El cáncer de mama no es un diagnóstico de muerte, si lo enfrentas a tiempo: Teddy López, sobreviviente

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El 19 de octubre es el Día de la Lucha Contra el Cáncer de Mama, pero la prevención debe ser todo el año. Foto: Ave Calvar Martinez / Pexels

El cáncer de mama es una enfermedad que ocurre cuando las células de la mama se reproducen de manera descontrolada. Mayo Clinic señala que después del cáncer de piel, el de mama es el segundo tipo que se diagnostica más a mujeres, en Estados Unidos. Aunque es un hecho, que también los hombres pueden tener esta enfermedad, que está presente en todo el mundo.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades en Estados Unidos, CDC, señalan que entre los factores que influyen en el riesgo de cáncer son “ser mujer y hacerse mayor”.

Destaca también: “La mayoría de los cánceres de mama se detectan en mujeres de 50 años o más. Algunas mujeres tienen cáncer de mama, aunque no tengan ningún otro factor de riesgo conocido. Tener un factor de riesgo no significa que la persona tendrá la enfermedad, y no todos los factores de riesgo tienen el mismo efecto. La mayoría de las mujeres tienen algunos factores de riesgo, pero la mayoría no tienen cáncer de mama”.

A nivel mundial, el 19 de octubre es el Día de Lucha Contra el Cáncer de Mama, fecha en la que con -más intensidad- se promueven las acciones de prevención para reducir las tasas de esta enfermedad, que, desafortunadamente en muchos casos puede ser letal.

Arte: Daniel Robles

Aunque los avances en la medicina, en todo el mundo, favorecen al diagnóstico y tratamiento para reducir los decesos por esta causa. Es importante conocer nuestros cuerpos para, en caso de que pueda surgir, poder identificarlo para tener diagnóstico y atención oportuna.

En esta fecha, en la que no sólo se trata de participar en marchas, carreras y maratones, también es importante compartir historias de éxito, de supervivencia de mujeres que han convivido de cerca con este tipo de cáncer, como Teddy, quien accedió a compartir con Conecta Arizona cómo fue su encuentro con la enfermedad. También compartimos las recomendaciones de Vicky, voluntaria de una agrupación que apoya a pacientes con cáncer. Además, Vero de la Vara, quien es psicóloga, nos habla de las características que debe tener una red de apoyo para una paciente con cáncer de mama y, finalmente, compartimos el testimonio de una mujer que, en la adolescencia, fue testigo de la enfermedad, en lo que considera una etapa muy difícil.


El tumor era como de dos centímetros. Estoy aquí, para dar mi testimonio

Teddy López Noriega vive en Hermosillo, Sonora. Ella es sobreviviente de cáncer de mama. Supo que lo tenía un mes y medio antes de cumplir los 40 años; hace alrededor de 16. En ese tiempo era mamá de un niño de casi cuatro años. Fue su pareja quien se dio cuenta de que tenía “una bolita” en un seno.

Han pasado muchos años y muchas cosas por su vida, enfrentar la enfermedad sin temor y actuar de inmediato ha sido -quizás- uno de los principales factores que hicieron que ahora narre cómo fue su proceso.

La verdad, no tenía la cultura de “tócate”. Fue mi pareja quien me dijo “tienes una bolita”, y pues sí, ya que la sentí, fue como si hubiera traído un cacahuate japonés. Mi tumor estaba en la mama derecha, en el cuadrante derecho, hacia abajito. Era a finales de septiembre.

Teddy (Foto) enfrentó el cáncer de manera fría y frontal; pensó en su hijo y en el aprendizaje que debía traer esta experiencia a sus vidas. Ahora nos lo cuenta

¿Dónde te atendiste?

Me fui al carrito de Beltrones, porque en ese tiempo no te hacían mamografías antes de los 40 años (se refiere a las clínicas móviles de la Fundación Beatriz Beltrones). Fui y no sé cómo convencí a la muchacha, le dije Siento una bolita y estoy a punto de cumplir los 40. Pues me hicieron todo, porque te hacían el Papanicolaou y la mamografía. 

Cuando me entregaron los resultados, me dijo la muchacha, pues no, no se te ve ahí nada serio. Entonces yo le dije, Pues es que siento la bolita y me dijo Hay una cosita y una manchita, te voy a dar una orden para un ultrasonido. Ya me fui al ultrasonido y cuando me lo estaban haciendo el radiólogo, se detuvo donde estaba la bolita; yo estaba viendo la pantalla y pensaba Se ve raro ahí lo de la pantalla, pero luego ya le veía la cara él y luego veía la pantalla.

