Pena de muerte en Arizona y en Sonora: historia, métodos, abolición y restablecimiento

En Arizona, el tema de la pena de muerte está escuchándose y leyéndose cada vez más. Esto puede deberse a la controversia suscitada en meses recientes por romperse la pausa, implementada durante el inicio del gobierno de Katie Hobbs, para evitar este proceso con el que se castiga de manera contundente a quienes cometen delitos graves, como el homicidio premeditado.
El sitio del Death Penalty Information Center señala que la pena de muerte se ha practicado desde 1865 en el territorio federal que actualmente es Arizona, la primera persona ejecutada fue Dolores Moore; quien murió ahorcada, por el delito de homicidio.
La pena capital en este estado, en particular, la que se cumplía con el método de ahorcamiento, según el sitio de correccionales, se ejecutó en la primera prisión construida en Florence, Arizona a principios del siglo XX. Contaba con una cámara de ejecución que estaba arriba del corredor de la muerte. Las ejecuciones se han realizado ahí desde 1910.
El primer reo ejecutado en la horca de Florence fue José López, su sentencia se cumplió el 5 de enero de 1910. Después de él hubo ocho ejecuciones más de este tipo. Las penas de muerte por asesinato en primer grado se suspendieron el 8 de diciembre de 1916.

El sitio significado.com detalla que el asesinato en primer grado tiene como consecuencia la pena mayor, cometida por un individuo que se considera peligroso y debe ser separado de la sociedad por el riesgo que representa para cualquier comunidad.
Después de que se suspendieran las ejecuciones por horca en 1916, la pausa duró sólo dos años, pues se restableció este tipo de pena capital el 5 de diciembre de 1918, y desde el 16 de abril de 1920 hasta el 20 de junio de 1931, hubo 19 ejecuciones de este tipo.
A partir del 6 de julio de 1934 se cambió la ejecución por ahorcamiento por la de muerte en la cámara de gas. Ese día, a las 5:00 de la mañana los hermanos Manuel y Fred Hernández murieron por intoxicación; la última muerte por gas letal fue dictada para Manuel E. Silva, el 4 de marzo de 1962, también a las 5:00 de la madrugada.
Siguió para Arizona una pausa de tres décadas sin aplicar la pena máxima, es decir, de 1962 a 1992 no hubo ejecuciones; en 1972 la Corte Suprema de Estados Unidos consideró que la aplicación de la pena de muerte con gas letal, violaba la prohibición de la Octava Enmienda constitucional de EEUU, contra los castigos crueles e inusuales.
No obstante, en 1973 se restableció la pena de muerte con la promulgación de la ley A.R.S. §13-454, hasta 1978 cuando se suspendieron nuevamente, hasta 1992, cuando los votantes decidieron que se cambiaría la ejecución en la cámara de gas por la aplicación de inyección letal; sin embargo, las personas que estaban sentenciadas antes de 1992 podían decidir si morían en la cámara de gas o por inyección letal.

Problemas con los insumos para el coctel de la inyección letal
En el año 2011 hubo una escasez de fármacos para la fabricación de la inyección letal; hubo importaciones ilegales de tiopental sódico en Arizona, así que se cambió al pentobarbital, que continuó utilizándose hasta las últimas ejecuciones que hubo por esta vía.
En 2014 se presentó un problema: los fármacos aplicados para que muriera Joseph Wood no hicieron el efecto esperado y el condenado tardó dos horas en morir. Lo que provocó que se suspendieran las ejecuciones de nuevo en Arizona por no contar con los insumos requeridos y no poder obtenerlos.
Para 2019, el Tribunal de Apelaciones de Estados Unidos determinó que el público tiene derecho a presenciar y escuchar todo el proceso de ejecución; lo que llevó a que se mantuviera encendido el micrófono de la cámara de ejecución mientras la muerte hacía su trabajo en el condenado. Dos años después, en 2021 se renovó la cámara de gas para el Departamento de Correcciones, Rehabilitación y Reingreso de Arizona (ADCRR), invirtiéndose más de 2 mil dólares para comprar los ingredientes de gas cianuro para matar a los condenados a la pena capital, el cianuro de hidrógeno utilizado sería el mismo que usaron los nazis para el exterminio de judíos en el holocausto.
En el año 2022 se ejecutó a Clarence Dixon y también hubo problemas para tres ejecuciones, en éstas, los condenados a muerte no perdieron la conciencia de lo que ocurría mientras sus pulmones se llenaban de agua, como decía suceder con la aplicación de la inyección letal, muriendo asfixiados.
En 2023, un hombre llamado Barry Jones fue liberado del corredor de la muerte. Estuvo en prisión 29 años. Ese mismo año, la gobernadora Katie Hobbs detuvo las ejecuciones, nombrando un comisionado para que revisara el proceso de las mismas, procurando que el procedimiento fuera “lo más humano posible” y se proporcionara transparencia en el proceso de compra de medicamentos para la inyección letal, así como los químicos para la cámara de gas del ADCRR.
Se acerca, de nuevo, la muerte a los condenados de Arizona

