Snowbowl: el motor turístico de invierno que impulsa la economía de Flagstaff

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El Arizona Snowbowl, en las faldas de los San Francisco Peaks, atrae a cientos de miles de visitantes cada temporada y se ha convertido en uno de los principales motores económicos y turísticos de Flagstaff y el norte de Arizona. Crédito: Paula Díaz.

Flagstaff, Arizona. El Arizona Snowbowl, ubicado en las faldas del San Francisco Peaks, se ha consolidado como uno de los principales motores económicos y turísticos del norte de Arizona, con un impacto directo en el empleo, el comercio local y en la proyección de Flagstaff como destino de montaña durante todo el año.

Turistas de distintas partes de Estados Unidos y del extranjero llegan cada temporada para experimentar el invierno en la región, incluso en años en los que la nieve natural ha sido limitada. Durante los últimos días de diciembre y los primeros de enero, por ejemplo, Flagstaff no registró nevadas significativas, sin que ello frenara la llegada de visitantes.

“Venimos desde Florida. Mi hijo quería aprender a esquiar y encontramos clases aquí”, dijo Sheryl, una de las cientos de turistas que esta temporada visitan el Snowbowl, mientras observaba a su hijo tomar la clase de la 1:00 pm que dura 3 horas, luego quienes toman las clases, personas de todas las edades, pueden esquiar en la pista pequeña. Así cuando van tomando confianza pueden pasar a otras pistas más altas.

El Arizona Snowbowl ofrece programas diseñados para acercar a los más pequeños a los deportes de invierno, como Snowburners, un curso de seis semanas dirigido a niños de entre 4 y 12 años. El programa busca que los participantes aprendan o mejoren sus habilidades en esquí o snowboard, ganando confianza de forma progresiva y segura. Las clases se realizan una vez por semana durante enero y febrero, con opciones de lunes, miércoles, viernes, sábados o domingos, lo que permite a las familias elegir el horario que mejor se adapte a sus necesidades. También se pueden tomar clases por uno o dos días, como lo hizo el hijo de Sheryl.

Además de visitantes nacionales, el centro de esquí recibe a turistas de México y de otros países, como una familia procedente de Francia, que también aprovechaba su estancia para disfrutar de las pistas y de la experiencia invernal en el norte de Arizona.

De acuerdo con información de la administración del Arizona Snowbowl y autoridades locales, el centro de esquí atrae a cientos de miles de visitantes cada temporada, provenientes principalmente de Phoenix, el sur de Arizona y estados vecinos. La temporada de esquí en Snowbowl suele extenderse desde finales de noviembre hasta principios o mediados de abril, según las condiciones climáticas y la disponibilidad de nieve natural y artificial. En años recientes, Snowbowl ha reportado temporadas récord de afluencia, impulsadas por mejoras en infraestructura, inversión en sistemas de nieve artificial y una mayor demanda de turismo de invierno.

El Arizona Snowbowl es también uno de los principales generadores de actividad económica para Flagstaff y el norte del estado, aunque la empresa no publica de manera regular cifras detalladas sobre sus ingresos anuales, por lo que no existen datos financieros oficiales de acceso público. De acuerdo con estimaciones de impacto económico citadas por autoridades locales y organismos de turismo regional, la operación del centro de esquí representa decenas de millones de dólares cada temporada en ingresos directos e indirectos para la región.

Este impacto no se limita a la venta de pases de esquí o clases, sino que se extiende a hoteles, restaurantes, transporte, comercios y servicios turísticos en Flagstaff y comunidades cercanas. Durante la temporada alta de invierno, Snowbowl impulsa la creación de entre 500 y 800 empleos temporales por temporada, además de algunos puestos permanentes, según estimaciones de oficinas de turismo y desarrollo económico de la región. Estos empleos abarcan desde instructores y personal de montaña hasta trabajadores de servicios, logística y hospitalidad, y ayudan a sostener la actividad económica en meses que históricamente eran más lentos para la ciudad.

Aunque no existen cifras públicas exactas sobre cuánto dinero ingresa directamente Snowbowl cada año, estudios comparativos con centros de esquí de tamaño similar en el suroeste de Estados Unidos estiman que resorts de este tipo pueden generar más de 10 millones de dólares por temporada únicamente en ventas directas, como boletos, alquiler de equipo y lecciones. Estas cifras corresponden a estimaciones del sector turístico y recreativo, y no a reportes financieros oficiales del Snowbowl, mientras que el impacto total en la economía local puede ser considerablemente mayor.

Una parte clave para sostener esta actividad económica es el sistema de fabricación de nieve artificial, especialmente en años en los que las nevadas naturales son escasas. Snowbowl utiliza cañones de nieve que funcionan mediante la mezcla de agua y aire presurizado, la cual es pulverizada en el ambiente cuando las temperaturas son lo suficientemente frías. Al contacto con el aire, las microgotas se congelan y forman nieve artificial, de acuerdo con descripciones técnicas del propio centro y de la industria del esquí.

Para que este proceso sea posible, se requieren temperaturas cercanas o por debajo del punto de congelación, así como niveles adecuados de humedad. Gracias a esta tecnología, Snowbowl puede extender la temporada de esquí, garantizar condiciones mínimas en las pistas y abrir áreas clave incluso cuando la nieve natural es limitada.

El uso de nieve artificial también ha sido objeto de debate ambiental, particularmente por el consumo de agua y energía en una región con recursos hídricos limitados y por la ubicación del centro en los San Francisco Peaks, un sitio considerado sagrado por varias tribus indígenas. Snowbowl ha sostenido que opera bajo permisos federales vigentes y con medidas de mitigación ambiental, mientras que el tema continúa generando discusión entre comunidades, autoridades y defensores del medio ambiente.

En conjunto, Snowbowl no solo es un centro recreativo, sino un activo económico estratégico para Flagstaff. Su capacidad para atraer turismo nacional e internacional y mantener actividad durante el invierno lo convierte en un pilar para la economía local, aunque su sostenibilidad futura está condicionada por el cambio climático y la disponibilidad de recursos naturales, factores que siguen siendo objeto de análisis y debate.

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Plumas invitadas de Conecta Arizona

Autor(a)

Paula Díaz es una periodista con más de 20 años de experiencia, especializada en inmigración, derechos humanos y justicia social en Estados Unidos, enfocándose en las comunidades latinoamericanas. A lo largo de su carrera, ha documentado numerosas historias de familias que buscan a sus seres queridos desaparecidos en la frontera sur de EE.UU., brindando una mirada profunda a los desafíos que enfrentan los migrantes. Su trabajo de investigación resalta problemas urgentes en la migración y ha dado lugar a iniciativas como su sitio web Migrantesdesaparecidos.com.

Ha trabajado en importantes medios de comunicación como Voice of America, donde cubrió la Casa Blanca y el Congreso, y en Univision-Arizona como Gerente de Contenidos Digitales. También ha colaborado con Telemundo, EFEy otros medios en EE.UU. y América Latina. Inició su carrera en EE.UU. como reportera para la edición en español de Los Angeles Times y ha sido corresponsal de El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica en El Salvador. Nacida en Colombia, emigró a Los Ángeles en 2001 y posee una licenciatura en periodismo de la Universidad Autónoma de Cali, además de una maestría en Periodismo Bilingüe de la Universidad de Arizona.