¿Para qué sirven las cartas de recomendación en un caso de asilo?

Tucson, Arizona. – En los procesos de asilo en Estados Unidos, muchas personas creen que entre más cartas de recomendación presenten, más fuerte será su caso. Sin embargo, según explica el abogado de inmigración Héctor Quiroga, esa idea no solo es equivocada, sino que en algunos casos puede terminar perjudicando a quien busca protección.
Las llamadas cartas de recomendación o cartas de apoyo son un tipo de evidencia que los jueces migratorios pueden considerar. “Una carta es evidencia que un juez va a considerar, pero siempre hay que preguntarse: ¿qué punto queremos probar?”, explica Quiroga. No todas las cartas sirven para lo mismo ni tienen el mismo peso.

Evidencia secundaria
De acuerdo con el abogado, la mayoría de las cartas funcionan como evidencia secundaria. Por ejemplo, si se quiere demostrar que una persona tiene buena conducta moral, alguien cercano puede escribir que la conoce desde hace años, que trabaja, que hace voluntariado o que no ha cometido delitos. Eso ayuda, pero no es lo más fuerte del caso.
“Los amigos de uno siempre van a escribir cosas buenas”, señala Quiroga. Por eso, aunque esas cartas tienen un efecto, su valor es limitado frente a otras pruebas más objetivas, como documentos oficiales, reportes médicos, denuncias, fotos, informes o registros que respalden lo que la persona está contando.
Cuando la carta sí pesa
Las cartas pueden tener mucho más valor cuando vienen de alguien que fue testigo directo de lo que ocurrió. En casos de ataques, tortura, amenazas o persecución, lo ideal es que escriba quien vio los hechos o tiene información de primera mano.
“Tiene que decir: yo estaba ahí, yo vi lo que pasó, yo vi el disparo, yo vi el ataque”, explica Quiroga. Cuando una carta describe con detalles un hecho concreto y la persona que la firma tiene relación directa con ese evento, el juez puede verla como algo cercano a un testimonio.
El error de meter demasiadas
Uno de los errores más comunes es presentar muchas cartas que repiten lo mismo. “A veces meten diez, quince o veinte cartas diciendo que es una buena persona”, dice Quiroga. El problema es que eso no demuestra necesariamente por qué la persona necesita asilo.
Si el punto central del caso es, por ejemplo, un ataque o una amenaza, y solo una carta habla de eso mientras las otras 19 hablan de buena conducta, esa carta importante puede perderse entre las demás. Incluso existe el riesgo de que el juez no llegue a leerla con atención.
“Una sola carta bien escrita, que describa lo que pasó, vale mucho más que veinte diciendo lo mismo”, advierte el abogado.
No hay número mínimo
No existe una regla que diga cuántas cartas se deben presentar. Se pueden meter muchas, pocas o ninguna. Tampoco es obligatorio presentar cartas de recomendación.
Lo que sí es obligatorio es que la persona que pide asilo presente su propia declaración, donde explica por qué está buscando protección. Esa declaración es parte esencial del proceso y no debe confundirse con las cartas de apoyo.
Estrategia antes que cantidad
Para Quiroga, lo más importante es tener clara la estrategia: qué se quiere probar con el caso. ¿Que hubo un ataque? ¿Que existe persecución por motivos políticos, religiosos o por pertenecer a un grupo social? Una vez definido eso, se puede orientar a las personas que van a escribir las cartas, aunque siempre deben hacerlo con sus propias palabras.
“Las cartas son importantes, pero también pueden perjudicar un caso si no se sabe bien qué se está sometiendo”, concluye.
En los procesos de asilo, no se trata de llenar el expediente de papeles, sino de presentar pruebas claras, relevantes y bien enfocadas. A veces, menos es más.
Según Quiroga, los jueces prefieren evidencia objetiva: documentos oficiales, reportes médicos, denuncias, fotos, informes o pruebas directas de lo que ocurrió. “Los amigos de uno siempre van a escribir cosas buenas, por eso esas cartas tienen efecto, pero es secundario”, advierte.
Cuando se trata de hechos graves —como ataques, tortura o amenazas— la carta ideal no es la de alguien que solo conoce a la persona, sino de quien vio lo que pasó o tiene información directa. “Tiene que decir: yo estaba ahí, yo vi el ataque, yo vi el disparo, pasó esto con esta bala”, explica. Eso convierte la carta en algo más cercano a un testimonio.
En resumen, las cartas sí sirven, pero no sustituyen la evidencia principal. Son un complemento que puede ayudar… o estorbar, si no están bien pensadas.

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