En ese tiempo yo trabajaba en el Consulado de Estados Unidos en Hermosillo, en el Departamento de Antifraude, que era entrevistar a las personas que los americanos creían que eran sospechosos de fraude, y sí sabía yo interpretar caras. Entonces vi al señor y le dije, Si tú haces tu trabajo tan bien como yo hago el mío, ya te leí en la cara que eso que estás viendo es cáncer. Y me dijo, No, no, no puedo decirte nada, tengo que revisarlo bien y que bla, bla, bla. Y te voy a dar los resultados por escrito. Ya, cuando me entregaron los resultados, como a los cuatro días, sí era cáncer. El mío era Bi Rads 2, que no sabía qué era, sólo sabía que etapa 4 es cáncer terminal y pensaba, con que no llegue a 4, pero pues aquí voy a medio camino.

Yo pensaba, así como me estás oyendo, tranquila, no me tiré a matar. En mi familia hay enfermeras y doctoras y estoy familiarizada con términos y con la muerte. Luego llamé a un ginecólogo y le dije lo que pasaba, él me dijo que inmediatamente fuera a un oncólogo, que no perdiera tiempo.

Hice una cita con el doctor Enrique Ávila Monteverde, le llevé el estudio, me auscultó y me dijo que, para empezar a descartar, había que hacer una biopsia, me puso una aguja como de unos10 centímetros, donde estaba el tumor, para sacar el líquido y eso se mandó a patología. Ahora los procesos y protocolos son diferentes, pero así me tocó a mí. Luego pensé, él también sabe que sí es.

A la semana, era un viernes, me entregaron el resultado y lo abrí, estuve como quince minutos en el carro viendo que era carcinoma in situ; sí me sacudió, pensé o me muero o a ver qué hago. Lo primero que pensé fue en el Santi (su hijo), ¿qué va pasar con este niño? ¿Qué va ser de su vida? Porque yo no estaba casada.

Mi preocupación fue el niño, porque uno se muere y a toda madre, pero jodido es el que se queda. Por mi trabajo tenía un buen seguro de vida, entonces a él le iban a dar una lana e iba estar bien, pero éramos él y yo, nada más, juntos; a lo mejor esa es su lección de vida, y bueno, pensé, lo que sea que vaya que pasar es lo que tenía que ser, Dios, la divinidad, va poner los medios para que resulte de la mejor manera lo que debe ser. Volví con el doctor, le dije que los había leído y quedamos en que había que operar.

Todo fue muy rápido, ¿verdad? ¿Actuaste a tiempo?

Sí, todo comenzó a finales de septiembre y me operaron un 7 de octubre. Todo fue muy rápido, soy muy tajante y lo que decidí fue que me sacaran la fregadera; siguió el proceso preoperatorio y el mismo día, primero me sacaron el ganglio centinela, en la axila. Inyectan un medio de contraste y te meten a medicina nuclear, luego lo identifican, lo sacan y lo mandan a patología. Si sale limpio, hasta ahí llega el vaciado de ganglios, como fue mi caso.

Después me metieron al quirófano para sacar el tumor y un poco del tejido circundante, que también se mandó a patología. Recuerdo que, cuando me iban a poner la mascarilla con la anestesia, me dijeron que iba contar hasta tres para quedarme dormida y yo dije ‘júntense todas las pinches células cancerosas y vayan y chinguen a su madre’, y ya no supe más. Caí.

Cuando desperté en la sala de recuperación, vi al doctor enseguida de mi con una sonrisota y pensé Ya chingué paleta. Y él me dijo que todo salió muy bien, que sólo me quitaron un ganglio y que todo salió limpio. El tumor era como de dos centímetros.

¿Viste todo de manera tan optimista, siempre? 

La verdad, sí; nunca me dio para abajo, la neta. Luego de la recuperación y la incapacidad me querían dar la primera quimioterapia para el 9 de noviembre, antes del mes. Pero le dije al doctor que esperáramos, porque el 9 es mi cumpleaños 40 y quería estar bien. Hice mi fiesta, vinieron mis hermanas, mis amigas y la pasamos muy bien. El 12 de noviembre fue mi primera quimio, me dieron 6; eran cada 21 días. No fue muy fuerte, era preventiva, sí se me cayó cabello, pero no me quedé pelona; el doctor me recomendó que no me rapara, sólo que me cortara de largo. Usaba melenita.

