¿Por qué nadie ayudó a Michael Montoya II?

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El homenaje a Michael Montoya, en la vigilia realizada el viernes afuera de la escuela Maryvale, donde fue asesinado.

En Arizona, una pelea entre dos estudiantes de preparatoria terminó en tragedia: Michael, de 16 años, fue apuñalado en el salón de clases por otro alumno, mientras algunos testigos registraban la escena con sus celulares. Nadie intervino: ni alumnos, ni maestros.  

➡️ Texto y fotos: Celia Esperanza Ramos Montoya 

➡️ Edición: Maritza L. Félix

Maryvale, AZ – El viernes 22 de agosto, en la misma puerta por la que tres días antes lo habían sacado en camilla, la madre de Michael Montoya II observó cómo sus compañeros convirtieron la reja metálica en un altar: colocaron velas, flores, globos. Sobre una cartulina improvisada escribieron mensajes como los que suelen dedicarse en los anuarios de graduación.

Michael había cumplido 16 años cuatro días antes, pero el martes 19 de agosto de 2025, en un salón de clases de una preparatoria en un barrio predominantemente latino de Phoenix, fue apuñalado.

“Voy a manejar mi troca por la madrugada.
No alcancé a despedirme porque no pensaba
que la muerte me esperaba, me tomó del brazo.
Gracias por sus oraciones, ya estoy descansando”.

Los versos de “Descansando”, corrido sierreño urbano de Fuerza Regida, en voz de un grupo de jóvenes, se volvieron rezos. Estudiantes, vecinos y familiares se congregaron para despedir y acompañar. Apenas quince días habían pasado desde el inicio del ciclo escolar. Era martes, cerca de las once de la mañana cuando la rutina del vecindario se fracturó. 

José González, padre de una alumna, recordó la primera llamada de su hija: “Estamos en lockdown, papá, tienes que venir por mí”.  Presuroso, pidió permiso en el trabajo y salió de inmediato, a una hora en la que nunca lo hacía. En el camino, el teléfono volvió a sonar. La voz de su hija: “Apuñalaron a un niño. Por lo que vi, no creo que vaya a sobrevivir”.

La noticia se viralizó en redes: una pelea entre dos estudiantes había terminado en la muerte de uno de ellos. La Preparatoria Maryvale, ubicada en el vecindario del mismo nombre, al oeste de Phoenix, en Osborn Rd y la avenida 59, fue el escenario de la tragedia.

Desde la calle la tensión era visible. El tráfico avanzaba con lentitud por la Avenida 59. Padres de familia conducían con las ventanas abajo, las manos aferradas al volante y los ojos fijos en la fachada de la Preparatoria. Sobre el cerco todavía colgaba el cartel del inicio de curso: “Bienvenidos, Panteras”. Otros se acercaban hasta la cinta amarilla que la Policía de Phoenix extendió frente al edificio. Dentro, los alumnos se comunicaban con sus padres por mensajes de texto. También circulaba un video en el que no se distinguían rostros, pero sí la furia y la súplica de un joven por su vida.

Michael Montoya falleció el 19 de agosto, cuatro días después de haber cumplido 16 años.

Poco después la información comenzó a ordenarse. Los nombres se dieron a conocer: Michael Montoya II, de 16 años, muerto tras la puñalada. Chris Aguilar, su compañero de la misma edad, arrestado y acusado de asesinato. 

Fueron los propios estudiantes quienes difundieron en redes los primeros datos: nombres, razones, fragmentos de la pelea. Información que después quedó confirmada en documentos judiciales. Según esos registros, Michael le había robado un arma a Aguilar, y tanto él como su hermano habían hablado de vengarse. La mañana del ataque, Aguilar se sentó junto a Michael en el aula, lo golpeó varias veces y luego sacó una navaja plegable con su nombre grabado en el mango. Lo apuñaló en el suelo, entre mesas y sillas escolares. Docentes y compañeros de clase presenciaron la escena; nadie intervino.

La escuela entró en confinamiento inmediato y se suspendieron las clases por tres días. La puerta sur del plantel, en Osborn Rd, quedó como la última imagen: de ahí partió en una ambulancia hacia el Hospital St. Joseph. No regresó. 

