Sobredosis de drogas en Estados Unidos: “La naloxona puede ayudarnos a salvar vidas”, afirma el doctor Manuel Cano, de Arizona State University (ASU)

➡️ Texto: Mia Armstrong-López, Arizona State University (ASU).
Entre octubre de 2023 y septiembre de 2024, aproximadamente 87,000 personas murieron por sobredosis de drogas en Estados Unidos, y la mayoría de estos casos estuvieron relacionados con opioides. La crisis del uso de sustancias y las adicciones en Estados Unidos tiene implicaciones para nuestra salud, nuestras comunidades, y nuestras familias.
El reto es enorme, pero hay cosas que podemos hacer para protegernos a nosotros y a nuestras comunidades. Platicamos con el Dr. Manuel Cano, profesor de trabajo social en Arizona State University, sobre la crisis de sobredosis, y las acciones que todos podemos tomar para enfrentarla. Nuestra conversación ha sido editada.
¿Tienes preguntas para el Dr. Cano? Únete a una conversación sobre el uso de sustancias y la salud mental con él el día 17 de julio en La Hora del Cafecito en WhatsApp.

Mia Armstrong-López: En ASU das una clase sobre la crisis de sobredosis en Estados Unidos. ¿Cómo describirías esa crisis?
Manuel Cano: Es una tragedia de vidas perdidas. Desde el 2000, aproximadamente van un millón de muertes por sobredosis en Estados Unidos. Y cuando uno piensa en eso, piensa también en la gente que tuvo sobredosis, pero que no murió—ellos también son muchos. Cuando una persona tiene una sobredosis y no llegan los servicios de emergencia médicos, esa sobredosis no se registra. [Según un] estudio, aproximadamente por cada sobredosis fatal hay 15 sobredosis que no resultaron en muerte. Entonces hay mucha gente que está siendo afectada por sobredosis. Desafortunadamente, la gente que tiene sobredosis y que vive también tiene daños—daños al cerebro, daños al riñón, lesiones traumáticas.
No solo es una crisis de opioides. Hay muchas más sustancias, y muchas personas que sufren sobredosis también tienen otras circunstancias en sus vidas que presentan retos. Mucha gente tiene problemas legales, problemas de empleo, de vivienda, de acceso a los servicios—entonces esto va más allá de simplemente usar sustancias.
Mia Armstrong-López: Es una crisis con muchos niveles. Quiero hablar un poco sobre la adicción, también conocida como el trastorno por uso de sustancias, que es una condición de salud. ¿Qué es la adicción, qué es el trastorno por uso de sustancias, y qué implicaciones tiene para la salud?
Manuel Cano: Cuando uno habla de adicción, tendría que pensar que la adicción sería como otra enfermedad que es crónica. Es tan crónica como la diabetes tipo 2, o como la hipertensión. La adicción implica cambios muy profundos en el cuerpo y en la mente. Hay varios niveles con gradientes de severidad, también hay muchos síntomas. El cuerpo, a través del uso regular de sustancias, se vuelve dependiente. Como a nosotros que nos gusta tomar café, cuando dejamos de tomar café, uno sabe que le dan dolores de cabeza, se siente somnoliento, tiene menos energía. El cuerpo se acostumbra, y así pasa con otras sustancias. [Hay] muchos síntomas de ansia, es una obsesión, una preocupación.
El síntoma, en mi opinión, más característico de la adicción sería que la persona siga usando sustancias a pesar de las consecuencias. Tiene diferentes tipos de consecuencias e implicaciones—daña los diferentes órganos, la salud, relaciones con personas, rendimiento académico, rendimiento laboral y, sobre todo, el bienestar en general. Hay que pensar en esto como una condición crónica.
Mia Armstrong-López: ¿Cuáles son los factores de riesgo que pueden contribuir a esa condición?
Manuel Cano: Desafortunadamente, mucha gente piensa que solo se basa en decidir hacerlo o no hacerlo. Pero mucha gente tiene más riesgo, no solamente por la genética. Si uno creció en un ambiente donde quizás la gente que cuidó de nosotros a través del ejemplo nos dio a entender que cuando uno tiene un problema, una celebración, lo que sea, uno recurre a las sustancias o usa las sustancias de maneras excesivas, eso es lo que uno aprende. Nuestro contexto tampoco ayuda mucho. Cuando veo la televisión, sobre todo en Estados Unidos, es muy común ver qué dice una persona: “Necesito una bebida”. Es tan común esta frase que pareciera que es normal, que es común, que es parte de la vida.
Mia Armstrong-López: ¿Hay ciertas poblaciones que son más afectadas por el uso de sustancias o por la sobredosis?
Manuel Cano: La sobredosis es una tragedia que ha afectado a diversos tipos de poblaciones—no solamente los jóvenes, sino también los adultos mayores; no solamente una, sino todas las razas; muchas comunidades. Hay unos grupos, basados en circunstancias de la vida, que tienen riesgo más elevado que otros—por ejemplo, gente que ha pasado tiempo en la cárcel y que sale de la cárcel. Esas personas tienen un riesgo muy alto, porque el cuerpo dejó de usar sustancias, y ahora su tolerancia está en cero. El riesgo también es muy alto en personas sin vivienda, y en personas con dolor crónico, por ejemplo.