¿Tu quimioterapia era tomada (oral) o inyectada por suero?

Era intravenosa. Tenía que ir a sentarme en un reposet por dos horas. Todo me lo atendí particular porque tenía buen seguro de gastos médicos. Tuve suerte de contar con eso. Ahí en Plaza Guayacán, por el Bulevar Morelos. Éramos varios los que nos sentábamos en un reposet para recibir el veneno.

¿Y cuál fue la enseñanza que te trajo esta enfermedad? 

Pues, no sé. Creo yo que la cuestión es no dejarte, no voy a decir que vencer, porque no me siento la guerrera y eso, sino que siento como que es aprender a enfocarte, aprender a centrarte, a ver los panoramas posibles y escoger el mejor para ti. A veces soy muy dispersa, hago una cosa y luego otra; a lo mejor si hubiera sido asustadiza no le hubiera hecho caso a la primera llamada, que fue la bolita.

En el proceso vi muchas personas que no aceptaban la enfermedad, yo lo acepté, pero tomando acción, pensé en lo que podía pasar y en hacer lo posible porque fuera lo mejor para seguir vivita y coleando.

¿Teddy, has sido apoyo de otras mujeres que se enfrentan a este diagnóstico?

Pienso que sí. Yo he visto mujeres en el súper, en el banco, con su turbante, y si las veo cabizbajas las abordo y les digo que sé por lo que están pasando, y que yo pude salir y les doy mi testimonio. Nunca me han rechazado.

Sé que han cambiado muchas cosas de 16 años a la fecha, pero entiendo que el cáncer es tan joven y tiene la vitalidad de quien lo padece, si eres muy joven es más fuerte. Y siempre estoy abierta a dar testimonio y a platicar con quienes lo necesiten, porque la mayoría de la gente piensa que un diagnóstico de cáncer es muerte segura, pero, también te puedes morir de un resfriado mal cuidado.

Y, por último, algo que me tocó ver en mi proceso y que me impresionó fue que en alguna de las sesiones de quimio que tuve, me tocó conocer a un señor que tuvo cáncer de mama. Los hombres son más renuentes para ir al doctor si se ven algo raro. Él se encontró la bola y fue al doctor y le dijo que no era nada. Hasta que el tumor creció del tamaño de una pelota de beisbol. Él no vivió mucho.


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Arte: Daniel Robles

La prevención es lo más importante en la lucha contra el cáncer: Victoria Salazar

Victoria Salazar de Berrelleza es promotora de la salud, fue presidenta de la Agrupación George Papanicolaou en Sonora, misma que ofrece apoyo y acompañamiento a personas del estado que se enfrentan a esta enfermedad, con diagnósticos de cualquier tipo de cáncer, y sigue siendo voluntaria de la agrupación fundada hace 40 años, por un grupo de señoras encabezadas por Aída Isibasi de Hodgers.

La prevención y el cuidado entre nosotras, las mujeres, puede evitar casos lamentables. Foto: Victoria Salazar

¿Vicky, cómo ha sido tu trabajo de acompañamiento para personas con cáncer?

Ya ni sé cuántos años tengo como voluntaria, pero tenemos compañeras que ya se fueron, como Aida, como la señora Yolanda de Ayala, de las fundadoras de la agrupación. Ayer tuvimos una reunión para celebrar los 40 años de la agrupación y platicábamos que cada vez es más difícil a como se hacía antes, por la cuestión económica.

Pero lo que podemos hacer todas las mujeres, porque tenemos hijas, hermanas, sobrinas, amigas, madres, compañeras, con quienes podemos hablar de prevención, siempre de manera sencilla y respetuosa, ‘¿ya te hiciste tu chequeo anual?’.

El mes de octubre se celebra la lucha contra el cáncer de mama, pero la prevención y as autoexploraciones deben hacerse cada mes, todo el año, porque eso hace una gran diferencia.

Aparte de acudir a hacerte los estudios de mamografía y Papanicolaou está la alimentación, estar pendiente de los cambios que sufre tu cuerpo. Si notas que aparece un lunar, que está cambiando de color, o que está creciendo, o un abultamiento, sobre todo en las mamas.

Es muy importante conocer nuestro cuerpo, observarlo y poner atención hasta cuando notas algún cambio en tu estado de ánimo, alguna molestia, inflamación, cualquier detalle, y no quedarte pensando que es normal; tampoco hay que quedarse en Ay, me dio pena decir; Me dio pena ir al médico, o Lo dejé para después.

