El 57% de los adolescentes y jóvenes que trabajan en los campos agrícolas de Arizona sufrió golpes de calor, señala investigación de ASU

Phoenix, Arizona – El 57% de los adolescentes y jóvenes inmigrantes que trabajan en los campos agrícolas de Arizona, en su mayoría hispanos, sufrió golpes de calor en condiciones de temperaturas extremas que pueden llegar hasta los 115° F, señala un estudio realizado por Arizona State University (ASU). Así lo indicó la autora de la investigación, Fiorella Carlos Chávez, quien también investigó los impactos del trabajo agrícola en la salud física y mental de jóvenes inmigrantes en Florida.
“Me enfoqué en saber qué pasa no solamente en la salud mental, pero también en la salud física, con los golpes de calor, los pesticidas y el acceso al agua”, explicó Chávez al analizar su investigación en Arizona, realizada entre 2023 y 2024 con entrevistas y encuestas a 180 adolescentes y jóvenes trabajadores del campo, con edades de entre 16 y 25 años, quienes señalaron que sufrieron al menos un síntoma de calor extremo, como calambres musculares, mareos, náuseas o piel seca y caliente.
El estudio destaca la relevancia de los trabajadores agrícolas para el sistema alimentario de Arizona, donde la actividad agrícola involucra a más de 160 mil trabajadores y es clave para la economía del estado. Además, en base a las experiencias de las personas encuestadas, reflexiona sobre las condiciones laborales y cómo mejorar las condiciones de seguridad y acceso al agua.
Al indagar en el aspecto de la seguridad laboral, la investigación indica que solo el 57% de los trabajadores asiste a reuniones sobre riesgos en el trabajo, únicamente el 13% piensa que tiene el control de su seguridad personal y el 33% considera “muy probable” ser lastimado en el trabajo o tener algún tipo de accidente, detalló Chávez.
Al momento de dar recomendaciones a los trabajadores para enfrentar los riesgos en la salud a causa de las altas temperaturas durante la jornada laboral, la especialista dijo que “lo primero es que siempre tomen agua” y que también, si es posible, lleven una botella de agua fresca para evitar golpes de calor. “Un poco de agua puede salvar vidas”, señaló Chávez en La Hora del Cafecito, el programa de radio de Conecta Arizona, entrevistada por Celia Montoya.

🎙️ La doctora Fiorella Chávez es profesora asistente en el College of Nursing and Health Innovation, en Arizona State University (ASU), y ha investigado los impactos del trabajo agrícola en la salud física y mental. Recientemente publicó un estudio enfocado en el impacto del calor extremo en el trabajo de campo y en la importancia de mejorar el acceso al agua, entre otras intervenciones para proteger la salud de los trabajadores. Pocas veces nos preguntamos acerca de las condiciones de trabajo de las personas que hacen posible que los vegetales, las frutas, lleguen a nuestra mesa y formen parte de nuestra despensa y sea tan fácil adquirirlas en el supermercado. ¿Por qué decidió estudiar el impacto del trabajo agrícola en la salud?
“Todo empezó hace diez años. Empecé enfocándome sobre todo en jóvenes adolescentes latinos que trabajaban en agricultura en Georgia, empecé en el sur de Georgia y luego en el sur de la Florida. Cuando vivía en Tallahassee, Florida, era una estudiante graduada y me interesó que el profesor con el que estaba trabajando en esa época se enfocaba en adultos, pero no había tanta conversación sobre qué pasaba con los jóvenes, porque si bien es cierto que más del 80% de los trabajadores agrícolas son hombres hay un porcentaje menor que son mujeres y también hay un porcentaje menor que son jóvenes adolescentes. En esa época, como ahora, había adolescentes que migraban sin la compañía de sus padres. Entonces a mí me interesó enfocarme en qué pasa con esos jóvenes y adolescentes, que son menores de edad o mayores de 21 años, que emigran a los Estados Unidos para trabajar y terminan trabajando en agricultura y encima están sin la compañía de sus papás. Me llamó mucho la atención cómo hacían, emigrando por su cuenta, teniendo esas responsabilidades de tener que enviar dinero a sus papás en Guatemala, porque la mayoría de la población con la que trabajé en Florida era de Guatemala. Y ver la necesidad que tienen de trabajar, de mantener dos hogares, porque tienen que pagar sus gastos aquí en Estados Unidos, nadie se ocupa de ellos más que ellos, y mandar dinero a sus casas. Es ese fenómeno de emigrar por trabajo, siendo ya indocumentado o muy chiquito, sin la compañía de los papás. Vine a Arizona para trabajar en la Universidad Estatal de Arizona en 2021 y me enfoqué también en los adolescentes y jóvenes, pero ya con el contexto de Arizona: aquí la población que encontré es en su gran mayoría de México o descendientes mexicanos. Y el clima: no digo que en Florida no haya existido calor, pero las temperaturas que uno experimenta en Arizona no tienen comparación. Mi entrenamiento es en salud mental y hablando con las comunidades pregunté: ‘¿Qué se necesita? ¿Qué deberíamos conocer más de lo que pasa aquí con los trabajadores del campo y los community partners, las personas que trabajan muy cerca de ellos? Me dijeron que tenían las olas de calor y que no sabían cómo les estaba afectando, que sabían que había personas que habían fallecido por golpes de calor. Hay un punto de quiebre y no es solamente un evento, hay varios mini eventos que llevan a una persona a deshidratarse completamente, a colapsar y tener los síntomas del golpe de calor. Entonces, gracias a esa comunidad, a las personas que trabajan muy cerca con los trabajadores, me enfoqué más en saber qué pasa no solamente en la salud mental, pero también en la salud física, con los golpes de calor, los pesticidas y el agua. ¿Las personas, no solamente trabajadores del campo, nos estamos hidratando correctamente? ¿Estamos tomando los líquidos necesarios? ¿Por qué lo hacemos o por qué no? Es una historia un poco larga sobre cómo empezó mi trayectoria enfocándome en los trabajadores agrícolas”.
🎙️ ¿Cómo se llevó a cabo esta investigación? ¿Platicabas con los jóvenes del campo? ¿Hubo forma de evaluarlos físicamente? ¿Cómo se colectó la información?
“Aquí en Arizona empezamos ese estudio en 2023 y lo terminamos en 2024. Entrevistamos a 180 jóvenes de entre 16 y 25 años, y nos requirió tres personas en el área de Phoenix y San Luis, Yuma. Tengo un contacto del Migrant Education Program, que llega a varios de esos jóvenes, que tienen 18, 19, 20, 22 años. Para este estudio el máximo era de 25 años y por medio de ese contacto pude llegar a ellos, y fue un cuestionario de preguntas numéricas. A los 180 participantes que logramos entrevistar les preguntamos de dónde eran, las edades, cuántas horas trabajaban a la semana, y también preguntas personales, sobre la soledad, el cambio de humor que tienen, la seguridad en el trabajo, experiencias con sus familias, experiencias estresantes, qué protección tienen en el trabajo. Cubrimos tanto la salud mental como la salud física”.