Después de que la gobernadora Hobbs diera por concluido el trabajo del encargado de revisión y transparencia para aplicar la pena de muerte en Arizona, el juez David Duncan, quien investigó las tres ejecuciones que resultaron fallidas en 2022. A finales de 2024 se determinó, una vez más, que el estado está listo para retomar los expedientes que apuntan a la pena máxima. En noviembre, Kris Mayes, fiscal general del estado dio a conocer que retomará la búsqueda de las órdenes de ejecución, contando con el apoyo de la gobernadora.
En Arizona, actualmente hay 111 personas en el corredor de la muerte, a la espera de que el estado decida cómo serán ejecutados y a partir de cuándo.
Al retomar este proceso se estableció que habrá requisitos nuevos en la capacitación de quienes llevarán a cabo este “trámite”, así como nuevo equipo médico que haga el proceso más corto y que la revisión de los protocolos sean exhaustivos incluyendo “la vigilancia de la muerte”, como dictan los protocolos estatales y federales, según Hobbs.
Según la información estatal que se ha proporcionado desde el despido el juez Duncan y de la declaración de la fiscal por retomar la pena capital, se ha señalado que el primer reo ejecutado será Aaron Brian Gunches, sentenciado en 2008 por el secuestro y asesinato de Ted Price, el exesposo de su novia, en el año 2002.
Los ciudadanos decidirán sobre la muerte de los reclusos
En seguimiento a la pausa de las ejecuciones en Arizona durante el gobierno de Katie Hobbs, en enero de 2025, el legislador republicano Alexander Kolodin propuso que el estado ejecute a los ocupantes del corredor de la muerte por medio de un pelotón de fusilamiento; con la excepción de que, quienes hayan sido sentenciados antes del 23 de noviembre de 1992, puedan optar por esta medida o por la muerte en la cámara de gas.
Encuesta con cafeteros de Conecta Arizona
Respecto a este tema, en Conecta Arizona se aplicó una encuesta por medio del Ponte al Día, el resumen informativo que se envía por grupos de WhatsApp de lunes a viernes. La pregunta fue: ¿Qué opinas sobre la pena de muerte?
Son 49 las personas que participaron en la encuesta; de ellas 30 eligieron la respuesta “No la apoyo; se corre el riesgo de ejecutar a personas inocentes”; mientras que hubo un empate entre “Que es una medida para preñar delitos graves, como atentar contra la vida” y “Debería aplicarse en todas las ciudades del mundo”, cada una con seis clics.
La cuarta respuesta por la que más se votó fue “Afecta la estabilidad emocional de los familiares de los condenados y de los demandantes”. Cinco cafeteros optaron por esta respuesta.
Finalmente, dos personas eligieron la respuesta “Es una violación a los derechos humanos que no evita la comisión de delitos”. Si no participaste en la encuesta, ¿cuál sería la opción por la que votarías?
Sonora fue el último estado mexicano donde se aplicó la pena de muerte
Las decisiones que tomamos en nuestras vidas y las acciones que llevamos a cabo siempre tienen consecuencias. Cuando las personas cometen delitos, quizás tengan un momento de conciencia en el que sepan que nada permanece oculto y que tarde o temprano, serán reconocidos (o señalados) por lo que hicieron.
La frontera de México y Estados Unidos hermana acciones en el presente y se diferencia por historias que son eso en este momento, historias; procesos que ya ocurrieron, que se pausaron, que se suprimieron.
El tema que ahora nos ocupa es el de la pena de muerte. Nuestros lectores quizás no sepan, o algunos sonorenses radicados en Arizona tal vez ahora recuerden que en 1957 se cerró el capitulo de las ejecuciones, de la pena de muerte en Sonora, y en México.
Hay quienes se enteraron en su momento, o han guardado ese recuerdo, esa narración oral y popular de lo sucedido en Hermosillo y Pótam, en el sur de Sonora, que tuvo como desenlace el fusilamiento de dos hombres en la (antigua) Penitenciaría Estatal ubicada en las faldas del Cerro de la Campana en Hermosillo, hoy convertida en la delegación Sonora del Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH.
La hemeroteca de la Universidad de Sonora resguarda los periódicos que consignaron el hecho. En El Imparcial del 17 de junio de 1957, hace 67 años y siete meses el encabezado de ocho columnas señalaba “Fusilarán mañana a dos sátiros”.