Muchas veces las mamás están ocupadas, la mayoría ahora tienen que trabajar y cuidar a la familia, y el tiempo pasa tan rápido, pero es muy importante el estar atentas, y tener muy pendiente la prevención porque, la verdad, para los tratamientos de cáncer no hay dinero que alcance.

Tenemos que ser conscientes y estar muy pendientes de hacer esos chequeos preventivos que nos van a evitar llegar a un problema serio, que lamentable o simplemente más costoso para toda la familia, porque te desesperas por no tener el apoyo para la compra de los medicamentos, de los tratamientos.

Desde ahí debemos de partir con la prevención, con las amigas, las hijas, siempre decirnos cómo cuidarnos unas a otras y no dejar pasar nada de lo que nos descubramos. Es una forma de decir te amo y de evitar preocupaciones que pueden convertirse en dolor por la pérdida de nuestros seres queridos.

¿Cuando las mujeres ya tienen el diagnóstico de positivo a cáncer, cómo es tu manera de acompañarlas?  

Cuando ya tienen un diagnóstico y ya están viendo al médico, hay que acompañarlas emocionalmente. Es muy importante porque muchas veces están muy asustadas, y cuando una persona está asustada, cuando tiene miedo, generas cortisol, que es una hormona que te inflama, hasta te hace sentirte más mal. Por eso siempre hay que acompañar como una hermana, como una amiga, ir con ellas al doctor, a sus tratamientos.

¿Aparte de tu trabajo como voluntaria en la agrupación, te dedicas al negocio de la salud a través de programas de nutrición, qué les dices a tus pacientes?

Siempre, en la primera consulta les digo que me voy a tardar un poco, porque aprovecho para conversar, para preguntar, porque a las personas les preocupa que tienen unos kilos de más, pero no piensan por qué están aumentando de peso. Cómo se están alimentando, qué están sintiendo, qué es lo que han pensado, porque el cuidado debe ser integral: cuerpo, mente y espíritu en armonía.

Cuando una persona está en depresión, tiene miedo, está enojada, asustada o está pasando por una situación emocional que la tiene al límite, corre el riesgo de que baje su sistema inmunológico y es ahí, cuando se aprovecha cualquier bicho para enfermarlo.

Entonces siempre hay que buscar un consejo, una compañía, alguien a quien puedas decirle lo que estás sintiendo o pasando, así como decía un promocional de televisión: ‘Cuéntaselo a quien más confianza le tengas’.

Tenemos la tarea de llevar ese mensaje a muchas mujeres, siempre pensar en la prevención, a nuestras amigas de Conecta Arizona, más ahora con el Internet, no hay fronteras. Y no solamente a las mujeres, los hombres también pueden ser diagnosticados con cáncer de mama, pero huyen de los médicos, de cualquier especialidad.


Al tener un diagnóstico de cáncer, puede haber un duelo, y debemos pensar en los casos positivos: Verónica de la Vara

Desde Hermosillo, Sonora, la psicóloga Verónica de la Vara Rendón compartió con Conecta Arizona cómo debe abordarse, desde su especialidad, esta enfermedad, ya sea como paciente y también como familiar o amistad que se convierte en acompañante o parte de la red de apoyo. La comunicación, señala, es primordial para que transcurra esta etapa, así como también, pensar en los casos de pacientes que han salido adelante con este tipo de diagnósticos.

La psicóloga Verónica de la Vara señala que la red de apoyo de una paciente con cáncer debe ser amorosa, cálida y no tomarse de manera personal los cambios de humor o estados de ánimo que puedan ocurrir en el proceso. (Foto: Judith León)

¿Cómo se aborda psicológicamente en consulta o terapia a un paciente o familiar de alguien que recibió el diagnóstico de cáncer de mama?

En lo personal y profesional, en el acompañamiento que he brindado a familias y a pacientes con el diagnóstico, me toca ser parte de un testimonio donde una pacientita de aproximadamente 65 años pudo vencer el cáncer de mama. Claro que todo el proceso de ella fue de un año en cuestión de tratamiento, de seguimiento, ella todavía sigue en monitoreo, pero ya está dada de alta.

Solamente en cuestión de prevención, en sus revisiones periódicas; primero que nada, aquí lo importante, para comenzar es la atención a la paciente en la cuestión de dar ese acompañamiento de una manera muy ética y muy humana, poder tocar estos temas y -sobre- todo algo en lo que yo me enfoco es en la cuestión emocional: ver y hablar, expresar cómo se siente ella, cómo ha sido el proceso, el diagnóstico, quienes están en su red de apoyo.