🎙️ ¿Y cuáles fueron los hallazgos de la investigación?
“Esta investigación sigue, yo sigo analizando los datos, pero el artículo que se acaba de publicar se enfoca en los golpes de calor, en la exposición a los pesticidas y cuántos casos han sido reportados en Arizona. Tengo aquí números: de 180 jóvenes que entrevistamos, el 57% reportó casos de golpes de calor, es un número alto. Tuvimos seis síntomas, hay personas que reportaron los seis síntomas, que es muy peligroso, otras reportaron dos síntomas, tres síntomas o hasta un síntoma, no hay que disminuir la importancia. Si una persona se está sintiendo mareada, eso ya es un síntoma; si siente que el rostro está muy caliente, es otro síntoma; si tiene vómito en el trabajo o quiere ir al baño y es urgente eso también es un síntoma. También preguntamos sobre cómo percibimos la seguridad en el trabajo. A veces nos enfocamos mucho en lo que quiere el jefe, el empleador, pero con los trabajadores del campo encontramos tres áreas que a mí me parecieron preocupantes. Una de ellas es: ¿qué tan frecuentemente van a reuniones de seguridad? Sólo el 57% va a reuniones de seguridad; el entrenamiento que los trabajadores deben recibir no solamente es al principio, cuando son contratados, sino que deben tener constantemente un entrenamiento sobre seguridad y riesgos en el trabajo. Otro problema que encontramos es que muy pocos trabajadores, 13%, piensan que tienen el total control de su seguridad personal. Y el último fue que la posibilidad de ser lastimado en el trabajo o tener algún tipo de accidente es muy probable y el 33% lo piensa; en ningún momento deberíamos pensar que vamos a ir al trabajo y algo nos va a pasar, la mentalidad debería ser ‘nada de eso debe pasar’, no aceptar el riesgo. Algo que los resultados me están empujando a cuestionar y a escribir es que nosotros como personas, y sobre todo la gente que trabaja en agricultura, estamos normalizando los riesgos. Es un tema que también lo he mencionado anteriormente: ¿qué tanto estamos normalizando los riesgos? Un golpe de calor, no tomar los descansos en el trabajo, no tomar agua porque ‘voy a ir al baño muy seguido y mejor me aguanto’: esas pequeñas cosas que vamos haciendo todos los días, acumuladas en seis meses, un año, dos años, se vuelven costumbres”.
🎙️ Si alguien trabaja en el campo o tiene algún conocido que lo hace, ¿cuáles son las recomendaciones más importantes que tendrías para ellos?
“Lo primero es que siempre tomen agua. Sé que a veces no siempre es posible tener líquido con ellos y dependiendo del trabajo donde están no les permiten llevar agua, tienen que tomar en un bidón y a veces en 10 minutos el agua se acaba. Al momento que alguien note que ese bidón está vacío, de inmediato avisar al mayordomo o supervisor y no seguir trabajando hasta que sea llenado. Número dos: dependiendo de con quién estén trabajando, si pueden llevar una botellita de agua fresca, no caliente, llévenla, porque un poco de agua puede salvar vidas. Y lo siguiente es tomar agua sola para no deshidratarse: sé que hace mucho calor, que a veces necesitamos una soda para refrescarnos, venimos con sueño, la gente que cruza la frontera para venir a trabajar a Arizona demora dos, tres horas en cruzar, pero beber soda con moderación; el té, el café, las gaseosas nos aceleran para estar bien despiertos en el trabajo; la gaseosa tiene bastante azúcar y no tiene nada de malo en un contexto normal, pero en un contexto de mucho calor no es buena”.

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Plumas invitadas de Conecta Arizona


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