En la vigilia del viernes, la madre y los familiares de Michael mantuvieron distancia con la prensa, pero no con la comunidad: sentados junto a la puerta cerrada del plantel, permitieron que vecinos y compañeros se unieran a su duelo.

La vigilia realizada el viernes a la noche, afuera de la Preparatoria en Maryvale.

La Preparatoria 

Maryvale High School forma parte del Distrito Unificado de Phoenix y alberga a 2 mil 685 estudiantes, del noveno al doceavo grado; más del 90 por ciento es hispano. Es una escuela con historia y orgullo comunitario, fundada en 1962 en lo que hoy es el barrio más latino de Phoenix. 

Según datos del Departamento de Educación de Arizona, en 2024 había logrado subir su calificación estatal de “C” a “B”, un avance que reflejaba años de esfuerzo por mejorar el rendimiento académico y la preparación de sus alumnos. 

Ese reconocimiento contrastaba con la incertidumbre de las familias. Una madre, frente a la cinta amarilla de la policía el día del ataque, admitió que se sentía “triste y con miedo” de enviar a su hijo a la escuela.

Entre los estudiantes, una alumna de onceavo grado, recién llegada a Estados Unidos, contó que estaba en el mismo edificio donde ocurrió la agresión. Al pasar frente al aula donde fue asesinado Michael, escuchó ruidos. Afuera del plantel, aún conmovida, compartió su desconcierto al saber que había compañeros grabando en lugar de ayudar: “Yo, si hubiera estado en ese lugar, no sé qué hubiera hecho, pero no me habría quedado grabando nada más”.

La Preparatoria Maryvale, donde más del 90% de los estudiantes es hispano.

¿Por qué nadie detuvo el ataque? 

Los padres cuestionan por qué el personal no intervino. La misma pregunta se hacen muchos miembros de la comunidad y pocos se aventuran a dar una respuesta. Un maestro de Maryvale, cuya identidad protegemos a su petición y por respetar su privacidad, indica que los educadores no están preparados para enfrentar incidentes de violencia como estos.

“Los maestros sabemos que no es nuestro trabajo meternos en los pleitos. Solo llamamos a seguridad. Si me involucro y toco, aunque sea de manera accidental, a un estudiante, se acaba mi carrera y me expongo a demandas”, expuso el profesor. 

“Nosotros no tenemos una instrucción clara; si nos demandan estamos solos, no existe un documento que nos diga cómo actuar ni qué pasos seguir en una eventualidad así”, añadió en entrevista con Conecta Arizona. 

Para este docente, las críticas suelen dirigirse hacia donde no corresponde. Lo que más pesa sobre los jóvenes de Maryvale, aseguró, no son solo los riesgos de violencia, sino el ausentismo y la poca participación de los padres en la vida escolar. 

“En la escuela hacemos todo lo posible por proveer un ambiente educativo, sano… pero, ¿cómo combatimos la falta de educación en casa? ¿El desinterés? ¿El mal comportamiento que ya aprendieron de sus familias?”, cuestionó. 

Su voz reflejó un sentir compartido en muchos campus del país. 

Un estudio de la American Psychological Association mostró que la violencia contra los educadores aumentó durante la pandemia y se ha mantenido en niveles preocupantes desde entonces: amenazas verbales, agresiones físicas y la sensación de que, al intervenir, los maestros ponen en riesgo su seguridad y su carrera. Casi la mitad de los encuestados consideran la posibilidad de dejar la profesión por el clima de inseguridad en las escuelas, y hasta uno de cada cinco ha sufrido agresiones físicas de estudiantes. El reporte advierte que los educadores carecen de protocolos claros y de respaldo institucional para enfrentar hechos violentos.

Esa vulnerabilidad, la de estudiantes y la de los propios docentes, es un indicador de por qué las medidas de seguridad han girado hacia soluciones tecnológicas.

Las velas que recuerdan a Michael Montoya afuera de la escuela Maryvale, en Phoenix, ayer lunes a la tarde.

¿Y los detectores de metal?  

Meses antes de la tragedia, en noviembre de 2023, la Preparatoria Maryvale se había convertido en uno de los dos laboratorios donde el Distrito Escolar Unificado de Phoenix probó un sistema de seguridad inédito dentro del distrito: los Sistemas Avanzados de Detección de Armas.