Busco en la red de apoyo también, que ellos asistan a terapia para brindarles herramientas para el acompañamiento. Algo que es primordial es prevenir la depresión y la ansiedad porque por el impacto de la noticia, de los procesos del tratamiento, claro que afecta en todo nuestro sistema, en todo nuestro cuerpo, en nuestra salud mental, emocional y física. Siempre les dejo claro saber controlar las emociones, ponerle nombre a lo que siento, expresarlo, pedir ayuda y comunicarlo con mi red de apoyo es lo primordial para este proceso.

¿Cómo se tratan los mitos, los conceptos o la desinformación que podemos llegar a tener de una enfermedad como el cáncer?

También es importante abordar el duelo. ¿Por qué el duelo? Porque ante un diagnóstico como el cáncer de mama, hay una pérdida en cuestión de cómo me percibo en mi dinámica, en mi rutina del día a día, en cómo mis pensamientos empiezan a cambiar.

Puede haber un duelo en cuestión de que a veces, como mujeres, es difícil apoyarnos sobre los hijos, sobre la familia. Todo depende de cada caso, de cada situación. Sí es necesario abordar ese duelo y entender cómo soltar esta versión y recibir con amor esta etapa a la que voy a entrar, en cuestión de una nueva experiencia en la vida.

También es importante trabajar, aparte de lo emocional, que va de la mano el cambio de creencias que yo tengo acerca del diagnóstico, el cambio de pensamientos que pueda tener. Porque algo que he notado es que escuchamos la palabra cáncer e inmediatamente es un terror o es igual a morir. Es un resultado catastrófico negativo esa palabra.

Tenemos que enseñar a que hay muchos casos también que han salido adelante, que los han dado de alta, que tocan esta campana que hay en los hospitales, donde -de manera simbólica- se felicita, se reconoce todo el proceso de la paciente. Entonces, también hay que enseñar que hay otros panoramas, no nada más la cuestión negativa en cuanto al diagnóstico.

¿Cómo debemos desenvolvernos si nos toca la parte de ser cuidadores o parte de la red de apoyo?

Como cuidadores debemos procurar si hay, además de nosotros, otras personas que nos puedan ayudar ante el cuidado de la paciente. Tratar con mucho respeto y mucha paciencia a la paciente, en cuestión de demostrarle el amor que hay, la unión que hay como red de apoyo, como familia, como amigos.

Debemos ser asertivos con lo que decimos o qué es lo que queremos transmitir. Antes de dar una opinión, algún consejo, siempre tenemos que pensar qué palabras le vamos a decir a la persona porque, siempre, la calidez y el amor tienen que ir de la mano con esa palabra o esa acción que yo voy a hacer hacia la paciente con el diagnóstico.

¿Qué más debemos tener en cuenta si somos parte de una red de apoyo?

Como primera red de apoyo siempre está la familia, y lo que tiene que hacer es monitorear en la paciente los estados de ánimo, si necesita ayuda, estar al pendiente de la ayuda que nos vaya a pedir.

Mientras que, en los momentos difíciles, de crisis, porque podemos tener crisis en la cuestión de estados emocionales que suben y bajan e irritabilidad, el apoyo es no tomar de manera personal las acciones o estos cambios de humor o estado de ánimo de la paciente, sino permitirle sentir, llorar, enojarse. Siempre y cuando no llegue a un estado de alteración severa.

En cuanto al tema de los cuidados paliativos, hay que estar en contacto con el equipo médico, con el oncólogo, si hay un psiquiatra; como red de apoyo también es válido llevar una terapia familiar o individual para saber cómo guiarnos y también con la paciente. Lo fundamental es tener buena comunicación.

Arte: Daniel Robles

El cáncer de mama, de mamá: testimonio de familiar de paciente con cáncer

Cuando una persona enferma de cáncer, experimentan una sacudida en sus vidas, cambios que -obviamente- no tenían previstos, en sus cuerpos, en sus rutinas, en su convivencia familiar y social, muchas veces en su fe y, por más información que tengan sobre este padecimiento y, aunque conozcan casos de supervivencia, el miedo las acompaña, por ellas y por las personas que tiene en su entorno, a quienes, en ocasiones no saben cómo comunicarle lo que pasa ni expresar lo que sienten.

Una mujer que pidió omitir su nombre, a quien llamaremos ‘Esperanza’, conoció el cáncer como observadora involuntaria al vivir de cerca esta enfermedad como acompañante de su mamá. Han sido una familia de dos integrantes, que vivieron esta etapa complicada. Complicada porque mientras la mayor enfrentaba la enfermedad, la menor enfrentaba, hace algunos años, la adolescencia.