¿Cómo fue la última aplicación de la pena de muerte en Sonora?
La edición número 5970 informaba sobre la ejecución de Francisco Ruiz Corrales y de José Rosario Don Juan Zamarripa, quienes estrían en el paredón frente a un pelotón de diez hombres. El día y la fecha señalada fue 18 de junio de 1957 a las 5:00 de la madrugada.
La pena capital fue interpuesta por los juzgados Penales de Hermosillo y Pótam, hoy perteneciente al municipio de Guaymas, y ratificados por el Supremo Tribunal de Justicia del Estado y por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, SCJN.
José Rosario Don Juan Zamarripa, quien era un exsoldado de 40 años de edad, ultrajó, estranguló y arrojó al Río Yaqui a una niña de 4 años, de nombre Ernestina Leyva Cajeme. Los hechos ocurrieron el 6 de julio de 1950; el hombre vio a los padres y a la niña dormidos, la tomó en brazos y se la llevó. Al huir, el exmilitar perdió su gorra, pero no regresó a buscarla hasta después de cometer todos los delitos, elemento que fue una de las pruebas para que se declarara culpable, después de haber negado su crimen.
Trece días después, el 19 de julio, José Rosario ingresó a la cárcel de Ciudad Obregón; la pena de muerte le fue dictada el 12 de octubre de 1957, misma que apeló, por lo que su caso pasó al Supremo Tribunal de Justicia y él fue trasladado a Hermosillo.

Desapareció y murió ‘la niña de los tomates’
En el transcurso de este tiempo, el que se ejecutó la pena de muerte de Don Juan Zamarripa; en Hermosillo, la niña María de la Luz Margarita Mendoza, de seis años de edad, salió de su casa en la colonia 5 de mayo para ir a vender tomates con su hermano mayor. José.
Era la mañana del 18 de enero de 1955; por la tarde, se denunció la desaparición de la pequeña en la comandancia de la Policía Municipal, se dio santo y seña de Luz Margarita y la población en conjunto se dio a la tarea de buscarla, luego de enterarse de que no llegó a casa a través de las estaciones de radio.
La descripción de José, y otros testimonios de personas que se percataron de lo que sucedía en la colonia popular de Hermosillo, hicieron que la policía aprendiera a Francisco Ruiz; en la comandancia y tras un interrogatorio, el hombre confesó su crimen y dio los detalles, revelando también dónde yacía el cuerpo de su víctima.
El jornalero de 27 años relató que abusó de ella y la ahorcó, para después abandonar su cuerpo en un arroyo seco de la colonia Country Club, de reciente creación al oriente de Hermosillo.
En 2007, 52 años después de lo que hoy podría calificarse como feminicidio; el Instituto Sonorense de Cultura y Editorial Garabatos publicaron el libro La niña de los tomates, del escritor Sergio Valenzuela Calderón, quien retomó este hecho para la creación de una historia en el género de ficción.
Preparen…
La tarde previa al fusilamiento, los hombres, “los sátiros”, como aún se les recuerda en las historias urbanas, los hombres fueron incomunicados; cenaron frijoles, café y pan. El periódico El Imparcial narra que se impidió a la Penitenciaría Estatal el ingreso a la prensa, que quería obtener declaraciones de los que serían (aún no lo sabían) los últimos fusilados.
La decisión de estos fusilamientos obedeció al reclamo popular de castigo hecho al gobernador Álvaro Obregón Tapia (hijo del expresidente), quien fungió su cargo de 1955 a 1961. Al momento de ordenarse la fecha y hora de la ejecución, y de intentar mantenerse en secreto, había alrededor de 60 casos de agresión sexual a menores de edad.

Apunten…
El periódico mencionado señala que Don Juan Zamarripa y Ruiz Corrales pasaron la última noche en una celda estrecha, “especial para estos casos”, y se permitió el ingreso a gente de la prensa local para que respondieran a sus cuestionamientos.
Una publicación de El Sol de Hermosillo, del 17 de junio de 2021, señala que los prisioneros fueron reconfortados y confesados por el sacerdote Hermenegildo Rangel Lugo, quien los visitó alrededor de las 4:00 de la mañana en sus celdas.
Antes de su ejecución se les ofreció un cigarro, mismo que fumaron previo a ser sacados al patio antes de su fusilamiento. Para dar un escarmiento a quienes estaban en prisión por delitos de agresión sexual a menores, “otros sátiros”, refiere el periódico, fueron colocados en mazmorras del edificio construido con piedra, para que fueran testigos de estas muertes.
¡Fuego!…
Los sentenciados a muerte salieron de sus celdas, cruzaron el patio, acompañados de policías con quienes fueron fotografiados y fueron colocados en el paredón sin vendajes en los ojos; Entre las 5:05 y las 5:07 de la mañana, los hombres que ya tenían 45 y 29 años recibieron su castigo a través de las balas.
Uno de los fusiles de quienes integraron el pelotón de fusilamiento, señala El Sol de Hermosillo, tenía balas de salva, que no provocan daño a quien las recibe; este fue sorteado entre el escuadrón, a fin de reducir el remordimiento y sentimiento de culpabilidad que pudiera causarles su intervención en esta tarea.

