Mosaicos: La Tinta

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“Me siento bendecido de tener a personas alrededor del mundo con las que pueda compartir piel” – Dr. Woo

La tarde arrancó con una buena trapeada de lavanda, como quien limpia el alma antes del ritual. Ese olor dulzón, entre flor y nostalgia, sube como incienso de guerra, espantando los fantasmas que se quedan pegados en los rincones del día.

El espacio donde va a tatuar al precioso se alista como altar de barrio: limpiador en spray bendiciendo la camita negra, y luego el plástico estirado que se enrosca como serpiente lista pa’ la acción. 

“Buenas tardes, carnal”, se dicen con ese tono que no necesita más explicación.

El cliente ya suda. Dice que está tranquilo, pero la transpiración lo delata. 

En el fondo, algo le grita que mejor no se tatúe el nombre de su ruca, por si luego truena la cosa.

Pero ya es tarde, mi rey. En cuanto le tallan la piel con esa servilleta humedecida, ya no hay reversa. Eso ya es pacto.

El artista empieza dibujando nomás pa’ calar, como quien tantea el filo del cuchillo antes de entrarle al corte.

Y antes de que la tinta se entierre, hay miradas que tiemblan: una se lanza a la puerta, por si hay chance de escapar, y la otra se clava como anzuelo, justo en el punto donde va a bailar la aguja.

Daniel, alias Better Days, es de esos que aprendieron bajo el sol criminal de Hermosillo. Empezó un agosto, cuando el pavimento arde y el aire corta. Hace 11 años que agarra la máquina como quien atrapa el destino con puño firme.

Su apodo nació entre trago y relámpago. Una noche cualquiera, en una cantina con luces bajas y cumbias tristes, una gota formó una “B” sobre la barra. Fue ahí donde vio claro: Better Days, pa’ recordarse que después del trueno siempre llega la calma.

Desde entonces se ha codeado con los chingones del lettering en Los Ángeles, Phoenix y Chicago.

Y no solo tatúa, también pinta el barrio en tela: tiene su propia marca de ropa, con arte que grita calle y corazón.

Lo que lo distingue es el pulso: líneas finas como alambre de púas en el alma. Va letra por letra, como si estuviera escribiendo una oración eterna en la piel. Cada trazo es un rezo tatuado.

El zumbido de la máquina se vuelve un canto metálico, una letanía que conecta generaciones. No importa donde nace el tatuaje, en Hermosillo, en Phoenix o en Los Ángeles: la tinta corre igual, atravesando idiomas, fronteras y nostalgias. En cada línea se queda atrapada la memoria de quienes cruzan, de quienes regresan, de quienes buscan escribir su historia en la única tierra que siempre cargan consigo: la piel.

A veces, en medio del silencio, Better Days se detiene un segundo a contemplar lo que está dibujando. Para él no es un diseño más, sino un mapa de cicatrices y esperanzas. “La piel no olvida”, dice entre dientes, como recordándose que cada cliente carga un pasado distinto, pero que todos llegan buscando lo mismo: dejar huella, encontrar consuelo, o reinventarse en las rayas eternas que nunca se borran.

Una vez, un cliente llegó temblando, con el torso lleno de dudas y un retrato mal hecho de su pasado. Quería taparlo. Daniel le dijo:

—¿Quieres que lo borre o que lo transforme?

Y mientras la máquina zumbaba, el vato murmuró como si fuera Cruzito en Sangre por Sangre:

—Tatúame algo que me salve, carnal. Algo que me recuerde quién era… antes que la vida me partiera en dos.

Y ahí quedó, en la piel y en la historia.


Letras de Fidel Javier Castro Fragoso y fotografías de Betto Robles; edición Maritza L. Félix.

Especial agradecimiento a Daniel Zaragoza por dejarnos entrar a su estudio a captar la esencia de su trabajo. Mejor conocido como Bhack622, es un tatuador originario de Hermosillo, Sonora, con más de 11 años de experiencia especializado en lettering.
A lo largo de su carrera ha trabajado con clientes de distintas partes del mundo, creando diseños de letras para marcas de ropa, artistas, tatuadores, barberos y diferentes negocios.
Actualmente está enfocado en el crecimiento de su marca de ropa Better Days Brand, un proyecto en el que lleva su arte más allá de la piel para compartirlo en la moda.

Puedes seguir su trabajo en Instagram y su cuenta de Better Days.


Esta historia es un fragmento de Mosaicos, el proyecto de Conecta Arizona que recoge pedazos de vida, color y memoria, ensamblados como azulejos que celebran la belleza migrante y transfronteriza. Aquí cada relato y fotografía es una pincelada que honra la herencia vibrante, cruda y real que une ambos lados del muro.
Explora aquí otros matices y rostros tejidas en colaboración con autores y artistas independientes.

Queremos que Conecta Arizona sea ese lugar en donde podamos darle un espacio, un eco y amplificar tus historias.

Plumas invitadas de Conecta Arizona

Autores
Fidel Javier Castro Fragoso

Fidel Javier Castro Fragoso nació en Sonora, México. Es licenciado en Informática y en Diseño Gráfico, además de docente en la Universidad de Sonora. Su trayectoria combina creatividad, tecnología y compromiso social, con colaboraciones en medios reconocidos como Periódico Expreso, El Imparcial, Proyecto Puente y revistas como Fashionista y Revista Amiga.

Ganador del premio Fotoseptiembre 2013 en la categoría Fashion, Fidel ha logrado integrar la estética y la narrativa visual en proyectos que destacan tanto por su sensibilidad artística como por su enfoque crítico. Su activismo se centra en la movilidad urbana, la preservación ambiental y la humanización de la ciudad: es miembro de la mesa de movilidad “Hermosillo ¿Cómo Vamos?”, ciclo activista en Bikes and Beers, cofundador de Bikes and Trees, y escribe versos que buscan transformar Hermosillo en un espacio más humano y poético.

Su trabajo refleja un equilibrio entre la innovación profesional, la expresión artística, la escritura y la acción comunitaria, consolidándose como una voz comprometida con la ciudad y su entorno, siempre desde una perspectiva crítica, poética y constructiva.

Betto Robles

Betto Robles nació en Hermosillo, Sonora, donde la luz del desierto moldeó su manera de mirar y contar el mundo a través de la cámara. Desde 2012 ha dedicado su vida a la fotografía, y en más de una década de trayectoria ha hecho de las bodas y de la captura de emociones su sello distintivo.

Su estilo es auténtico y sensible: con la luz como aliada busca transformar cada instante en memoria perdurable. Junto a Mayra, su pareja y cómplice creativa, dirige un estudio fotográfico que respira cercanía, frescura y verdad.
La música, el arte en todas sus formas y la energía vibrante de la vida urbana son sus fuentes de inspiración. Su filosofía lo acompaña en cada proyecto: “seré estudiante por siempre, porque no quiero dejar de crecer nunca”.