De raíces mexicanas, Ismael Treviño crea un árbol que da “frutos” de energía solar en Arizona
Después de 10 años de trabajo, el ingeniero electrónico de la Universidad de Arizona, Ismael Treviño, creó un “árbol solar” que produce energía limpia. Su proyecto combina arte y tecnología, y busca generar conciencia sobre el cuidado del medio ambiente usando materiales reciclados.

Tucson, Arizona. – Ismael Treviño creció entre dos mundos. Nació en Douglas, Arizona, pero su infancia transcurrió en Cananea, Sonora, un pueblo al que todavía se refiere con cercanía y memoria. Entre esos dos territorios, la frontera, el desierto, el sol constante, comenzó a formarse la idea que años después tomaría forma en metal, luz y energía.
“Mi nombre es Ismael Treviño. Yo nací en Douglas, Arizona. Crecí en Cananea, Sonora…”, así se presentó mientras conversamos de su proyecto al lado del árbol, instalado en la Biosfera 2, un enorme centro de investigación científica ubicado en el desierto de Arizona, cerca de Tucson. Fue construido a finales de los años 80 para estudiar cómo funcionan los ecosistemas de la Tierra y si sería posible vivir en ambientes cerrados, incluso en otros planetas.
Su camino lo llevó de regreso a Estados Unidos para estudiar ingeniería electrónica en la Universidad de Arizona y, más tarde, a trabajar durante una década en la industria aeroespacial. Pero había algo más que lo movía.
“Mis pasiones son ingeniería y el arte”, dijo. Y fue precisamente esa mezcla la que dio origen a uno de los proyectos más singulares en Arizona: un árbol solar que no solo genera energía, sino que también propone una nueva forma de ver la tecnología.

Un árbol que produce energía… y conciencia

A simple vista, la estructura parece una escultura: ramas de aluminio que se expanden en el aire, sosteniendo paneles solares como si fueran hojas. Pero detrás de esa estética hay un sistema fotovoltaico completamente funcional.
“Es un sistema fotovoltaico, pero con un enfoque en la estética… el punto era crear un producto que no nomás tuviera una función, pero que también se viera bien estéticamente”, explicó Treviño fundador de Elemental Creation.
Para lograrlo, Treviño no trabajó solo. El proyecto contó con la colaboración de talento clave en distintas etapas del desarrollo, incluyendo a José Luis Navarro, de IJ Robotics, quien participó en la manufactura e ingeniería del sistema, y a Juan Hernández, responsable del proceso de fundición del aluminio, una parte esencial para dar forma a la estructura orgánica del árbol, ambos con base en Saltillo, México.
Sin embargo, más allá de la innovación tecnológica, el proyecto nace de una preocupación más profunda: el impacto ambiental y la responsabilidad humana frente al planeta.
“Uno de los mensajes más importantes que yo quiero transmitir… es la sustentabilidad y la protección del medio ambiente”, afirmó. “Hay que cuidar los procesos que usemos… usar materiales reciclados y reciclables e integrar el fin de vida de un producto en el diseño”.
Una idea que tomó una década
El concepto nació hace más de diez años, inspirado en patrones naturales como la serie de Fibonacci. Aunque descubrió que ese modelo no aumentaba la eficiencia energética, la idea evolucionó hacia algo más ambicioso.
“Me quedó la idea de crear un árbol fotovoltaico… que absorba los fotones del sol y los convierte en energía, pero hacer un árbol a escala real”, recordó.
El proceso fue largo y lleno de obstáculos.
“Este es un proyecto que tardé aproximadamente diez años en realizarlo”, afirma.
Desde la búsqueda de proveedores hasta los retrasos provocados por la pandemia, el proyecto se sostuvo principalmente con recursos personales.
“Refinancié mi casa varias veces… usé mis propios recursos, incluso me ayudó mi familia”, contó
Energía del desierto

El árbol solar cuenta con 29 módulos y una capacidad de hasta 1.6 kilowatts, suficiente para contribuir al consumo energético de una vivienda.
“Este sistema está actualmente alimentando una casa aquí en la biosfera”, explicó. En un lugar como Arizona, el potencial es evidente. “Aquí el sol brilla casi 360 días del año… es el lugar ideal para usar este tipo de tecnología”.
Pero Treviño insiste en que la energía es solo una parte del mensaje.
“No nomás hay contaminación ambiental… hay contaminación visual. Si vamos a poner una estructura pública, que sea algo atractivo”, dijo.
Un mensaje para las nuevas generaciones
El proyecto también tiene un componente profundamente personal. Treviño piensa en el futuro, en lo que deja atrás.
“No nomás se trata de consumir… también hay que crear algo que inspire”, reflexiona.
Su mensaje, dice, es para su hijo y para quienes vienen después.
“Que se aviente a expresarse… pero haciéndolo de un modo consciente, usando materiales y procesos que no dañen nuestro planeta”.
El árbol, construido con aluminio reciclado —incluyendo material reutilizado de rines de autos—, es un ejemplo de esa filosofía.
“Toda la estructura está hecha de aluminio… es reciclado y altamente reciclable”, resaltó.
Más que un proyecto, una invitación

Hoy, el árbol solar de Ismael Treviño se levanta en la Biosfera como una mezcla de arte, ingeniería y conciencia ambiental. Pero para su creador, esto es solo el comienzo.
“El paso a seguir es desparramar la idea… hacer más productos con este mismo concepto”, dijo
Desde estacionamientos con carga para autos eléctricos hasta instalaciones públicas, su visión apunta a un futuro donde la energía limpia también sea parte del paisaje y la cultura. Ahora buscará apoyo económico para seguir desarrollando sus ideas tocando puertas con fundaciones ambientales, organizaciones que apoyen este tipo de iniciativas de energía limpia.
Y mientras el sol cae sobre el desierto, su árbol no solo produce electricidad: provoca una pausa.
Una reflexión.
Sobre cómo queremos vivir… y qué planeta queremos dejar.

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