A simple vista parecían arcos de detección, pero en realidad combinan sensores, inteligencia artificial y aprendizaje automático capaces de reconocer no solo metales, sino también la forma de cuchillos, pistolas, armas impresas en 3D e incluso objetos explosivos improvisados.

Durante un año completo de prueba, que se extendió hasta diciembre de 2024, los resultados fueron contundentes: no se registró un solo incidente con armas de fuego en la escuela de Maryvale ni en Bostrom, la otra institución educativa piloto en Phoenix, ubicada en la Avenida 27 y Osborn Rd. En el resto del distrito se confiscaron once. Para el personal docente y los padres, la diferencia se sintió de inmediato: las encuestas revelaron un repunte en la percepción de seguridad y un respaldo casi unánime a que los aparatos permanecieran.

Los estudiantes, en cambio, reportaron sentimientos encontrados: algunos agradecieron la capa extra de protección, otros lo vieron como una molestia que les recordaba que la amenaza estaba siempre latente. Lo cierto es que el piloto dejó al descubierto un dato importante: cada vez que ocurre un incidente con armas en cualquier campus, la matrícula cae hasta un 1.7% en apenas dos semanas, un golpe que erosiona no solo la confianza sino también los recursos de la escuela.

Con esos resultados, el distrito anunció que los detectores se implementarían en todos los campus a partir del 4 de agosto de 2025. 

Y aunque la escuela de Maryvale ya contaba con detectores de armas aún quedaba la pregunta: ¿cómo un cuchillo de bolsillo logró atravesar las medidas de seguridad?

El mismo maestro consultado antes apuntó una posible explicación: “Hay muchos metros de cerco sin vigilancia. Si un estudiante quiere meter un arma, la puede lanzar por arriba del cerco y luego recogerla dentro”, advirtió.

Michael Montoya tenía solo 16 años y así lo recuerdan sus familiares y amigos.

Un problema ya reconocido

La vulnerabilidad por el aumento de incidentes con armas no es un secreto . El 19 de diciembre de 2024, el Distrito Escolar Unificado de Phoenix presentó ante el Estado una solicitud de financiamiento para seguridad escolar estudiantil, a través de una subvención para el año fiscal 2025. La petición consistía en 254,937 dólares destinados a pagar, durante 18 meses, el salario y los beneficios de un oficial de seguridad escolar en dos preparatorias: Carl Hayden y Betty Fairfax. En el documento ambas fueron descritas como escuelas en vecindarios con altos índices de criminalidad y frecuentes incidentes disciplinarios. 

En la narrativa enviada al estado, el propio distrito exponía sus limitaciones: “…nuestro equipo no tiene ninguna autoridad legal para enfrentar delitos violentos como agresiones o agresiones agravadas dentro del campus”. Y añadía una advertencia: “…junto con un incremento en armas como cuchillos y pistolas”.

El mismo informe señalaba el aumento de armas en los planteles y documentaba un patrón de incidentes: en Carl Hayden se contabilizaron 488 referencias disciplinarias en tres ciclos escolares (2022-23, 2023-24 y el primer trimestre de 2024-25), mientras que en Betty Fairfax fueron 725 en el mismo periodo. A ello se sumaban amenazas en redes sociales, incluido un caso en marzo de 2024 dirigido contra un administrador en Carl Hayden, además de la posesión recurrente de armas y drogas.

El texto dejaba claro que, aunque los maestros, trabajadores sociales y consejeros actúan en la prevención, carecen de preparación y facultades para detener la violencia dentro de las escuelas. Por ello pedían recursos para incorporar oficiales de seguridad escolar con entrenamiento y atribuciones para intervenir en situaciones de riesgo.

El caso en el Distrito Unificado de Phoenix no es una excepción. Revela problemas estructurales que atraviesan a muchos distritos en Estados Unidos: la vulnerabilidad de los campus, la ausencia de protocolos claros para los docentes y la creciente circulación de armas entre jóvenes.

El 19 de agosto de 2025, día del apuñalamiento, la Preparatoria Maryvale contaba con un oficial de seguridad, pero para Michael Montoya II no fue suficiente. 

Flores, estampitas y otros objetos continuaban este lunes junto a la puerta de la escuela en Osborn Rd, para recordar al estudiante que falleció.