Mia Armstrong-López: Hay algunas personas que van a pensar A mí no me afecta esta crisis. Yo no uso drogas. No tengo familiares o conocidos que usen drogas. ¿Qué le dirías a esa persona que dice: ¿A mí qué me importa esta crisis, si a mí no me afecta?
Manuel Cano: Lo que yo le diría es: Quizás usted tenga razón. ¿Y si no? Uno de los mitos [de la sobredosis] es que sólo le pasa a la gente que usa sustancias regularmente o sustancias ilegales, y esto no es cierto. Muchos de nosotros hemos tenido una situación donde tuvimos que ver al médico para una cirugía, o quizás algo tan común como sacar una muela, un brazo fracturado, lo que sea. Cuando tenemos ese tipo de dolor o lesiones, es muy común que el médico recete medicamentos opioides para aliviar el dolor. La persona que usa medicamentos opioides, aunque tenga receta, por el hecho de que una persona usa medicamentos de este tipo, que son tan potentes, tiene riesgo de sobredosis.
Asímismo, no solamente este tipo de medicamentos son los que tienen riesgo, puede haber otros medicamentos, como las benzodiazepinas. También, cuando uno toma más de lo que le recetaron, o cuando mezcla medicamentos, los toma con alcohol—todo este tipo de factores se conjuntan para que el riesgo incremente. En realidad, es algo que le puede pasar a cualquier persona. Hay datos que indican que, para la población en Estados Unidos, el riesgo de morir por sobredosis es más alto que el riesgo a morir por un accidente vehicular.
Mia Armstrong-López: ¿Qué pasa durante una sobredosis? ¿Cuáles son las señales que nos ayudan a identificar que alguien podría estar sufriendo una sobredosis?
Manuel Cano: Esto es quizás tan variado como las sustancias. Por ejemplo, cuando uno habla de sobredosis por principalmente opioides, las señales y los síntomas —la respiración que se detiene o que es muy lenta o que se para—son quizás muy diferentes a una sobredosis por metanfetamina. Muchas de las personas que tienen sobredosis no simplemente usan una sustancia, usan más de una. Y aunque usaran una sola sustancia, [a veces] no tienen ni idea de dónde viene o qué contiene. Entonces es difícil identificar cuál sustancia está causando el síntoma.

Mia Armstrong-López: ¿Qué es el fentanilo, y por qué causa tanto daño?
Manuel Cano: El fentanilo es un tipo de opioide. Los opioides son sustancias muy poderosas que ayudan a aliviar el dolor físico. Hay muchos tipos: los que son recetados, por ejemplo, como el fentanilo farmacéutico, o el Percocet. Pero también hay opioides que no son legales, como la heroína, y no tienen uso médico reconocido en nuestro país.
Lo que hace diferente al fentanilo es que es mucho más fuerte. Desafortunadamente, las organizaciones criminales están haciendo fentanilo en laboratorios ilegales. El fentanilo en Arizona y también en otros lugares del oeste de Estados Unidos se encuentra no solamente en polvo, sino en pastillas falsificadas. Entonces, si yo tengo una pastilla que se ve idéntica al Percocet, el ojo humano no puede distinguir cuál es falsa y cuál es verdadera.
Desafortunadamente, esto ha abierto el mercado a muchas poblaciones que quizás ni siquiera se imaginaban que algún día iban a usar sustancias. Por ejemplo, podemos imaginar a las personas que trabajan en la construcción. Tengo un dolor por estar todo el día trabajando. Tómate esta pastilla. A partir de que el fentanilo ha incrementado, hemos visto también este incremento en sobredosis mortales por fentanilo.

