al frente del negocio familiar y ser un ejemplo para los trabajadores, con quienes laboran hombro con hombro, mano con mano, para atender a los cientos de comensales que llegan a disfrutar de su sazón. Su padre es el fundador. Las Miller son la imagen.
Esta historia es un fragmento de Mosaicos, el proyecto de Conecta Arizona que recoge pedazos de vida, color y memoria, ensamblados como azulejos que celebran la belleza migrante y transfronteriza. Aquí cada relato y fotografía es una pincelada que honra la herencia vibrante, cruda y real que une ambos lados del muro.
Explora aquí otros matices, rostros e historias tejidas en colaboración con autores y artistas independientes.
Queremos que Conecta Arizona sea ese lugar en donde podamos darle un espacio, un eco y amplificar tus historias.
Plumas invitadas de Conecta Arizona

