Pasión por el futbol, relatos sobre el Mundial 2026

Arte: Daniel Robles

➡️ Ángel Hernán Valenzuela / Plumas Invitadas

El Marcador: Partido por el Tercer Lugar (18 de julio) Inglaterra 6 – 4 Francia. Inglaterra: D. Rice (3′), E. Konsa (18′), B. Saka (37′, 45′, 87′), J. Bellingham (90′). Francia: K. Mbappé (48′, 66′), B. Barcola (54′), O. Dembélé (90′)

(¡Un partido histórico que se convirtió en el juego con más goles en la historia de las copas del mundo!)

Este domingo 19 de julio, cuando las selecciones de España y Argentina saltaron a la cancha en Nueva York/Nueva Jersey para disputar la gran final de la Copa del Mundo, nuestra región binacional se detuvo. Las pantallas en los bares de Phoenix, las salas en Tucson y las carnes asadas, acá, en Sonora estuvieron sintonizadas en la misma frecuencia. Por 90 minutos, fuimos cautivos voluntarios de esa magia que solo la pelota puede regalarnos.

Pero hoy, mientras recogemos las mesas después de las garnachas (la botana) y doblamos nuestra camiseta preferida, vale la pena hacer una pausa y preguntarnos: ¿de dónde viene esta pasión que paraliza al mundo entero?

Para entender lo que vimos en este Mundial 2026, tenemos que viajar al pasado. Aunque el ser humano lleva milenios pateando cosas por diversión, el futbol tal como lo conocemos nació en medio del humo, el frío y el ruido de la Revolución Industrial en Inglaterra. Específicamente, en octubre de 1863, cuando los líderes de varias escuelas y clubes se reunieron en una taberna de Londres llamada Freemasons Tavern para ponerse de acuerdo en las reglas.

Ahí, entre tarros de cerveza, se decidió que el juego sería solo con los pies. Pero lo verdaderamente hermoso del nacimiento del futbol es la razón por la que se popularizó.

Los obreros ingleses, que trabajaban jornadas agotadoras en las fábricas, encontraron en este deporte un escape barato y accesible para sus tardes libres. No necesitabas dinero; solo un poco de espacio, un balón y a tus compañeros. El futbol nació siendo el refugio de la gente trabajadora, un espacio donde el herrero y el panadero valían exactamente lo mismo que el dueño de la fábrica.

El gran escritor mexicano Juan Villoro nos recuerda que el estadio es el último gran nivelador social, ese lugar donde las clases sociales se abrazan cuando cae un gol en el último minuto.

Sin embargo, al observar cómo se desarrolló este Mundial en Norteamérica, es inevitable sentir un poco de nostalgia por aquellos días de la taberna londinense.

Da la impresión de que, poco a poco, el deporte se ha ido alejando de ese espíritu de barrio para convertirse en un evento donde a veces pesa más la burocracia que la cancha.

Nos encontramos con boletos a precios que hicieron casi imposible que un trabajador promedio llevara a su familia al estadio, dejándonos la sensación de que aquel deporte que nació para las masas ahora reserva sus mejores asientos para unos cuantos.

También, vimos cómo la política y la burocracia internacional se metieron a la cancha. A quienes vivimos la dinámica fronteriza, nos resultó muy familiar y a la vez melancólico ver cómo los trámites de visas y las tensiones geopolíticas afectaron a aficionados y selecciones enteras (como el caso de Irán, que encontró en nuestra Tijuana un refugio improvisado).

E incluso, en episodios recientes con ciertas tarjetas rojas y sanciones, nos quedamos con la duda de si las reglas siguen siendo las mismas para todos, o si a veces cambian dependiendo de quién haga la llamada telefónica.

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Esta desconexión entre el espíritu del juego y el peso de la realidad quedó amargamente demostrada el domingo por la noche. Mientras el mundo miraba hacia el trofeo en Nueva York, las calles de Argentina nos recordaron que el futbol no ocurre en el vacío. Los hechos suscitados después de la final, donde las multitudes, el caos y la tensión social y política chocaron violentamente, dejaron imágenes dolorosas.

El humo de las calles contrastaba con los festejos en las gradas, demostrando que cuando el árbitro pita el final del encuentro, los problemas estructurales de un país siguen ahí, esperando afuera del estadio, implacables frente a la alegría momentánea del deporte.

La crítica no busca apagar la fiesta, sino todo lo contrario: busca protegerla. El domingo vi la final con la misma ilusión de cuando era niño. Grité con las jugadas espectaculares y me emocioné con el talento puro que los jugadores demostraron en el césped.

El futbol siempre será nuestro. Pero mientras se guardan las copas y los reflectores del Mundial se apagan, no olvidemos sus raíces. El balón empezó a rodar en los pies de la gente común, y es a ellos, a los verdaderos aficionados, a quienes nunca se les debería dejar fuera de la cancha, ni de la justicia social.

Mil gracias por su lectura, nos leemos la próxima.


Fuentes y Referencias

Nacimiento del futbol y la ‘Freemasons’ Tavern’: Basado en los registros históricos de The Football Association (Londres, 26 de octubre de 1863) y documentado por historiadores deportivos como David Goldblatt en su libro The Ball is Round: A Global History of Soccer.

Cita de Juan Villoro: Paráfrasis y reflexiones extraídas de su célebre libro de crónicas y ensayos sociológicos, “Dios es redondo” (2006).

Marcador por el Tercer Lugar (18 de julio de 2026): Resultados oficiales del partido disputado en el Miami Stadium (Florida), donde Inglaterra venció 6-4 a Francia.

Contexto de la Final (19 de julio de 2026): Información del partido definitivo entre España y Argentina, disputado en el New York / New Jersey Stadium.


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