El distrito escolar, ahora bajo presión, enfrenta preguntas para las que aún no ofrece respuesta

Lo ocurrido en Maryvale dejó en evidencia una paradoja: la escuela ya estaba bajo un programa piloto de detectores que habían demostrado ser eficientes; el propio distrito había advertido del incremento de armas y de la incapacidad del personal para enfrentar hechos violentos.

Ese mismo día, mientras la comunidad se reunía aún en shock por lo ocurrido, en conferencia de prensa las autoridades subrayaron la rapidez de la respuesta. El jefe de la Policía de Phoenix, Matthew Giordano, aseguró que “el personal de la escuela notificó de inmediato al oficial de seguridad escolar, quien respondió rápidamente y detuvo a uno de los involucrados”.

La superintendente del distrito, Thea Andrade, habló de una “respuesta rápida de los equipos de seguridad, administradores y del oficial escolar, en coordinación con la policía de Phoenix”, y expresó que todo Phoenix Union llora la pérdida del estudiante. 

El superintendente estatal de Instrucción Pública de Arizona, Tom Horne, añadió que el oficial escolar “hizo bien su trabajo”.

Ninguna conferencia ni comunicado del distrito ha respondido a las preguntas que ahora la comunidad y padres de familia realizan en foros y redes: ¿están realmente seguros los estudiantes dentro de la escuela? ¿Quién los protege si un arma aparece en el aula? ¿Quién interviene cuando la violencia irrumpe entre cuadernos y pupitres?

Los alumnos regresaron a clases el lunes 25 de agosto.  Afuera de la escuela, bajo el sol, flores marchitas y velas consumidas seguían recordando a Michael. Su foto y su nombre, escritos en cartulina, se mezclaban con el tráfico en las avenidas 59 y Osborn. Los autos aún bajaban la velocidad al pasar. La rutina, sin embargo, parecía haber vuelto: grupos de jóvenes caminaban por la avenida en sus horarios habituales.

Una verdad se impone: Michael era uno de ellos. Como ellos. Y también lo era quien lo atacó.

Un vehículo de la Policía, este lunes, ubicado afuera de la escuela en Phoenix.

Queremos que Conecta Arizona sea ese lugar en donde podamos darle un espacio, un eco y amplificar tus historias.

Plumas invitadas de Conecta Arizona

Autores

Celia Montoya es comunicadora y actriz, originaria del estado de Sinaloa, México. Fue conductora de Radio en Tecate Baja California en la estación 88.5fm. Reside en Phoenix, Arizona, desde 2004.

Estudió Negocios en el Phoenix College en Arizona. Formó parte de la organización Toastmasters Internacional, donde además de desarrollar habilidades para comunicar fungió como vicepresidente de relaciones públicas en dos grupos, La Voz de Oro y Los Empresarios Toastmasters.

Es instructora en Fuerza Local, una organización sin fines de lucro, donde imparte clases de comunicación, hablar en público y servicio al cliente. En sus ratos libres le gusta escalar montañas, escuchar podcast, leer y escribir. Desde 2017, forma parte del grupo de poesía y literatura El Llano en Llamas.

Maritza L. Félix es una galardonada periodista independiente, productora y escritora en Arizona. Es la fundadora de Conecta Arizona, un servicio de noticias en español que conecta a las personas en Arizona y Sonora principalmente a través de WhatsApp y las redes sociales. Es la creadora de Cruzando Líneas, un podcast de nuevas narrativas fronterizas. Es coproductora y copresentadora de Comadres al Aire.

En 2022, Maritza fue nombrada como la Innovadora del Año por Local Media Association y recibió el premio 2022 Cecilia Vaisman como la mejor periodista multimedia hispana por parte de la Universidad Northwestern y NAHJ.

 Es becaria senior del programa de JSK Community Impact Fellowship de Stanford y graduada del programa de liderazgo e innovación en periodismo Executive Program in News Innovation and Leadership in Journalism de Craig Newmark Graduate School of Journalism en CUNY. Además es becaria de The Carter Center, la Asociación de Escritores de Educación (EWA), Feet in 2 Worlds (Fi2w), “Adelante” de IWMF y de Listening Post Collective; forma parte de las 50 Mujeres que pueden cambiar el mundo del periodismo 2020 de Take The Lead. Félix ha sido nombrada en dos ocasiones como “La mejor periodista en español de Arizona” y como una de las “40 personalidades hispanas menores de 40 años en Arizona”.