“Tenemos una historia, y si no aprendemos de esa historia no vamos a crecer”: Martín Moreno, una vida dedicada a las artes y un legado que refleja el sentir del Valle del Sol

📷 Fotografías: Arianny Valles
Cada espacio de la casa en Laveen del maestro Martín Moreno, hasta los más cotidianos y funcionales están tapeados con sus obras. De las paredes cuelgan sus cuadros, en las esquinas y en los pasillos se yerguen sus esculturas de piedra o de madera, y hasta en el tope de las mesas se puede apreciar su arte o el de su hijo. Cada sala en su hogar es una mini galería, y hasta el patio, donde está la alberca, vibra con los colores de sus piezas.
Moreno no nació en Phoenix; sin embargo, en 45 años como residente del Valle del Sol, su obra y su trabajo como educador crean honda huella en el repertorio artístico local y en el movimiento chicano de la región.
“Tengo reputación como uno de los veteranos aquí en Phoenix, y me da mucho gusto y placer ver que hay tantos artistas jóvenes, que son muy buenos, y hasta me dicen ‘El Padrino’, oh Dios mío” exclama Moreno con una tímida sonrisa.
El maestro Martín nació el 25 de septiembre de 1950 en Adrian, una pequeña ciudad en el estado de Michigan. Se crió en el vecindario de Sunnyside al lado de su modesta familia.

“Mis parientes eran campesinos, mi papá consiguió trabajo en las fábricas cuando tenía 14 años”, relata el artista sobre sus orígenes marcados por el bilingüismo (español en la casa, inglés en la escuela) y la apreciación por el arte y la creatividad.
Cuenta el maestro que su madre era una mujer recursiva y hábil con las manos, que cosía su ropa y bordaba con mucho talento: “Pinté mi primer mural cuando tenía 8 años por los consejos de mi mamá, ella me enseñó que si algo lo puedo ver en mi mente lo puedo hacer con mis manos. Eso lo creí en ese momento y lo sigo creyendo ahorita a mis 75”.
Moreno, ya en la escuela, y con la anuencia de su progenitora sentía el llamado por las artes, por eso al terminar la escuela, curioso además de la cultura de sus padres, se fue al país azteca a conectar con sus raíces. “Cuando tenía como 17 o 18 años me fui de vago a México, a la capital”, narra el pintor, quien resalta en su historia que allí quedó prendado con los murales de Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Enamorado del muralismo, regresó a Michigan obtener su licenciatura de Bellas Artes en la Universidad de Siena Heights.
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Su vida en Arizona

El gélido clima de Michigan era una limitante para la expresión artística del pintor, porque “nada más puedes trabajar afuera en ciertos meses al año”, razón por la cual recibió con alegría la sugerencia de mudarse a Arizona: “Tenía amigos que vivían aquí y me dijeron que podía trabajar todo el año… pero no me dijeron que iba a pegar 120”, suelta una carcajada hablando del calor, y después dijo con una expresión más sosegada que sí le gusta estar aquí.
Primero llegó a Tucson, donde trabajó unos años, para luego establecerse en Phoenix, donde ha trabajado como director de Las Artes en el Condado Maricopa, y maestro en diferentes escuelas de arte, “con las bendiciones de Diosito, he trabajado en la comunidad de artistas y con la oportunidad de enseñarle a la juventud la importancia del arte”.
Sobre el papel que un artista tiene en general en la historia de las regiones, Moreno explica: “Yo tengo mi filosofía, el artista tiene el derecho a apuntar el dedo cuando ve algo que no está bien. Entonces, aparte de eso, no solamente el derecho, sino la responsabilidad. Ah, porque si ellos no lo hacen, ¿quién lo va a hacer? Y no solamente los artistas son pintores o escultores, pero también son poetas y los que escriben libros y actores… Es muy importante apoyar a los artistas locales, sobre todo a los chicanos, dado los momentos ‘oscuros’ que estamos viviendo”.
El maestro tiene cinco hijos y varios nietos, algunos de ellos artistas como él. “Tengo dos que siguen en el arte y tengo dos nietas que también están siguiendo una carrera en el arte, una está en película y la otra quiere ser maestra de arte. Entonces, ya hice mi trabajo. Creo que completé lo que tengo que hacer porque el movimiento sigue”. Así se refiere al legado que ha dejado dentro de su núcleo más cercano. Agrega que una de las expresiones que más disfruta y que le conecta con Arizona es el muralismo, actividad que ahora desarrolla en equipo: “Trabajo mucho con mi hijo Reggie que también es artista, y él pinta con el bote (la lata de aerosol). Es una combinación de los dos. Yo con la brocha y él con la con el bote”.
El maestro Martín comenta que muchos de sus alumnos y personas en su entorno le pregunta por qué sigue pintando, a lo que él responde: “Mi propósito es el arte, siempre es a lo que voy. Lo tengo que hacer porque es lo que me mantiene sano de mente y de cuerpo”. Sobre sus obras, el artista comenta que trata de hablar de su cultura, de su historia ya que durante su tiempo de escuela en Michigan lo tuvo prohibido.
“Entonces, en mi trabajo vuelvo para atrás en la historia de mi país, de mi gente”. Hace mención a la conexión con la cosmovisión indígena y esa parte de la historia que según él “dejan afuera de los libros”, y que es fundamental en el mensaje que quiere dejar a sus alumnos y descendientes: “No somos lo que somos ahorita, tenemos una historia. y si no aprendemos de esa historia, no vamos a crecer”.
Han transcurrido 67 años desde aquel mural que pintó motivado por su madre, y al voltear la mirada por su obra se siente satisfecho, con los premios y reconocimientos recibidos, pero más por el trabajo en las comunidades. Sobre esto explica: “El arte público es también muy importante para mí. Es como marcar un camino”.
Para Moreno, lo más desafiante es representar a las comunidades con sus piezas de arte. En relación a este reto, ha confesado que su mejor estrategia es abrir el lienzo a los propios habitantes de los sectores, porque de esa manera participan, “Es importantísimo que esté la energía de todas esas personas de la comunidad allí en la obra”.
¿Qué sigue para Martín Moreno?

El maestro Moreno ha sido uno de los artistas convocados por Valley Metro para engalanar las estaciones del tren ligero, en su nuevo tramo hacia el sur de Phoenix.
Junto a Emily Costello, ha creado “Mis raíces”, una instalación de seis paneles de metal de 5 pies de alto por 8 pies de largo, que será inaugurada el 7 de junio y que está dedicada a la comunidad latina, a los indígenas nativos de América, a la educación y a la influencia afroamericana.
Moreno manifiesta sentirse muy emocionado porque han buscado enaltecer el valor del sur de Phoenix con esta obra: “Hay muchos que dicen que es una comunidad pobre y que hay muchos problemas ahí, pero es una comunidad bien bella, bien rica en cultura, se me hace que es una oportunidad para traer visitantes al sur de Phoenix.”
La obra será completada con piezas creadas por la comunidad para seguir la línea inclusiva, restauradora e integradora de este artista para quien la gente es lo más significativo: “La comunidad que vive con el arte tiene que estar contenta con él. Eso es lo más importante”.

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