Granja de Perlas del Mar de Cortez: conoce el proceso de cuatro años para obtener gemas únicas

Guaymas, Sonora, México.- En la Bahía de Bacochibampo, al sur de Sonora, a 262.5 millas de la frontera con Estados Unidos, partiendo desde Nogales, hay un sitio de interés turístico, cultural, científico y biológico: la Granja de Perlas del Mar de Cortez.
La perlicultura es una actividad desconocida para muchas personas en México y quizás en algunas partes de Estados Unidos; no obstante, el cultivo y producción de perlas es una actividad interesante y sorprendente que hay en Sonora; además de ser el único lugar en México y en el continente americano donde las ‘crían’.
En el tercer y último recorrido del día, el de las 11:00 de la mañana, el equipo de Conecta Arizona conoció cómo es este proceso. Carolina Bazúa es la guía del establecimiento que ha recibido a más de 100 mil visitantes de varios países, desde 1997, según el sitio cortezpearl.mx.

La granja de perlas que está ubicada en las instalaciones de lo que fue un campus del Tecnológico de Monterrey, es propiedad de inversionistas mexicanos entre los que hay investigadores.
Toda la información de cómo se siembran y cultivan las perlas, la recibes en un recorrido que inicia saliendo del edificio de información, oficinas y tienda de joyería, en alrededor de treinta minutos en un muelle, bajo una palapa; y diez minutos previos con la exhibición de un video informativo.
Para ir a este lugar se recomienda usar ropa y calzado cómodo y cubridor; si no llevas sombrero o gorra para protegerte del sol, ahí lo puedes adquirir.
Una vez en el muelle, se conoce primeramente a Jesús y Carlos, dos hermanos que tienen 32 años tratándose de tú con las ostras donde se desarrollan las perlas, cuidándolas, manteniéndolas y formando parte de la comunidad que difunde el trabajo que se hace en un espacio un poco asilado, con una hermosa vista, donde se combina el silencio con el sonido del viento, y del mar chocando con las rocas.
La granja de perlas recibe entre 500 y 600 visitantes por mes; en verano llega turismo nacional, en invierno extranjero, canadienses, principalmente. Fotos: Daniel Robles
“Ellos son los verdaderos expertos”, dice Carolina. Son los encargados de bombear el agua de mar a unas cajas de cultivo, donde las ostras se mantienen hidratadas para su reproducción, mientras se mantienen en resguardo.
Las ostras, explica, se separan por grupos; desde las “bebés” o semilla, adolescentes o juveniles y las adultas, que son las que, obviamente, están listas para cosecharse.

La cosecha es en junio de cada año, se obtienen alrededor de 4 mil perlas. En esta granja sonorense, mexicana, se prioriza la calidad, no la cantidad. La materia prima que utilizan es la concha nácar; mientras que la ostra en la que se siembra es la que pertenece al Mar de Cortez.
Las ostras bebé, se acercan al cultivo de modo natural, “porque les gusta vivir en el Coral Abanico”, explica la guía, mientras muestra uno. El comportamiento de estas especies varía cada temporada, puede depender de los cambios climatológicos y obtenerse cientos o miles.
Jesús y Carlos son los encargados de retirarlas del coral, una por una, con mucho cuidado porque son pequeñas y frágiles. De ahí se colocan en una red identificada como perlera, donde reposan alrededor de seis meses para convertirse en ostras adolescentes o juveniles, y ser colocadas en otro deposito llamado linterna, donde permanecerán año y medio hasta convertirse en adultas.
Estas ostras se consideran adultas cuanto cumplen dos años, y es entonces cuando ya están litas para ser operadas; en esta operación se les implanta un núcleo hecho de concha que la ostra detectará y, en forma de protección, producirá nácar que irá dándole forma a las hermosas perlas que no tienen igual, ni en color ni en tamaño ni en peso.

En esta granja se cultivan dos tipos de perlas: las redondas o perlas libres, y las medias perlas. La guía reveló que el núcleo que se implanta a las perlas es de un mejillón de agua dulce, muy resistente, que no se fractura, y que se encuentra en el Río Mississippi, donde también hay criaderos.