¿Puedes compartirnos cómo fue tu experiencia con el cáncer de mama?

Supe de la existencia del cáncer de una manera violenta. A los 15 años, el cáncer me resultaba tan extraño como un planeta recién descubierto que tiene cuatro soles o como las estrellas que uno puede “comprar” y ponerles su nombre. Pero no era cualquier cáncer, era el de mi mamá.

No tenía mucha información, en ese momento tampoco veía muchas opciones; para mí fue sinónimo de desesperanza, de incomprensión, de temor a la muerte, de miedo ante la posibilidad de quedarme sola.

También fue sinónimo de pobreza porque la enfermedad, y luego los tratamientos, no sólo matan células y en ocasiones debilitan a los pacientes, además ocasionan gastos emocionales, económicos, afectivos y familiares.

Recuerdo cuando la acompañaba y buscábamos una silla desocupada entre los pacientes que madrugaban a sus radiaciones, no olvido a un señor que usaba un paliacate en la cara, quién sabe qué ocultaba el pobre hombre o si logró sobrevivir a aquel pasillo de espanto que tenía el oncólogo, con un cristal por donde se veía a los pacientes que ingresaban a recibir su tratamiento. Vi a tantas personas de quienes no conocí sus nombres, pero las identificaba con un “alias”.

¿Tu mamá sólo recibió tratamiento de radioterapia?

No, después de la cirugía para extraerle el tumor recibió radiaciones por varios meses; después le dieron una orden para recibir quimioterapia. La recuerdo vistiéndose con desgano para ir a que le pusieran un suero que la hacía sentir como si la quemaran por dentro; estuvo por varios meses, no recuerdo cuántos, con poco cabello, sin apetito, sin sonrisa, sus ojos que no podían ocultar sus temores y dudas. Yo callaba, aunque tuviera temores y dudas también, pero no me sentía con derecho a importunar con preguntas. Nunca me sentí tan sola.

¿Recuerdas cómo comenzó este capítulo en sus vidas? ¿Cómo te enteraste?

Regresamos de unos días de vacaciones cuando se descubrió la famosa, y temida, bolita. De inmediato buscó una cita médica, luego la mandaron al oncólogo y en menos de una semana ya estaba programada para entrar al quirófano. Obviamente supe de esto después, sólo me dijo que tenían que operarla. La verdad es que tampoco pregunté. No es que no sintiera curiosidad o no quisiera saber; ella siempre me advirtió que a las personas enfermas o que van a ser operadas no hay que incomodarlas con preguntas.

Fue un sábado por la mañana en un hospital privado, era 19 de octubre. Ese es un lugar que se suma a la lista de comidas, olores e imágenes que no tolero y que me esfuerzo por no recordar. Había un altar con esas figuritas que les llaman milagros, estaban clavadas en un terciopelo guinda, no recuerdo qué santo tiene. Ese pasillo donde está hace escuadra con el pasillo que conduce a las habitaciones, al quirófano y a la central de enfermeras (y de monjas) que siempre estaba sola, y a la capilla, que también vi siempre sola. 

Con el paso de los años, me parece ver todo aquello como entre una bruma muy densa. Con silencios incómodos, llantos mudos, momentos de darnos la espalda para no vernos llorar y para no sentir culpas, ¡de sentirnos así!

También fueron meses, quizás dos años, de gastos, visitas médicas, de deudas, de dolor físico para mi madre y de dolor en el alma para mí, calladas la mayor parte del tiempo, y hasta la fecha.

Por fortuna, ese capítulo pasó, cuando ella terminó con ese proceso no se usaba que tocara una campana anunciando el fin de sus tratamientos, pero gracias a Dios tuvimos un final feliz. De ese cáncer, ella tiene una cicatriz física y yo otra en la memoria y en el corazón.

Arte: Daniel Robles

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Autor(a)

Judith León es reportera y editora originaria de Hermosillo, Sonora, México .
Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora y está diplomada en Periodismo Digital por el Instituto Tecnológico de Hermosillo y por la Universidad Kino.
Forma parte del equipo ganador del Premio Nacional de Periodismo 2014 en la categoría de Cobertura Noticiosa.
Escribe narrativa, tiene obra publicada en varias compilaciones y es coautora del libro De ladrillo, concreto y asfalto, del Colegio de Ingenieros Civiles de Sonora.