La gente que nos usa

En esta vida he pecado de confiada. Lo digo sin drama, porque también sé de dónde viene esa confianza. Crecí entre manos abiertas y brazos extendidos; cruzando puertas que alguien más dejó abiertas para mí; trepada en hombros de gigantes como mi madre y criada en esa cultura en donde siempre hay algo que dar.
Crecí con la idea de que lo propio no se pierde por compartirlo, y que hasta lo más sencillo se vuelve más digno cuando se reparte. También vi a gente que hacía mucho con poco, que no necesitaba presumir para sostener a otros y que entendía la generosidad como una forma de estar en el mundo. Por eso me cuesta tanto entender a quienes ven una mano extendida y no la estrechan, sino que la usan para jalar más fuerte de lo que toca.
Hay gente que usa, que exprime, que desecha y aniquila… que va quemando puentes para que otros no crucen. Hay abrazos falsos, sonrisas de mentiras y tonos de voces que esconden envidias que tarde o temprano traspiran. Hay dobles morales que se camuflan entre el camino de buenas intenciones que lleva al infierno. Sí. Hay gente que hiere con toda la intención de hacerlo. Esa gente es la que considera que la deslealtad aventaja.
Hoy amanecí pensando justo en esa gente que se aprovecha, a la que le das la mano y se agarra hasta el pie. No es casualidad. En mi afán de darle sentido a todo siento que es como una traición que halaga. Uno lo hace parecer tan fácil, que se convierte en inspiración para los otros; ya si se convierte en éxito o fracaso, no sé. Pero hay algo muy específico en descubrir que alguien aprendió de ti no para sumarse, sino para servirse. Eso no solo lastima, también desordena la memoria. Una empieza a repasar escenas, gestos, silencios, y entiende que había señales que no quiso mirar de frente.

Esto puede ser también el testimonio perfecto de que uno puede ser escalón y trampolín para un sueño ajeno sin sacrificar el propio. Porque uno no debería ir por la vida cerrando puertas ni metiendo pies; sino siendo puente. Y puente no significa ingenuidad. Puente tampoco es dejarse pasar por encima. Significa sostener, conectar, permitir el paso sin perder la forma ni el fondo.
Somos muchos los que todavía creemos que vale la pena hacer el camino más ancho para que quepamos todos. Somos más los que pegamos los hombros para hacer frente, quizá porque hemos entendido que uno avanza cuando abre brecha y no pone zancadas, y cuando espera pacientemente a que todo caiga por su peso sin desear el mal. No se trata de romantizar la bondad, sino de seguir creyendo en el trabajo bien hecho, en la palabra cumplida, en la gente que llega para sumar y no para cobrarse.
¿Que sentirse usado rompe un poco el corazón? Claro. Pero cada uno lo ve desde lo que es y cada cual da lo que tiene… y aquí hay talento y gratitud hasta para regalar. ¿Quieres un poco?
Lo digo así, sin fingir que no quema. Pero arder no es lo mismo que apagarse. Y yo no quiero convertirme en alguien que vive midiendo a todo el mundo con la misma desconfianza que le dejaron sembrada. No quiero aprender la lógica de quienes dañan y luego se justifican. Prefiero seguir sabiendo agradecer, aunque duela, aunque cueste, aunque a veces una descubra que la confianza también tiene cicatrices.
Uno avanza en silencio, porque el ruido aturde y siempre es temporal. Y quizá ahí está la lección más difícil de todas: seguir sin hacer del golpe una identidad. Seguir, sin dejar de abrir puertas, aunque alguna vez alguien haya confundido la bienvenida con permiso para quedarse a romperlo todo.

Queremos que Conecta Arizona sea ese lugar en donde podamos darle un espacio, un eco y amplificar tus historias.
Plumas invitadas de Conecta Arizona

Comentarios (0)
No hay comentarios en esta publicación.