Pequeñas historias de vida

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Arte: Daniel Robles

➡️ Alma Covarrubias / Plumas Invitadas

Estoy emocionada porque Plumas Invitadas me invitó a escribir. La verdad no sé por dónde empezar. Me dice una amiga: “Sí vas a poder, porque te gusta mucho platicar, así como platicas, escribe”.

¿De qué les puede platicar una señora que está en su casa?, qué ya sus hijos crecieron y se fueron. ¿Qué estamos solos mi esposo y yo, y además él trabaja en el rancho y estoy sola muchos días?

Pero yo creo que tengo infinidad de historias.

Pertenezco a una familia de tradiciones y costumbre muy dentro de la moral de los años 50. Por lo tanto, fui muy obediente, lo mismo que mi hermana. Somos cinco hermanos: dos mujeres y tres hombres. Hubo una película que vi hace muchos años, creo que fue con John Travolta, se llamaba “El chico de la burbuja”, cuando crecí comprendí que así nos tuvieron nuestros papás, estudiábamos en colegios de monjas y también éramos muy obedientes; por lo tanto, siempre teníamos muy buenas calificaciones. No me puede, agradezco a mis padres que nos hayan cuidado tanto. Afortunadamente nos enamoramos, cada una, con muchachos de acuerdo a nuestra educación. Nos casamos y hemos vivido muy felices. A mí no me hizo falta haber vivido más.

Arte: Daniel Robles

Nací y viví en Guaymas, Sonora hasta que cumplí 14 años. En ese tiempo, las costumbres eran muy parecida o igual en todas las casas, teníamos obligación de ayudar en las tareas del hogar, aunque mi mamá tuviera ayuda, nosotros teníamos obligaciones: ya sea sacudir algunos muebles o. después de comer, lavar trastes; nuestras amiguitas vecinas se ponían a ayudarnos para que termináramos pronto para salir a jugar (a la calle) en ese tiempo era super seguro, no había peligro de que todos los niños jugáramos en la calle, ya sea a “las escondidas”, “al carro” (un juego de pelota); a las canicas los niños, las niñas no.

Llegué a la adolescencia y tenía invitaciones a fiestecitas, pero yo era muy especial, en ese entonces, lo conveniente era bailar con un muchacho hasta cumplir los 15 años y yo bailé exactamente el día que los cumplí; había una fiestecita de amigos, despedida de una amiga que se iba a vivir a otra ciudad. Se me acercó un muchacho y me dijo “Qué lástima que no bailas”, yo contesté “Hoy cumplo años y ya bailo”, jajajaja. Bailamos mucho.

En lo que nos divertíamos los jovencitos de la época, era jugar boliche, ir en las tardes a la playa, de suerte teníamos un amigo que tenía lancha y nos invitaba; la pasábamos muy bien. Recuerdo que mis papás tenían un grupo de amigos a los que queríamos como tíos y ellos a nosotros también; ellos, todos los fines de semana (así lo veía yo) salían con sus amigos, a cenar o bailar. Era una época muy bonita. A los hermanos nos dejaban con la abuela materna y a las 7:00 de la mañana nos regresaba a mi casa y sin desayunar; pobrecita mi mamá, desvelada y a dar desayuno a cinco.

Se llegó el tiempo de que a mi papá lo ascendieron en su trabajo y salimos de Guaymas, llorando porque dejábamos a nuestros amigos, sobre todo. Así vivimos en varias ciudades, a donde llegábamos llorando porque no queríamos vivir ahí; al rato salíamos llorando porque ya no queríamos irnos. Así vivimos nuestra adolescencia, los cinco hermanos.

Vivíamos en Ciudad Satélite, muy bonito lugar. En el mismo fraccionamiento vivía una tía y su familia y, además, estaba pasando una temporada mi abuela paterna, pero desafortunadamente tenía un problema de columna y se cayó y la tuvieron que operar, así que nos tocó convivir mucho con ellos.

Viviendo ahí nos tocaron muchas tradiciones que acá -en el norte- no se acostumbraban todavía, como las posadas y otras festividades mexicanas. A mí me gustan todas las tradiciones de las fiestas como el ballet folklórico y ahí me tocó verlo. Eran tiempos seguros (1965). A mi mamá le gustaba llevarnos al cine, ella sola (muy valiente) con sus cinco hijos, la mayor era yo y tenía 14 años. Nos subíamos a un camión en las Torres de Satélite y nos dejaba en Paseo de Reforma y ahí estaban todos los cines. Veíamos películas de Rocío Dúrcal, Marisol, Alberto Vázquez, Angélica María, Enrique Guzmán, César Costa…


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Al año siguiente, nos vinimos a vivir a Magdalena, todavía no era de Kino, acababan de descubrir los restos del Padre Kino. Era un pueblo muy chiquito, pero lo amamos todos. Cuando llegamos, no pudimos entrar a la escuela mi hermana y yo porque veníamos a secundaria y estaba en huelga (1967), pero mientras se acababa esa huelga, mis papás nos pusieron a estudiar a la Academia Comercial Valdez, con el profesor Ernesto Valdez; estudiábamos taquigrafía y mecanografía, además de lo básico de contabilidad.

La escuela secundaria estaba incorporada, lo mismo que la preparatoria, a la Universidad de Sonora. El movimiento del 67 se originó por un pleito interno entre integrantes del Partido Revolucionario Institucional, PRI; era apoyado por la sociedad. Esta fue la característica del movimiento del 67.

Era muy sencilla la vida aquí en Magdalena, pero se hacían muchas amistades y se hacía un vínculo muy cariñoso. En la escuela se hacían amistades que hasta la fecha perduran. Había en la plaza (que hoy es Monumental), unas neverías y era el lugar donde todos se reunían, grandes y jóvenes. Además de tomar refrescos, nieves, los famosos “fritos de El Azteca, con salsa”, que ha sobrevivido esa tradición por 60 años, mínimo. Otra tradición en Magdalena, era dar vueltas a pie, por la plaza y saludábamos a quienes iban en sentido contrario y si nos encontrábamos 10 veces, ¡las tantas veces nos decíamos “Adiós!”

Esta fue mi gran experiencia de vivir en Magdalena de Kino, Sonora, durante mi juventud.

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Arte: Daniel Robles

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