La vida en el desierto surreal de Mónica Villarreal

📷 Fotos: Arianny Valles
Mónica Villarreal siempre ha mirado con mucho interés el cambio y la evolución. Le fascinan, desde su mirada como psicóloga, los procesos de transformación humanos y la capacidad de adaptación, por eso su obra se dedica a la naturaleza. Además de ser psicóloga graduada en la Universidad Autónoma de Nuevo León, en Monterrey, es mamá, inmigrante y pintora.
También es, actualmente, la artista residente en el ALAC (Arizona Latino Cultural and Art Center): “Mi amiga Elizabeth Toledo me dijo, ‘Vamos a tener un espacio con el grupo de artistas en ALAC y también podemos tener un espacio para que tengas un estudio aquí’. Le dije, Claro que sí, encantada de la vida”, así nos contó la artista sobre la manera en la que se dio su residencia en el prestigioso centro artístico ubicado en el Downtown de Phoenix.
Sobre sus 14 años viviendo en el Valle del Sol, la pintora oriunda de Monterrey expresa que tiene una especial conexión con la ciudad que la recibió a ella, y a su familia, y que agradece la acogida por parte de la comunidad artística local. Vino con quien era su pareja en ese momento, el padre de sus hijos Jaciel y Julieta, esta última nacida aquí.

“El grande, Jaciel, ya vive en Nuevo México se mantiene solo y está terminando su carrera de chef. Estoy muy orgullosa de él y Julieta tiene 13, es la chiquita”, comenta Villarreal con la mirada iluminada y sonriente. También nos confió que la razón principal para mudarse fue “tener un mejor nivel de vida”, porque “era difícil en México”.
Curiosamente, tanto Mónica como su exesposo habían estudiado psicología, y fue cuando llegaron a Arizona que empezaron a trabajar de lleno como artistas, ella en la plástica y él en la fotografía. “Me siento muy arizoniana, porque aquí fue cuando empecé a hacer mis trabajos como artista”, afirmó la pintora.
La herencia de su padre

Aunque tomó la decisión de vivir de sus obras cuando llegó a Phoenix, este no es un oficio ajeno para ella, su padre Sergio Villareal, fue una figura clave en el arte mexicano contemporáneo, reconocido como uno de los mejores retratistas del país azteca, con un legado que trasciende los lienzos y las aulas universitarias.
Después del fallecimiento de su padre en 2021, a causa del Covid-19, Villarreal se convirtió en guardiana y promotora de la obra de su progenitor, y esta ha sido la llave que le ha abierto algunas puertas y que le ha permitido esa conexión con los artistas locales.
Cuando se le pregunta sobre la experiencia de ser artista a tiempo completo, ella responde: “Es difícil y es mucho trabajo, y todavía mi papá vivía también siendo artista nada más. Entonces, muchas de las cosas a las que me dedico actualmente es inspirado de lo que me tocó ver de mi familia y claro que es mucho trabajo, pero es muy placentero también estar siempre creando y alrededor de amigos creadores que tienen una manera similar a la tuya de ver las cosas”.
A diferencia de su papá, la obra de Villarreal se centra en la naturaleza, y en el cuerpo de la mujer. Admite que pinta lo que ve, y que se siente subyugada por la naturaleza surreal del desierto, en este sentido explica: “A las mariposas las pinto gigantes, los colibríes también. En vez de chiquitos les cambio el tamaño y eso lo hace distinto completamente, le cambio la dimensión de los animales del desierto. Me inspira mucho el desierto”.
Catorce años de entrega al arte, representan para esta mujer migrante motivo de orgullo y la invitación a innovar constantemente, lo que es congruente con ella por su entusiasmo por la evolución y el cambio. Cuando se le pregunta sobre el llamado a seguir el camino de su padre responde: “Es una vida muy intensa, mucho trabajo y mucho compromiso. Siempre estás tratando de ver qué nueva idea vas a hacer el día de hoy. A veces quieres dormir y dices, Ah, ya se me ocurrió cómo hacerlo. Y, a veces, la idea te quita un poquito el sueño”.
Su muestra en la galería
El acrílico es su técnica favorita, sin embargo, ha estado coqueteando en sus más recientes obras con la palabra, la textura y el collage, así podemos ver en los estantes del ALAC sus cuadros de diversos tamaños, y algunos de ellos con relieves creados con otros materiales pegados en el lienzo.
También, cuenta que desde el año pasado ha encontrado en sus pinturas una vía para el activismo sobre temas ecológicos y ambientalistas, como es el caso de una serie de cuadros en los que el búho ha sido protagonista: “Vamos a dar un mensaje pacífico a través del arte, haciendo algo bello para la gente y que también sea para mantener la imagen del búho antes de que desaparezca”, agrega la pintora.
Visitar su cubículo en el Centro Latino Cultural de las Artes es adentrarse en un mundo en el que interactúan sus espinadas flores iridiscentes, con sus mariposas en vuelo, obras inconclusas y algunos retratos hechos por su padre. Mientras que en la galería principal se aprecian sus rosas rojas, y su mujer tortuga, una de sus favoritas, sobre la que nos cuenta: “Esta obra para mí es como una mujer que salió del caparazón de la tortuga. Es como una idea de renacer o de cambio también, de lo que estábamos hablando hace ratito (sobre su divorcio y su corte de cabello), pero esa la hice hace varios años y tiene que ver con cambios de cualquier momento en la vida”.

A partir de su reciente separación, Villarreal se reconstruye y se hace más “funcional”, y eso se ve claramente en su obra que explora lienzos más pequeños, nichos de madera, portadas de libros y libretas, aretes y hasta imanes para el refrigerador. Ella quiere que su obra sea única y el vehículo que le permita volar a otros lugares como sus mariposas: “Y cuando la gente se la lleva ya no supiste a dónde fue, es como un cuento de hadas -también- hacer pintura. Nunca sabes a dónde va a ir ese dibujo o esa mariposa”, agrega sonriente con la expresión de una niña traviesa.
Su obra la encuentras en ALAC en 147 E. Adams St., Phoenix, Arizona 85004. Y si quieres tener una previa antes de irte al Downtown, puedes seguirla en Instagram @monicavillarreal5997

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