Naranjeros de Hermosillo recuerdan a Héctor Espino con guardia de honor

Un día como hoy, hace 29 años, (7 de septiembre de 1997) falleció el beisbolista que es un ícono del beisbol en Hermosillo: Héctor Espino González.
Para recordarlo, el equipo Naranjeros de Hermosillo, incluyendo a directiva y peloteros, realizó la mañana de este lunes una guardia de honor para recordar a quien llamaron “la máxima figura del beisbol invernal mexicano”. Este evento dedicado al número 21 fue en el exterior del Estadio Fernando Valenzuela en el poniente de Hermosillo.
Junto al monumento que lo recuerda, una ofrenda floral y una fotografía del pelotero originario de Chihuahua, se dedicó un minuto de aplausos; este día coincide, además, con el inicio de trabajos previos a la temporada de beisbol de la Liga Mexicana del Pacífico.

En un mensaje a la familia de Héctor Espino y a la afición naranjera, Pablo de la Peña, director general de Naranjeros, envió un saludo y expresó que siempre tienen presente al máximo bateador mexicano de todos los tiempos, “estandarte de la organización -deportivamente hablando-, de quien fue el primer número retirado de la organización y de quien llevan su imagen en las pelotas de práctica”.
Agregó que es un orgullo para Naranjeros que Espino haya pasado por este equipo; orgullo que se comparte con Sultanes de Monterrey, ambos de la Liga Mexicana de Beisbol.
De la Peña recordó lo significativo de las anécdotas de Héctor Espino a lo largo de su trayectoria, mismas que deben ser un ejemplo para que cada pelotero saque lo mejor de sí en cada jugada.
En el turno al micrófono durante este homenaje anual, Francisco Gámez, gerente de Naranjeros de Hermosillo, dijo que además de pelotero fue un ejemplo de humildad, un padre de familia y esposo ejemplar, “alguien que realmente tenía los pies sobre la tierra y siempre arropó” a los jugadores para que estuvieran en condiciones de competir.
Héctor Espino debutó en 1962 en el beisbol mexicano; ese joven cañonero, quien se ganó el apodo de Supermán del Bateo o Supermán de Chihuahua, fue buscado en 1963 por los Indios de Cleveland.
Regresó al beisbol mexicano en 1964 para batear por 24 temporadas, llegó a Sonora en los años 60 para la temporada invernal, en la que destacó todas sus capacidades, logró el máximo reconocimiento de que su nombre fuera impuesto al estadio de beisbol que fue sede en varias ocasiones de la Serie del Caribe; en 1988 fue inmortalizado en el Salón de la Fama del Beisbol Mexicano, también en el Salón del a Fama de las Series del Caribe y sigue siendo recordado como el más grande jugador que haya pasado por las filas de Naranjeros de Hermosillo.
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