Don Juan y Ruiz llegaron marcando el paso redoblado a su encuentro con la justicia y la muerte, susurraron oraciones y se pusieron en posición de firmes. El primero en recibir los disparos mortales fue el exsoldado Don Juan Zamarripa, quien, cayó sentado, detenido por el paredón; mientras que Ruiz Corrales cayó a su lado izquierdo, los dos agonizantes. Las balas no tuvieron el impacto fatal esperado. Tras la revisión de los médicos legistas, se determinó que ambos seguían vivos y que necesitaban recibir el tiro de gracia.
El jefe del pelotón utilizó su arma reglamentaria, una escuadra calibre 45 y disparó para que recibieran su sentencia, finalmente, primero sobre Don Juan y luego a Ruiz.
Tres horas más tarde, consignó en su nota el periodista Enguerrando Tapia: a las 8:00 de la mañana, sus cuerpos fueron sepultados en el Panteón Municipal de la calle Yáñez; los testigos de su inhumación fueron familiares de Ruiz Corrales, policías y el agente del Ministerio Público Jesús Guillermo Orozco.
Podrán dormir con las puertas abiertas
Tras la ejecución de estos hombres, el jefe de la Policía Judicial del Estado Juan G. Macías, declaró que la sociedad podía estar tranquila y que, cuando los demás estados aplicaran la ley con rigor contra “criminales, morbosos y degenerados” en los hogares se iba poder dormir “con las puertas abiertas”.

Las tumbas que reciben la visita de curiosos
Actualmente, en el Panteón San Agustín, que es como se llama en realidad el conocido Panteón Yáñez, las tumbas de los dos violadores y asesinos reciben visitas de gente curiosa que ha escuchado la historia de los fusilados, de la niña de los tomates y de las tumbas que están marcadas con las cruces de color rojo.
La descripción para llegar, según los trabajadores municipales que dan mantenimiento al panteón, es seguir la calle principal hasta llegar a la glorieta, rodear la misma y seguir dos calles más hacia el norte del camposanto. Ahí, hay que dar vuelta a la izquierda en una larga pero reducida, hasta topar con la barda poniente. Las dos tumbas están del lado derecho, hay que caminar unos cuantos metros para estar cerca. Están dispuestas en fila, con ‘la cabeza’ hacia el norte y los pies hacia el sur. Primero está la de Francisco Ruiz Corrales y atrás, la tumba de José Rosario Don Juan Zamarripa. Son iguales, de losetas de cemento en color gris y las cruces rojas. Así se distinguen de los demás sepulcros antiguos que hay en el también viejo panteón.
Los trabajadores municipales no tienen información respecto a posibles familiares que visitan esas tumbas, sólo saben que, con frecuencia, llegan personas a preguntar la ubicación, o que a veces ‘aparecen’ pintadas las cruces, como para que no se olvide quiénes son y por qué están ahí, con esa marca.



En otras ocasiones han encontrado letreros en la barda, refiriendo quiénes fueron y cuál fue la causa de su muerte, con la fecha de su sepelio. Otras veces también se encuentran con que tienen flores. No se sabe quién las cuida o las descuida. Lo que está comprobado es que son dos de las tumbas más “populares” del panteón que está en el límite de las colonias Balderrama, Modelo y Los Rosales.
La tumba de Ruiz Corrales conserva la cruz roja completa, aunque la pintura está ‘descascarada’. En la lápida apenas se distinguen unas letras. En cambio, la tumba de Don Juan tiene más visible la inscripción de la lápida de cemento, aunque la cruz está quebrada, separada de donde estuvo originalmente, aunque reposa sobre la tumba.
En Sonora se abolió la pena de muerte, por cualquier modalidad o procedimiento, el 7 de febrero de 1975; los últimos fusilados fueron “Zamarripa”, como más se le menciona, y Ruiz Corrales. Mientras que, en México, la pena capital fue suspendida en el año 2005. Este tipo de delitos siguen cometiéndose.

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Plumas invitadas de Conecta Arizona
