Un ingeniero hispano en Arizona trabaja en el telescopio que mirará más lejos en el universo

En Tucson, la UArizona trabaja en el sexto de siete segmentos del Giant Magellan Telescope, un proyecto que promete transformar la astronomía moderna.
Tucson, Arizona. – Gustavo Rahmer es un ingeniero chileno que de niño soñaba con ser astronauta. Ese sueño lo llevó mucho más lejos de lo que imaginaba, llegó a Tucson para formar parte de uno de los proyectos científicos más ambiciosos del planeta.
Desde hace más de 30 años, Rahmer dedica su vida a la astronomía, y actualmente su trabajo se relaciona con el Mirror Lab de la Universidad de Arizona, un laboratorio ubicado a un lado del estadio de futbol de la Universidad de Arizona donde se funden y pulen los espejos gigantes, de 8,4 metros cada uno, que serán el corazón del Gran Telescopio Magallanes (GMT), un proyecto internacional que se instalará en el desierto de Atacama en Chile y que promete revolucionar la astronomía moderna.
Su historia comenzó en Curicó, una población de un poco más de 100.000 habitantes, a 200 kilómetros al sur de Santiago de Chile. Fascinado por el espacio desde niño, decidió estudiar ingeniería electrónica en Valparaíso y más tarde se especializó en sistemas para telescopios. Con el tiempo, su talento lo llevó a trabajar en observatorios en Chile, Europa y Estados Unidos, hasta que Tucson se convirtió en su hogar.

Su carrera lo llevó del Observatorio de Cerro Tololo a la ESO en Alemania, y más tarde a Caltech en California, donde trabajó en proyectos para la NASA. Desde 2005, Tucson es su casa. Aquí ha participado en la construcción de telescopios como el Large Binocular Telescope en Arizona y ahora en el GMT.
Los espejos no son un vidrio cualquiera, se trata de borosilicato extremadamente puro, importado de Japón, que una vez fundido alcanza un diámetro de 8,4 metros. Su diseño en forma de panal permite que sea lo suficientemente liviano para sostenerse y, al mismo tiempo, tan preciso que hará posible observar el universo con un nivel de detalle nunca antes alcanzado.
“El proceso se llama spin-casting. Lo que hacemos es hacer girar el vidrio fundido como si fuera una gran centrifugadora. Así logramos que adopte de manera natural la curvatura perfecta que necesita un telescopio”, explica Rahmer mientras recorre el Richard F. Caris Mirror Lab, el taller subterráneo bajo el estadio de futbol americano de la Universidad de Arizona.

Tras el moldeado, el vidrio pasa por un pulido minucioso que tarda años en completarse. “El espejo debe quedar con una precisión de 25 nanómetros. Para que se entienda: si el espejo fuera del tamaño de Estados Unidos, las imperfecciones no podrían ser más grandes que un cabello humano”, detalla el ingeniero chileno.
Cuando el proyecto esté completo, que se estima sea en unos cinco años, el Gran Telescopio Magallanes (GMT) contará con siete de estos espejos, alcanzando un diámetro total de 25 metros. Con esta capacidad, su poder de observación será hasta diez veces mayor que el famoso telescopio espacial Hubble.
“Lo que me atrae es el desafío tecnológico de construir estos instrumentos que serán el futuro de la astronomía”, dijo con orgullo. Aunque él no observa directamente las estrellas, se emociona al saber que los sistemas que diseña hacen posibles descubrimientos: imágenes inéditas de volcanes en la luna de Júpiter, mapas de planetas lejanos y la posibilidad de detectar mundos similares a la Tierra.
Chile fue elegido como sede del GMT por la pureza y sequedad del cielo en el desierto de Atacama. Desde allí, en la próxima década, el telescopio podrá responder preguntas que hasta ahora parecen de ciencia ficción: ¿hay vida más allá de nuestro planeta?

Además del GMT, en el mundo se levantan otros proyectos de telescopios gigantes. Uno de ellos es el Telescopio Extremadamente Grande (ELT), que se construye en Chile bajo la dirección del Observatorio Europeo Austral y que contará con un espejo de 39 metros de diámetro. Otro es el Thirty Meter Telescope (TMT), planeado en Hawái. Estos proyectos, junto con el GMT, forman parte de una nueva generación de telescopios que revolucionarán la astronomía en las próximas décadas.

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