Día de Acción de Gracias: que el agradecimiento no sea moda, sino memoria

En Phoenix y en todo Estados Unidos, las tiendas amanecen vendiendo pavos, especias y decoraciones naranjas. En los pasillos de los supermercados la gente camina con listas largas y prisa corta. Es la víspera de Acción de Gracias, un día que para muchos es familia y para otros es una mezcla rara de nostalgia, gratitud y cansancio.
Hace siglos, antes de que la palabra “Thanksgiving” existiera, los pueblos originarios ya celebraban cosechas y agradecimientos. Luego vinieron los peregrinos, el banquete de 1621, las versiones edulcoradas para manual escolar y, más tarde, Abraham Lincoln declarando el feriado en plena guerra civil para recordar que incluso un país roto necesitaba un acto común de gratitud. Con el tiempo, ese gesto político se convirtió en tradición, rito doméstico y excusa para llenar la mesa hasta que crujan las patas de la silla.

El Thanksgiving o Acción de Gracias no es una tradición nuestra, pero la hemos adoptado a la manera latina: un pavo con tamales, frijoles, arroz y primos que llegan con historias de carretera. “¿Cómo les fue en la pasada?”, pregunta casual hoy casi obligada.
Lo curioso es que este día siempre nos hace pensar en lo que falta y en lo que queda. Agradecer por lo que se tiene exige un repaso involuntario de lo que no. Es pensar en los que están lejos, en los que se quedaron en nuestro país, en los que cruzaron hace años, en quienes apenas llegan y en todos los que ya no están. No hace falta celebrar un feriado para recordarlo, pero migrar también es aprender nuevos rituales, y este es quizá uno de los más generosos: enseña a apreciar sin olvidar.

En Arizona, en las mesas latinas, Acción de Gracias tiene un sabor distinto. No se trata solo del pavo o del pie de calabaza. Es un recordatorio silencioso de que aquí vivimos entre dos culturas, dos calendarios y dos formas de agradecer. Para muchos migrantes, este día es también un balance: un año más trabajando, un año más lejos, un año más abriendo camino.
Sea cual sea la mesa donde te sientes mañana, que te alcance la comida y la calma. Y que el agradecimiento no sea moda, sino memoria.

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