Cruzando Líneas, la columna: “Los locos del pueblo”, por Maritza L. Félix

✍ Se murió el “Beco”. Nunca supe en realidad cuántos años tenía, pero lo recuerdo como un niño grandote y eterno. Desde que yo era pequeña estaba igualito. Tenía el cabello lacio y con un corte disparejo que le tapaba los ojos, con bigotes en las comisuras de los labios y la ceja poblada de más. Sonreía y balbuceaba mucho. Siempre caminaba con prisa como si tuviera urgencia de llegar. Hoy me entero de que su nombre era Armando Manuel y que ya había pasado de los 40. Lo leí en su obituario.

El “Beco” fue conocido por muchos como “uno de los locos del pueblo”; los otros dos eran (son) el Tito y el Lázaro, así como los artículos antes del nombre. Yo los conocí así y en mi ignorancia infantil me causaba mucha curiosidad; hasta que entendí que somos una sociedad cruel, muy muy muy cruel.

Soy de un pequeño pueblo de Sonora en donde hablar de salud mental sigue siendo tabú. Disimulamos mucho los trastornos propios y ajenos, ¡qué dirá la sociedad! Y relegamos el cuidado de lo que no entendemos (o no queremos ver) a la caridad o a los más religiosos. Que esa sea su cruz, no la nuestra. No hay un sistema de salud pública que ayude al diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades de la mente o las emociones del corazón. Señalamos la discapacidad como la peste. Sentirse mal es una “mañosada” y nacer así, casi una maldición.

Crecimos entre las etiquetas propias de la ignorancia: el mongolito, la loca, el maniaco, la cusca, el degenerado, los bipolares, la idiota y todas las otras antisonantes que vale más no enlistar. Las normalizamos, como en casi cualquier sociedad machista y sexista. Si el “afectado” tenía los medios, “se podía componer”, se convertía en el milagro y la bendición; si no, era ignorado, humillado y señalado, la burla del pueblo… el protagonista de los mitos urbanos. ¡Qué vergüenza siento!

Ahora, quizá con el privilegio de los años, el mundo y la vida, entiendo que ellos no son los locos del pueblo, somos nosotros los que tenemos una discapacidad de empatía. Les debemos mucho: una disculpa no basta. Fuimos -y somos- crueles y despiadados, tenemos la lengua rápida y el cerebro adormecido, desacreditamos a la ciencia y nos convertimos en los verdugos sociales de pacientes que jamás fueron diagnosticados y mucho menos tuvieron acceso a tratamiento. Y los discriminamos tanto, que duele.

En el obituario de Armando Manuel le escriben que se va a un lugar en donde no habrá más maldad, en donde nadie lo volverá a humillar, que siempre será un niño, su niño; esas palabras calan muy fuerte en la conciencia.

Ojalá nos sacudan tanto que nos hagan romper todos los estigmas con los que cargamos. Tal vez, hasta nos abran los ojos. Quizá hasta hagamos algo.


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Autor(a)

Maritza L. Félix es una galardonada periodista independiente, productora y escritora en Arizona. Es la fundadora de Conecta Arizona, un servicio de noticias en español que conecta a las personas en Arizona y Sonora principalmente a través de WhatsApp y las redes sociales. Es la creadora de Cruzando Líneas, un podcast de nuevas narrativas fronterizas. Es coproductora y copresentadora de Comadres al Aire.

En 2022, Maritza fue nombrada como la Innovadora del Año por Local Media Association y recibió el premio 2022 Cecilia Vaisman como la mejor periodista multimedia hispana por parte de la Universidad Northwestern y NAHJ.

 Es becaria senior del programa de JSK Community Impact Fellowship de Stanford y graduada del programa de liderazgo e innovación en periodismo Executive Program in News Innovation and Leadership in Journalism de Craig Newmark Graduate School of Journalism en CUNY. Además es becaria de The Carter Center, la Asociación de Escritores de Educación (EWA), Feet in 2 Worlds (Fi2w), “Adelante” de IWMF y de Listening Post Collective; forma parte de las 50 Mujeres que pueden cambiar el mundo del periodismo 2020 de Take The Lead. Félix ha sido nombrada en dos ocasiones como “La mejor periodista en español de Arizona” y como una de las “40 personalidades hispanas menores de 40 años en Arizona”.