Mia Armstrong-López: Para entender bien, supongamos que hay alguien que cree que está, por ejemplo, comprando una pastilla de Percocet, pero realmente no sabe que contiene fentanilo. La razón por la cual los productores ilegales hacen eso es porque es más barato producir fentanilo, ¿verdad? Entonces lo pueden poner dentro de lo que quieren vender, y con eso se vuelve más económico su proceso.
Hay dos mercados: está el mercado legal regulado, que sería cuando me operan y el doctor me dice “te voy a recetar esta pastilla, porque lo vas a necesitar para el dolor.” Entonces yo tomo esa pastilla, y tal vez tengo el riesgo de desarrollar la necesidad de seguir usando esa sustancia, pero ahora se acabó mi receta, y ya no puedo conseguir esa sustancia en el mercado legal regulado. Y entonces voy al mercado ilegal, para empezar a conseguir esa sustancia.
Manuel Cano: Para un grupo de personas, esa fue su trayectoria. Empezaron con una receta. Es muy fácil decir bueno, el doctor dice que una al día, pero pues es que a lo mejor necesito dos—es muy fácil cambiar la dosis. Es muy fácil decir mi cuerpo todavía lo necesita. Y entonces volvamos a lo mismo: desafortunadamente, la sobredosis no es tan imposible de pasar.
Mia Armstrong-López: Supongamos que tenemos una operación programada. El doctor nos dice: “te recomiendo que tomes esta pastilla para el dolor”. ¿Hay algunas preguntas que nos debemos de hacer para tratar de reducir el riesgo de desarrollar una dependencia de esa sustancia?
Manuel Cano: Desafortunadamente, todos estamos sujetos a que nos pase un accidente o nos enfermemos, o cualquier cosa normal de la vida como un dolor de muela. Yo no soy el médico para decir a la gente: no tomes esto. Pero sería bueno decir: “he escuchado que los opioides son fuertes y que tienen el potencial de llevar a cosas que no quiero en mi vida”. Sería muy útil que, cuando una persona está platicando con el doctor, tome el tiempo de realmente explorar la dosis recomendada, el tiempo que se tiene que hacer y, sobre todo, el historial clínico. Si uno tuvo historia, por ejemplo, de problemas con el uso de alcohol, problemas con el uso de otro tipo de sustancias, sería bueno que el doctor lo supiera, porque eso le va a ayudar a informar su decisión de recetar ese medicamento.
Mia Armstrong-López: Si una persona está consumiendo drogas de una manera que podría ser riesgosa, ¿qué recursos existen?
Manuel Cano: En esa situación, hay muchas personas que dicen en este momento, no está en mis planes dejar de usar. Para este tipo de personas, hay servicios muy útiles que se les llama reducción de riesgos. Es una filosofía muy interesante, porque la meta de reducir riesgos es decir: a mí lo que me interesa, número uno, es la vida de la persona. A lo mejor la persona en algún futuro va a tomar decisiones diferentes, pero para eso tiene que vivir hoy.
Entonces lo que quiero es que la persona no muera hoy, que no se enferme o que no se dañe más hoy. Un ejemplo muy común es hablar abiertamente sin juzgar a la persona. Por ejemplo, decir: Tú me dijiste que te estás inyectando drogas, y que en este momento no tienes planes para dejar de usar drogas. Esa es tu decisión. Yo no soy nadie para juzgarte. Entonces lo que sí te puedo decir es que, si te estás inyectando drogas, por favor, no te inyectes muchas veces con la misma jeringa porque en algún momento la jeringa va a perder su filo y entonces eso te puede ocasionar un absceso, o aparte el riesgo de contraer VIH o hepatitis es muy alto si estás compartiendo jeringas. Este enfoque dice: cuando estés interesado en hacer cambios, aquí están los recursos. Para la gente que tiene interés en dejar de usar opioides, ahora hay medicamentos que le pueden ayudar.
Mia Armstrong-López: Otra herramienta de reducción de riesgo para los opioides es la naloxona. ¿Qué es la naloxona, y cómo se usa?
Manuel Cano: Es lo que quizás puede ayudarnos a salvar vidas. La naloxona (muchas veces se le llama por su nombre comercial, Narcan) es un medicamento para ayudar a que la persona vuelva, reviva. Cuando una persona tiene una sobredosis por opioides, la respiración se detiene. La naloxona ayuda a que la persona vuelva a poder respirar bien. Ahora se puede obtener sin receta médica y en básicamente cualquier farmacia. Es tan fácil usarlo, porque se puede usar como un aerosol nasal, o también una inyección.
Desafortunadamente, la gente que tiene la sobredosis no se la puede administrar a sí misma, entonces por eso nosotros hacemos tanto énfasis en los amigos, en los familiares que están alrededor de la persona. Hay muchos lugares donde recibir este entrenamiento, toma una o dos horas dependiendo de la agencia. Y también hay entrenamientos por Internet, videos en Youtube. Aquí, en Phoenix, Terros Health tiene entrenamientos gratis en español.
Estar entrenado en cómo reconocer las señales de sobredosis y cómo administrar la naloxona es como una herramienta más a mi disposición. Ojalá y no, pero por si la tuviera que usar, sé cómo hacerlo. Sé cómo salvar una vida.

