“Renee Nicole Good, presente”: Tucson enciende velas y exige justicia por su muerte

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Con velas encendidas y carteles en mano, la comunidad de Tucson pidió justicia y recordó la vida de Renee Nicole Good durante una vigilia en El Tiradito. Crédito: Paula Díaz.

Tucson, Arizona. – “Renee Nicole Good, presente”. En medio de la lluvia, con velas encendidas y carteles en mano, miembros de la comunidad y activistas de derechos humanos se congregaron para exigir justicia por la muerte de Renee Nicole Good, la mujer que falleció en Minneapolis tras recibir disparos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) durante un operativo migratorio.

La muerte de Good, ciudadana estadounidense de 37 años y madre de tres hijos, ha generado protestas y un intenso debate a nivel nacional. Era originaria de Colorado Springs y residía con su familia en el área metropolitana de las Twin Cities. Se graduó de Old Dominion University, en Virginia, con un título en inglés, y fue reconocida por su trabajo como poeta, incluyendo un premio de la Academy of American Poets. Su madre la describió como “una de las personas más compasivas que he conocido”.

Good tenía tres hijos —entre ellos adolescentes y un menor de seis años— y había vivido anteriormente en Kansas City antes de mudarse a Minnesota con su esposa y su familia. Su muerte se ha convertido en un símbolo de las consecuencias de los operativos y políticas migratorias en Estados Unidos, y ha motivado llamados a una investigación independiente sobre el uso de la fuerza por parte de las autoridades federales.

Los participantes de la vigilia hicieron un llamado a reflexionar cuidadosamente sobre las personas elegidas para representarlos. Crédito: Paula Díaz.

Desde el día de su muerte, el miércoles 7 de enero, residentes y activistas en Tucson han salido a las calles para protestar por lo que consideran una injusticia. Este jueves realizaron una vigilia en El Tiradito, un histórico santuario de adobe también conocido como la Capilla de los Deseos que con el paso del tiempo se ha convertido en un punto de encuentro para recordar a migrantes fallecidos y denunciar las políticas migratorias en la frontera. En este lugar, alrededor de unas cincuenta personas se congregaron para expresar su rechazo a las políticas migratorias de la segunda administración de Donald Trump.

Los asistentes fueron llegando poco a poco con sombrillas. Aunque la lluvia parecía no dar tregua, hizo una pausa mientras los oradores tomaban la palabra. Activistas denunciaron que el miedo se ha apoderado de comunidades migrantes, donde muchas personas temen salir a trabajar o incluso realizar compras por la presencia constante de operativos migratorios.

El reverendo Bennett Burke pidió la palabra para cuestionar duramente la narrativa oficial del gobierno federal. “Es importante entender que cada cosa que el régimen de Trump ha dicho sobre este incidente es una mentira”, afirmó. Burke sostuvo que existe una crisis moral entre sectores que se identifican como cristianos pero que, dijo, “consumen, replican y celebran mentiras”. Añadió que, sin un acuerdo básico sobre los hechos, el país no puede resolver sus problemas y subrayó la importancia de “decir la verdad al poder”.

En algunos carteles se leía “ICE fuera de Tucson” mientras activistas reunidos con velas y carteles exigían justicia por la muerte de Renee Nicole Good. Crédito: Paula Díaz.

La líder comunitaria Alba Jaramillo advirtió que la violencia denunciada no es un hecho aislado, sino el resultado de políticas que se han permitido durante años. “Es un régimen de muerte que hemos permitido. Aunque no todos votamos por esto, la mitad del país sí lo hizo, y esta es una llamada de atención: todas nuestras vidas están en riesgo”, expresó.

Jaramillo afirmó que la violencia afecta a todos, sin importar raza u origen, y recordó casos emblemáticos como el de George Floyd. “La historia de la violencia policial continúa, y ahora este gobierno llega al extremo de llamar terrorista doméstico a una persona pacífica, a un observador”, señaló. Añadió que la violencia también se manifiesta “en la legislación, en la cooperación entre departamentos de policía, en las políticas migratorias, en la vigilancia y en el muro”, y alertó que incluso quienes documentan o dan testimonio están siendo criminalizados. “Si no resistimos y no alzamos la voz, todas nuestras vidas están en riesgo. Nos corresponde a todos unirnos y detener esto”, concluyó la activista.

Por su parte, R. Barker, una mujer activista de Tucson, vinculó el caso con la situación local en Arizona. Recordó los planes para reabrir una antigua cárcel en Marana como centro de detención migratoria, cerrada desde 2021, un caso reportado en Conecta Arizona. “Estamos yendo a las reuniones del ayuntamiento para suplicarles que no lo abran”, dijo, al advertir que la cercanía del centro con el aeropuerto facilitaría deportaciones. “Este es el momento de levantarnos. No importa cómo intenten asustarnos, nosotros somos más”, sostuvo. Es nuestro país, no el de él”, expresó, al tiempo que enfatizó que la juventud debe participar porque se trata de su futuro.

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Autor(a)

Paula Díaz es una periodista con más de 20 años de experiencia, especializada en inmigración, derechos humanos y justicia social en Estados Unidos, enfocándose en las comunidades latinoamericanas. A lo largo de su carrera, ha documentado numerosas historias de familias que buscan a sus seres queridos desaparecidos en la frontera sur de EE.UU., brindando una mirada profunda a los desafíos que enfrentan los migrantes. Su trabajo de investigación resalta problemas urgentes en la migración y ha dado lugar a iniciativas como su sitio web Migrantesdesaparecidos.com.

Ha trabajado en importantes medios de comunicación como Voice of America, donde cubrió la Casa Blanca y el Congreso, y en Univision-Arizona como Gerente de Contenidos Digitales. También ha colaborado con Telemundo, EFEy otros medios en EE.UU. y América Latina. Inició su carrera en EE.UU. como reportera para la edición en español de Los Angeles Times y ha sido corresponsal de El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica en El Salvador. Nacida en Colombia, emigró a Los Ángeles en 2001 y posee una licenciatura en periodismo de la Universidad Autónoma de Cali, además de una maestría en Periodismo Bilingüe de la Universidad de Arizona.