Durante este recorrido se desmitifica la historia de que las perlas se forman de un granito de arena que entró en la ostra. La realidad, explicó la guía, es que las perlas se forman de un mecanismo de defensa creado por la ostra cuando hay en su interior un parásito. ¡Su mecanismo de defensa es el nácar!, una mucosidad que va tras el agresor hasta cubrirlo. Luego se solidifica, formando la perla y logrando, al mismo tiempo, la supervivencia de la ostra.
Otra revelación es que las perlas de este lugar de Guaymas no son todas casi blancas y perfectas; hay negras, rosas, verdes, azules, violetas, doradas y de otros tonos, podría decirse que todas son únicas; redondas, con forma de pera o gota, rayadas o anilladas, así son perlas mexicanas que se producen en el Mar de Cortez.
Las perlas mexicanas, cuando son a la mitad se montan en anillos, aretes, dijes, ya sea de oro o plata y lucen finas y hermosas; algunas se acompañan también con diamantes, y todas van acompañadas de un certificado de autenticidad.
Carolina Bazúa expresó que las perlas cultivadas no son costosas, sino valiosas. Fotos: Daniel Robles
La investigación y experiencia de esta granja señala que, cuando se trata de cultivar perlas libres, las completas o redondas, se hace una pequeña incisión (como si fuera una cirugía) para colocar el núcleo de concha, y este no siempre es bien aceptado. De este procedimiento, sólo se logra el 20% de los implantes. Una vez “operadas”, las ostras se colocan en unas redes denominadas pockets.
Otra revelación de la granja es que la concha nácar es una especie que tiene un tiempo de vida de cinco años, por lo que el proceso de obtener la perla, se completa cuando se extrae, poco antes de los cinco años. Llegado el tiempo de morir, la ostra se abre.
El proceso siguiente con la ostra que cumplió su tiempo de vida es hacer cremas, jabones y protector solar, del que se desmitificó que manche la piel, ya que no tiene cítricos en sus componentes, que es lo que sí daña la dermis. Con concha nácar también se hace joyería como aretes o dijes.
Mientras Carolina explica el proceso de cultivo de las perlas, Jesús y Carlos están a un lado, mojando las ostras que sacan de un cajón, mientras las limpian, con un cuchillo retiran algunos parásitos que se encuentran en el mar y que se pegan a su exterior. Se llaman balanos y también se pegan a las ballenas, delfines, tortugas, barcos y boyas.
Así que el tiempo que se limpian estas ostras de la granja de los balanos, es cada dos meses, para que no las lastimen. El trabajo es bastante, considerando que tienen alrededor de 250 mil animalitos. El tiempo máximo que pueden durar las otras fuera del agua son 2 horas y media.
La granja de perlas está en las instalaciones de lo que fue el Tec de Monterrey. Fotos: Daniel Robles
Mantenimiento de las perlas
Luego de que compras tus perlas mexicanas, debes saber que la mejor forma de conservarlas es manteniéndolas en un lugar fresco y solas, no dejarlas sueltas en un joyero ni tenerlas con otras piezas.
La experta en este tema dijo que hay que usarlas, pues se mantienen bonitas con la humedad que toman de la piel. Guardadas y sin uso se pueden enfermar y perder su brillo.
En esta granja, aunque tienen joyería con perlas a la venta, la actividad principal es la de vender a diseñadores y joyeros que tienen mercados específicos, los clientes principales son de Australia, Europa y parte de Estados Unidos; para los mexicanos, esta industria ‘perlícola’ -de la que se obtienen alrededor de 4 mil piezas al año- es una novedad, están descubriéndola, conociéndola, y algunos vienen a elegir personalmente las piezas, algunas que consideran barrocas porque se colocan núcleos perfectamente esféricos, pero “la ostra no hace caso”, se rebela y hace la forma de la pieza como uno no puede imaginar que saldrá.
Si estás interesado en visitar este lugar puedes hacer su cita para recorridos en inglés y en español al teléfono de oficina +52 (622) 221-0136 y al celular +52 (622) 131 8585. La granja de Perlas del Mar de Cortez está en Bahía de Bacochibampo, sin número, Fraccionamiento Lomas de Cortés; en el interior del edificio del Tecnológico de Monterrey en Guaymas, Sonora, México.
También puedes encontrar información de interés en Facebook, Instagram y TikTok.

Aquí te compartimos más sobre nuestro recorrido por este lugar.

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