Mia Armstrong-López: Así como tenemos una crisis de sobredosis, también tenemos una crisis de vivienda. Y por lo mismo, muchos de nosotros que vivimos en ciudades, en nuestro día a día vamos a encontrar a gente que está en situación de calle, que está usando drogas, y es posible encontrar a una persona que podría estar sufriendo de una sobredosis o alguna situación de riesgo. ¿Qué debemos de hacer en esas situaciones?
Manuel Cano: Es una decisión muy personal, porque implica muchas cuestiones, sobre todo para la persona que tiene que tomar esa decisión en un instante. ¿Qué hago? ¿Hago algo? Yo pienso que lo mínimo que puede hacer la persona es notar y llamar al 911. Por ejemplo, si yo estuviera ayudándole a alguien a salir de la sobredosis usando Narcan, lo que también tengo que hacer es llamar al 911, porque quizás la persona va a volver a respirar bien, pero no sé qué otra cosa le haya afectado en su salud, entonces el personal médico en teoría siempre tiene que ser el que responde a la sobredosis. Cuando caminamos en ciertas áreas, uno ve a una persona que está en la calle, está quizás no tan alerta. Si uno realmente quiere ayudar, es importante notar y hablar con el que está alrededor, y si realmente ve que está pasando algo, pues llamar al 911.
Mia Armstrong-Lopez: ¿Cuáles son las conversaciones que los papás deben de tener con sus hijos sobre el consumo de drogas?
Manuel Cano: Los padres, los que cuidan a los niños, tienen un papel tan importante. Algo básico que el padre tiene que hacer es involucrarse en la vida del hijo, realmente saber qué está pasando, estar ahí con entusiasmo, tener una comunicación abierta. Sabemos que un adolescente, por virtud de ser adolescente, va a tratar cosas nuevas, cosas que nunca ha hecho antes. Entre esas cosas nuevas puede haber cosas de riesgo. ¿Quién sería la mejor persona que le diga al niño, al adolescente, lo que realmente es la verdad? ¿Uno como padre, o que lo aprenda de TikTok, de Instagram, o de sus amigos? La persona tiene que dar las respuestas sin molestarse, sin perder la paciencia, sin frustrarse. No sólo aplica para drogas, sino también alcohol y cualquier otra conducta de riesgo.
Yo entiendo que no es fácil, pero un reto que todos tenemos —no solo los padres, todos que queremos ayudar a un ser querido— es escuchar sin regañar. También es importante tener información clara y balanceada. A final de cuentas, no tanto es decir, sino también actuar y hacer, porque uno observa a sus padres. Ellos van a aprender más de lo que yo haga, que de lo que yo diga.
Mia Armstrong-Lopez: Muchas veces no tenemos esas conversaciones por miedo o porque son temas que conllevan mucho estigma. ¿Cuál es el efecto del estigma, y qué podemos hacer para empezar a reducirlo?
Manuel Cano: El estigma es tóxico, causa que muchas personas que necesitan ayuda no la busquen. Mucha de la gente que tiene problemas con uso de drogas y que ha buscado a servicios para tratamiento dice que te baja la moral, te afecta, te hace regresarte. “Entré al lugar, y mejor me salí”. Te hablan de mal modo, te juzgan, te regañan. Muchas personas pierden esa creencia en la capacidad que tienen. El estigma es muy, muy tóxico.
En el pasado y en el lejano pasado, para la gente que tenía problemas de alcohol o drogas, simplemente había un tipo de terapia. Ahora ya hay muchas cosas diferentes. Yo le diría a la gente que está interesada, que le dé una oportunidad y que no deje que la vergüenza, el estigma o el miedo a la crítica la detenga de buscar los servicios que uno quiere o necesita.
Mia Armstrong-Lopez: ¿Cuáles son los principales mitos que has encontrado en tu trabajo?
Manuel Cano: Muchas personas piensan que es tan simple que una persona que usa sustancias crónicamente deje de usar. No es simple: si fuera simple, la persona ya lo hubiera hecho. Muchas veces hay un iceberg por debajo [del uso de sustancias]. Hay mucho dolor físico, dolor emocional. Hay trauma de todos tipos, hay mucho duelo que no se ha resuelto, y también muchas desigualdades, muchas faltas de oportunidad, carencias, abusos. Entonces, cuando uno escucha y empieza a conocer a la gente que usa drogas, se da cuenta que realmente no es tan fácil.
¿Tienes preguntas para el Dr. Cano? Únéte a una conversación con él el día jueves 17 de julio en La Hora del Cafecito en WhatsApp.

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