Guardería ABC: el fuego que no se apaga

Era una rueda de prensa como cualquier otra: dos políticos frente a un podio hablando de lo maravillosa que sería su colaboración internacional mientras fueran gobernadores. Era junio de 2009, y las tensiones antiinmigrantes empezaban a desquebrajar la relación entre Sonora y Arizona, pero ellos sonreían para las cámaras. La reunión plenaria de la Comisión Arizona-México estaba por finalizar en Scottsdale, y sólo quedaba la cena de gala en la que los apretones de manos terminaban de cerrar los tratos que se firmaron o se gestionaron a puerta cerrada.
Jan Brewer, la entonces gobernadora de Arizona, respondía en inglés a los tirabuzones que los reporteros estadounidenses le tiraban al notar la ironía de sus políticas antiinmigrantes cada vez más descaradas. Eduardo Bours, su homólogo sonorense, se mostraba impaciente.
“Pregúntale de la Guardería ABC”, me dijo un colega fotógrafo sonorense con el que había trabajado años atrás en Hermosillo. Me tomó desprevenida. “Ándale, por favor, pregúntale”.

Bastaron tres palabras para que al gobernador Bours se le desfigurara el rostro y se apresurara a salir. Dio detalles escuetos del incendio de la estancia infantil en donde los voluntarios y bomberos sacaban aún cuerpos de niños que jamás despertarían de la siesta. Hizo la típica promesa de ofrecer una justicia que, 17 años después, aún no llega.
Ese 5 de junio murieron 49 niños en el incendio de la Guardería ABC en Hermosillo, Sonora. Los entierros se hicieron uno a uno mientras los candidatos cerraban sus campañas a la gubernatura usando a esas víctimas inocentes de estandarte, en un año electoral cargado políticamente por la desgracia. Llegó la alternancia política al gobierno del Estado, pero de la justicia, ¡nada! La tragedia sigue ardiendo en la memoria colectiva.
Hay muchos responsables que gozan de una impunidad en libertad. Unos siguen prófugos, escudados en la corrupción, complicidad y compadrazgos. Otros navegan el sistema judicial desde su antojo y privilegio. Sólo unos cuantos enfrentaron consecuencias mínimas y, aun así, siguen lejos de pagar por completo su responsabilidad.
En 2025 escribí sobre la detención en Estados Unidos de una de las socias de la guardería. Era, en papel, una señal de avance. En la práctica, era otra escena más en una historia marcada por procesos incompletos, lentos, insuficientes. Un recordatorio de que la justicia en este caso siempre llega tarde, si es que llega. En custodia una; en la conciencia muchas.
Un año después, lo que persiste no es la resolución del caso, sino el patrón.
El incendio de Waldos, también en Hermosillo, volvió a encender algo más que un edificio y el dolor colectivo. Avivó la sospecha, la indignación y la memoria. Porque cada vez que el fuego irrumpe en un espacio que debería ser seguro, la pregunta es inevitable:¿quién decidió mirar hacia otro lado?
La Guardería ABC nunca fue un hecho aislado. Fue una advertencia. Una tragedia que no se convirtió en sistema, en política pública efectiva, en vigilancia constante. Se convirtió, más bien, en conmemoración. Un minuto de silencio. En nombres que se leen cada aniversario mientras lo que los mató permanece intacto. En otra marcha, porque las manifestaciones nunca dejarán de ser suficientes.
Hay muchos responsables que siguen en libertad. Unos protegidos por redes de poder, otros por la simple inercia de un sistema que no castiga a quienes están arriba. Lo que existe es una justicia fragmentada, que alcanza a unos cuantos y deja intacto el fondo del problema.
Y mientras tanto, Hermosillo sigue siendo una ciudad donde se extinguen los pretextos, pero no la indignación.
Por eso la memoria no puede ser cómoda. No puede limitarse a la ceremonia anual ni al discurso institucional. La memoria tiene que incomodar, tiene que señalar, tiene que exigir. Porque recordar no es sólo mirar al pasado. Es negarse a aceptar que esto es normal. Es insistir, diecisiete años después, en que la justicia no es opcional.
Y es entender, cada vez que vemos humo en el cielo de Hermosillo, que el problema nunca fue sólo el fuego.

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Plumas invitadas de Conecta Arizona

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